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La Paz, Bolivia -
Economía de papel Alberto Bonadona Cossío
Restringida racionalidad económica
- 27/01/2012
Considerar que se encuentra en el centro del universo lo que a un grupo humano le rodea y que, a partir de esa visión o concepción, se explica el universo se denomina etnocentrismo. Si como muchos economistas algo similar se hace solamente que a partir de los conocimientos que la economía les da tal vez podría denominarse “cognocentrismo”.
En el centro del conocimiento económico se encuentra la llamada racionalidad económica. Una forma simple de razonar que facilita escoger entre una cosa y otra o, como dicen los economistas, entre una canasta de bienes y otra. Muy útil cuando se trata del accionar humano individual en el mercado pero que no lleva necesariamente a las mejores respuestas económicas cuando de la sociedad se trata.
Escoger el propio interés de acumular capital, por ejemplo, puede llevar a un ser humano a esclavizar a otros incluso dentro de relaciones capitalistas como las de hoy en día. Es cuestión de dejar al individuo libre de toda restricción tal como exige el libre mercado.
Está bien que un individuo gane más que otro pero si lo hace a costa de la libertad de otro ya no me parece bueno. Si, como en la sociedad boliviana o cualquier otra latinoamericana, preservar lo que escogió un grupo por la posición que en un momento ocupa (conquistador, hacendado o gobernante de turno) significa mantener la condición de extrema pobreza de otros grupos, tal decisión será “racional” para el grupo poderoso pero no lo es para el grupo sometido. ¿Cómo explicar, entonces, que este segundo grupo pudo ser económicamente irracional?
Es tarea fácil pensar que la única racionalidad que rige el mundo es la económica y más fácil todavía pensar que es la que debe guiar al mundo entero. Un mundo simplista y superficial emerge de la aplicación de la “racionalidad económica” a todo lo que rodea a la especie humana. Incluso, llegado el momento, perfectamente induce a pensar que no son necesarias las otras ciencias o que el que renace cientista político fue un mal economista en su vida anterior, tal como hace Alejandro Mercado en su columna de La Razón. Y claro, su “cognocentrismo” lo lleva a creer que no ser economista es una desgracia.
Las sociedades requieren una concepción más amplia que la racionalidad económica puede brindar para entender los estados de escasez a los que están sometidos millones de habitantes de este mundo que no escogieron ese estado. Se encuentran allí porque se les negaron oportunidades que la preservación de los privilegios de los que controlan la vida política y económica se las negaron. Que existe quien escoge la pobreza como forma de redención, por supuesto, pero no son los millones de miserables que viven en el mundo. Privados de educación, salud y nutrición por generaciones no podrán salir de los círculos viciosos que la pobreza engendra. Son situaciones condicionadas por acontecimientos históricos que la sociedad tiende a preservar, particularmente, cuando se privilegia la concepción de la racionalidad económica como única.
Alberto Bonadona Cossío
es economista.
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