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La Paz, Bolivia -
Justo Pastor Mellado y Jorge Luna Ortuño
La Bienal SIART como dispositivo de contra-opinión
- 16/09/2011
Una Bienal Internacional de Arte se debe a la ciudad que la sostiene, pero es necesario apuntar que no requiere del consenso general de la escena artística local para que su propuesta sea válida. De hecho, puede funcionar como un dispositivo de contra-opinión para aquellos que sepan usarlo. La bienal de este año está concebida de ese modo.
Es importante recalcar que la Bienal SIART no es un salón de objetos colgados, sino un espacio de producción institucional más complejo, que instala una hipótesis de trabajo en el escenario artístico y cultural de La Paz. De este modo se propone establecer nuevas condiciones de visibilidad para los artistas, y simultáneamente compensar las tremendas insuficiencias de la enseñanza superior de arte en el medio. No es labor de la bienal calificar dichas insuficiencias, sino realizar una lectura de las posibilidades de aceleración de la transmisión informativa.
De este modo, la bienal puede realizar acciones que, formalmente, le están impedidas ejecutar tanto a aparatos de enseñanza como a espacios museales. Un museo, por sí mismo, ya posee su propio rango de problemas. Una bienal no resuelve las fallas de la musealidad local, pero puede contribuir a sostener iniciativas de colaboración suplementaria en un espacio que sólo ella puede intervenir, incluso en términos administrativos. Por esa razón una bienal es una intervención en una temporalidad precisa, mientras que la musealidad juega su lugar en una temporalidad larga. Esta intervención se realiza mediante los cinco laboratorios, la principal innovación de esta versión, y los siete talleres, que son espacios de formación acelerada no académicos.
La propuesta curatorial ha denominado a esta versión una “bienal fuera-de-circuito”, por estar enfocada en el fortalecimiento de la escena local. Se lo ha mencionado en numerosas ocasiones: no se puede lograr ambos objetivos al mismo tiempo. Es preciso jerarquizar las acciones, teniendo en cuenta que el fortalecimiento de la escena interna debe considerar como resultado mayores condiciones de reconocimiento externo. Éste es un punto central, pues deshace de entrada una falsa expectativa que se perpetraba con cada nueva versión del evento en el imaginario colectivo de los artistas bolivianos. Más bien, todo apunta a que esta bienal sea un polo de atracción internacional, pero formulado desde la singularidad de la producción boliviana. Conviene aquí recordar las sabias palabras del escritor chaqueño Jesús Urzagasti en un ensayo sobre literatura publicado en 2006:
“A mí me parece risible que el boliviano sea el único tipo que quiere ser universal. A la universalidad se llega por otros caminos, casi sin saberlo. La fidelidad a la tierra natal es uno de esos caminos. (') Hablo de la correspondencia que debe haber entre la experiencia y el universo verbal que la asimila primero y la transforma después”.
Esta apreciación se aplica perfectamente para la escena de arte contemporáneo y sus compromisos con los efectos estéticos de múltiples prácticas sociales. En consonancia con esta idea, José Bedoya, co-curador de la bienal, señala la importancia del acto de leer “la complejidad boliviana” como una singularidad que exige ser abordada con un rigor nuevo, y cuyos estratos fuerzan a profundizar nuestros instrumentos de percepción.
Contra la modernidad En su fase de puesta a punto, a menos de un mes de su inauguración el 12 de octubre, la bienal se alimenta de las voces contrarias y fomenta el debate dentro de un marco de análisis productivo. Todo esto en relación con las expectativas que se han formulado los diversos agentes del sistema de arte local. En el triángulo museo-enseñanza-bienal, esta última debe ocupar un rol dinámico.
Dos apuntes finales: La presente propuesta curatorial es una “crítica reformista” contra el modelo de la exhibición como forma hegemónica de la visibilidad de las obras. Parte del reconocimiento de que el arte contemporáneo es un arte de procesos que demanda otras formas de visibilidad.
Se revaloriza el proceso y la experimentación como criterio principal.
Ésta es, un poco más en detalle, la audacia razonable de esta bienal, que consiste en combinar lo ya acumulado con formas nuevas de intervención del espacio social.
Justo Pastor Mellado y Jorge Luna Ortuño son críticos.
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