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La Paz, Bolivia -
Como en el cine
- 27/01/2012
Óscar García
Y el pollo estaba crudo, se veía venir. Desde que se asomó del envase plástico ya parecía con un color más intenso que un inocente rosado de bautizo femenino.
El pollo estaba crudo y no fue posible reclamo alguno. El hombre de la pollería tenía cara de pocas pulgas y eso no era todo, para el colmo era esposo de una alta funcionaria del “ministerio de producción y alas afines”.
No hubo caso. Tuvo que mascar el pollo crudo en frente del pollero que miraba con ambas manos puestas en su amplia cadera sin fronteras, esperando que el pobre parroquiano termine el pollo por más crudo que estuviere. Se sabe de uno que se negó a comer, ahora tiene proceso por no estar con el proceso. Una complicación de los sentidos, de todos. Desde el común hasta el de la vista.
Estuvo en el lugar equivocado a la mala hora. Estuvo frente al pollo errado y de pronto le pasaron por la mente tantas cosas. Su pasado, como debe ser, frente a sus ojos. Apareció su frondosa abuelita con todos sus buenos deseos y con todos sus mimos. Con unas cuantas barras de humilde pero dulce chocolate.
Pasó de pronto la amada tía con helados y con chistes, con palabras buenas sobre la buena vida, la tía sufriendo en silencio el frío y la autoimpuesta soledad, la tía subiendo todos los días la misma subida hecha cada vez más larga con el paso de los años.
Y como saliendo de la niebla se presentó su primer golpe doloroso en la rodilla, que iría luego a convertirse en el signo de su propio descubrimiento.
Sólo a partir de ese golpe se sintió persona sola ante el mundo aunque rodeada. Solo ante el mundo aunque atiborrado de recuerdos y de cosas inútiles y de amores bordados en sus cejas.
El golpe en la rodilla le trajo recuerdos pero no dolor, le trajo rápidas bicicletas sacando polvo al planeta para nada más que darse el gusto de ir rápido a ningún lado y volver a la misma velocidad a recoger la encomienda que se olvidó con el apuro.
El dolor de la rodilla no fue ahora dolor, fue más brillo, más fugacidad.
Y luego, pasado el golpe, se le apareció Laura. Ni siquiera entera. Se apareció el lunar de Laura y se comenzó a mover como luz de láser en un concierto aburrido de músicas aburridas con aburridas letras, un martes por la noche a seis grados centígrados sobre el nivel del mal.
El lunar de Laura saltando a lo largo y ancho de su memoria jugando con sus terminaciones nerviosas, provocando pequeños derrumbes en su multiplicado corazón. El lunar de Laura que pronto se convirtió en aguacero y luego en marcha y más tarde en paisaje infinito desde la ventana de una flota camino al Desaguadero.
Así los recuerdos, así la memoria chispeando en los minutos pasados de su vida normal de ciudadano lastimado y optimista.
Se acordó de su primer trabajo, de su primer sueldo, de los amigos patinando como en un ballet contemporáneo en una pista de baile al compás de una sicureada, salpicando cervezas hasta la otra esquina. Se acordó de su primer acto de corrupción, pidiendo al policía que lo deje circular aunque en estado inconveniente, a cambio de una papaya y una palmada.
Se acordó de la canción que encendió su juventud y de Rocky II con su moco en cámara lenta, viajando al centro del camarógrafo. Y se rió como no lo hacía hace años. Se acordó de reír y eso lo puso un poco más feliz que ayer.
Con semejante impulso sacó de los rincones oscuros de su memoria los malos recuerdos y se dispuso a estrujarlos. Apareció entre ellos el abusador del primero medio y la engañera de su mediana edad, los anuncios de sus mandatarios mintiendo como siempre, la sopa salada, su computadora robada y, por si fuera poco, el foco que cambiaba con más frecuencia que los golpes de Estado de antaño. Y fue feliz igual.
Al final dejó el pollo sin terminar, nadie, decía, nadie es quién para obligarme a tragar lo intragable. Soy feliz, seré un hombre feliz. Y así cargando su hambre en la tripa emprendió la retirada sin rendirse.
Óscar García es músico.
“Se sabe de uno que se negó a comer, ahora tiene proceso por no estar con el proceso. Una complicación de los sentidos, de todos. Desde el común hasta el de la vista”.
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