Origen del dios de la abundancia, el Ekeko
La fe en la figura del Ekeko, dios de la abundancia, se ha mantenido durante siglos. Sus orígenes se remontan al mundo tiwanacota. Entonces, este personaje regalaba fertilidad a los indígenas. Una de las imágenes más antiguas que se conoce del Ekeko es, según los arqueólogos Arturo Posnansky y Ponce Sanjinés, una figura de barro de alrededor de 15 centímetros que representa a un hombrecito jorobado, hallada en las ruinas de Tiwanaku.
El 21 de junio, día del solsticio de invierno, además de adorar al sol, los tiwanacotas intercambiaban entre ellos hojas de coca, wayrurus, pequeñas piedras del lago y pequeñas figuras de animales y pedían al Ekeko que se encargue de multiplicarlos. El Ekeko era la fertilidad de la tierra, de los humanos y los animales. Los indígenas adornaban al pequeño ídolo con frutos de la cosecha y lanas de colores. La fiesta celebrada el 21 de junio en el marco de solsticio de invierno llevaba el nombre del Challasita, que en aymara significa “cambiame”; era un ritual que honraba el trueque, la reciprocidad aymara, y la fertilidad. Sin embargo, los indígenas se ocupaban de hacer ofrendas al Ekeko durante todo el año, ya que éste así como podía regalar fertilidad y abundancia, también podía enfurecerse, quitar todo lo que había entregado y enviar enfermedades y desgracias a aquellos que no le habían rendido culto debidamente.