Fotos: Tatiana Sanabria/Página Siete
El comedor del Hotel Urmiri, donde se ofrece un variado menú.
Se cuenta que un día lluvioso de abril, una joven pastorcilla encontró un lugar caliente y lleno de vapor entre las áridas montañas de su pueblo. Lo que jamás imaginó es que después de casi 80 años, aquel descubrimiento terminaría convirtiéndose en un oasis en medio del altiplano paceño.
Devoción por la Virgen de los Remedios
Una de las particularidades del Hotel Urmiri es la devoción por la Virgen de los Remedios, manifestada en los diferentes cuadros y esculturas que se puede encontrar en el lugar.
La primera de las piezas mide unos diez centímetros y se encuentra en la cascada adornada con flores frescas en su delante. La segunda, que es un mosaico, está en una especie de gruta por donde pasa el agua de la vertiente. Finalmente, la tercera pieza, que es de porcelana, está resguardada en una pequeña capilla, junto a otras imágenes de santos.
Esto llama la atención especialmente a turistas extranjeros, quienes lo consideran como “un sello único y destacable” en lugares como éstos.
Según explica el administrador del hotel, Ernesto Yampa, cada 22 de noviembre se arma una fiesta en conmemoración a la Virgen.
En esa fecha, la comunidad de Sapahaqui participa de una misa y una procesión con la escultura en sus manos. Posteriormente se invita a los concurrentes a un almuerzo especial, donde el plato fuerte suele ser fricasé.
Esta tradición se debe a la creencia personal de la familia Cáceres, quienes como propietarios del lugar optaron por manifestar y compartir su fe con sus propios clientes.