La gente hace una pausa en sus actividades para descansar.
Bajamos del aeropuerto hacia Sopocachi. La calle dibuja en mi mente la idea de una onda que se funde entre las casas. El amigo que me recoge me explica que este camino es mucho más rápido que tomar la autopista. ¡Qué vista tan estupenda! Es como si esta ciudad no tuviese fin. El valle parece lleno de casas y edificios altos y por todos lados hay casas rojas que continúan subiendo los cerros.