Recién salidas del horno, las llauchas permanecen infladas.
Son irreemplazables representantes del desayuno paceño. La sensación a queso caliente y derretido en la boca hace que el cuerpo entre en calor en las frías mañanas que ofrece La Paz, es un gustito aparte que, junto al api, forman una pareja que sabe a tradición.