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La Paz, Bolivia -
Desde la acera de enfrente - María Galindo
Anti-convocatoria al Siart
- 06/09/2011
Por segunda vez, la primera Silvio Mignano, y esta vez Cecilia Baya me invitan a poner alguna cosa en el Siart. No quise ni terminar de escuchar antes de decir un rotundo NO GRACIAS, no formo parte de ningún mercado del arte, no quiero y no tengo nada que hacer ahí.
Me parece un muy buen pretexto para formalizar públicamente mis discrepancias con el Siart y para escribir esta anti- convocatoria.
Los argumentos son los siguientes: el encierro asfixiante al interior de una clase media moralista, ignorante, arribista. Una clase media compuesta de familias y apellidos, unos pocos barrios y unos pocos nombres. Se declaran en realidad habitantes de una ciudad pequeña, empequeñecida por la propia vocación de excluir, empequeñecida al punto que lo que habitan es un pueblo de cuatro o cinco calles. El Siart es un elogio de ese encierro .
La mentira a los y las estudiantes de arte. En todas las carreras de arte del país la formación es mediocre, los y las estudiantes están destinadas a tragar las taras de los y las profesoras. Algunas enseñan entusiastas que el arte es la gratificación del poder y los poderosos. Otra porción de profesores son en realidad artistas fracasados que estallan sus frustraciones contra la creatividad de los y las estudiantes. Otros son simples cultores de la repetición y la técnica.
En las carrera de arte no se han enterado aún del invento de la fotografía o de cualquier técnica que trasciende el pincel, el caballete y, por supuesto, la naturaleza muerta, en la cual se les exige a los y las estudiantes forjar un espíritu retrograda y casi reaccionario respecto al tiempo, la imagen y los lenguajes.
Para completar la toxicidad de las carreras de arte hay que mencionar a la porción de maestros cultores del costumbrismo, el folklorismo y el nacionalismo.
En ese contexto surge el Siart como una oportunidad donde los y las estudiantes no pasan de ser paisaje de fondo. Un escenario para los cuatro copiones que por algún viajecito a Nueva York, Madrid, San Pablo o Buenos Aires traen a su pueblucho de cuatro calles como gran novedad revolucionaria, lo que es una copia mal hecha. Es así que el Siart sirve en realidad para el maltrato al estudiante de arte que jamás accedió a ver la historia del arte en una perspectiva que no fuera clásica occidentalizante, masculinista y tradicional. Lo y la invitan para descalificarlo y descalificarla, lo y la convocan en realidad para que unos cuantos exhiban su ego y su poder de clase ante un auditorio de estudiantes confundidos.
El Siart se presenta como un escenario de arte contemporáneo que rompe con los formatos tradicionales y que rompe con los escenarios tradicionales dándose en la calle y sobre la base de cualquier soporte. Nada de lo que se hace en la calle logra conmover ni a las palomas ni a los perros callejeros, ni menos aun a la gente en esta sociedad profundamente callejera. Es decir que se usa el soporte contemporáneo y el espacio público para ratificar el conservadurismo de clase. Por eso se suceden año tras año estos salones sin dejar huella en la memoria ni en la piel de la ciudad.
El componente internacional es una suerte de ratificación de esa especie de subordinación a lo que se hace en Argentina, Chile, Italia o cualquier otro escenario. Se llama salón internacional no porque a alguien le interese traer su trabajo a Bolivia sino porque a los curadores bolivianos les interesa buscar alguna pequeña oportunidad de sacar ese arte contemporáneo boliviano copión reiterativo y poco creativo a algún escenario internacional.
Es así que vienen invitando todos los años a cualquiera que les acepte venir. El grueso del dinero sirve para gastar en esos invitados y en las obras que se traen desde fuera por la vía de la mendicidad, ya conocida por todos nosotros, en las embajadas europeas. Embajadas que se concentran en promover sus expresiones artísticas.
Encima resulta que para este año el invitado es un piñerista. En un escenario donde toda la escena cultural chilena encabezada por el amado Pedro Lemebel, todos y todas se opusieron a Piñera, resulta que salió este ilustrado a apoyarlo; ese es el señor que vendrá como curador invitado. Díganme que eso no tiene nada que ver con el arte, seguramente a ciertos ojos no tiene nada que ver, para mí todo tiene todo que ver. La revuelta estudiantil chilena es lo más artístico, creativo y oxigenante que le ha sucedido a Chile desde la muerte de Allende, como para hacer en Bolivia reverencias a un piñerista , en nombre del arribismo en el arte. NO GRACIAS!!!
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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Jorge Carlos
Escrito el 07/09/2011
a las 13:40
Sin duda, el corazón de esta persona está amargado...
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