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Vladimir Putin se convierte en ídolo de la ultraderecha europea

Rusia y su líder parecen representar la resurrección de la Unión Soviética: una nueva versión de contrapeso a la OTAN y a las potencias occidentales. Este año, Putin se ha ido convirtiendo por ello en un símbolo para los partidos anti sistema en Europa. ¿Quiénes lo respaldan?

Vladimir Putin se convierte en     ídolo de la ultraderecha europea

Marine Le Pen del Frente Nacional

Marcel H. van Herpen, director de la Fundación Cicero / Radicales

Hay en Europa occidental un fenómeno sorprendente y cada vez más visible: partidos de extrema derecha que abandonan sus ideologías tradicionales anticomunistas y antirrusas, y que en muchos casos expresan admiración (e incluso apoyo explícito) hacia el régimen del presidente ruso, Vladímir Putin.
Es verdad que también buscaron una alianza con Putin diversos líderes europeos (actuales y pasados). Por ejemplo, inmediatamente después de dejar el puesto de canciller alemán, Gerhard Schröder se integró en la junta del proyecto de gasoducto Nord Stream (que garantizaba a Alemania acceso directo al suministro ruso a través del mar Báltico). Asimismo, The Economist describió al expresidente checo Václav Klaus (prominente euroescéptico) como uno de los "admiradores extranjeros más entusiastas” de Putin. Pero oportunismo no es lo mismo que afinidad ideológica.
En cambio, el Partido Nacional Demócrata de Alemania (de extrema derecha) manifestó su nostalgia de las virtudes de los alemanes del este y proclamó que la difunta República Democrática Alemana era "una Alemania mejor” que la República Federal. En el 2011, el PND se fusionó oficialmente con otro partido de extrema derecha, la Unión del Pueblo Alemán, vinculado por mucho tiempo al Partido Democrático Liberal de Rusia (PDLR) y a su fundador y líder, el ultranacionalista Vladímir Zhirinovski.
A pesar de haber sido siempre un miembro destacado de la oposición a Putin, también Zhirinovski mostró tendencias autoritarias similares; por ejemplo, cuando prometió que en caso de resultar elegido presidente instituiría un Estado policial. Y sus lazos con el comunismo son claros. Además de que la fundación del PDLR fue un proyecto conjunto entre el Partido Comunista de la Unión Soviética y la KGB, Zhirinovski también se expresó a favor de devolver a Alemania los territorios orientales que perdió en la Segunda Guerra Mundial (y que incluyen gran parte de Polonia y la región del Báltico).
En Francia, el cambio de alianzas de la extrema derecha es incluso más notorio, como lo demuestra su incipiente acercamiento a la nueva Rusia. En una entrevista que dio en el 2011, la jefa del Frente Nacional, Marine Le Pen, expresó admiración por Putin y anunció que si ganaba la elección presidencial del 2012, Francia abandonaría la OTAN y buscaría una alianza trilateral con Alemania y Rusia.
Además, Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de Le Pen y una de los dos diputados que tiene el partido en la Asamblea Nacional, es un miembro destacado del grupo Francia Europa Rusia, patrocinado por el Frente Nacional y defensor de un mundo multipolar (o, más exactamente, menos estadounidense). Se dice que en diciembre pasado Maréchal-Le Pen visitó a Alexéi Pushkov, presidente de la comisión de Asuntos Internacionales de la Duma y notorio ultraputinista.

¿Una forma moderna de fascismo?

 

Este giro hacia Rusia puede parecer inexplicable, ya que las raíces ideológicas del putinismo no están claras. Después de todo, no se caracteriza tanto por lo que defiende como por lo que ataca: Occidente y la democracia al estilo occidental, el liberalismo, el comunismo y el individualismo.
De hecho, la atracción que sienten los partidos de extrema derecha de Europa occidental por la agenda negativa de Putin se entiende mejor en relación con otra antiideología autoritaria: el fascismo de Benito Mussolini. Según un ensayo de 1932 titulado La Doctrina del Fascismo, escrito por Mussolini junto con el filósofo Giovanni Gentile, el fascismo se opone a la democracia, al socialismo, al liberalismo y al individualismo (además del bolchevismo, el parlamentarismo, la masonería, el pacifismo y el igualitarismo).
Pero aunque el putinismo y el fascismo italiano compartan esta característica poco común (oponerse al mismo tiempo a la ideología comunista y a la democrática), hay una distinción importante en lo que atañe al segundo aspecto. Mussolini declaró formalmente el carácter antidemocrático del fascismo, pero Putin no rechaza abiertamente la democracia, ni defiende explícitamente la idea de un Estado de partido único. En cambio, asegura haber instituido una democracia controlada o soberana, un sistema que al impedir la alternancia en el poder, instituye el monopartidismo en los hechos, aunque no lo haga en principio.
En este sentido, el putinismo puede servir como modelo para los partidos de extrema derecha, que en la Europa de después de la Segunda Guerra Mundial no pueden defender abiertamente un régimen autoritario o un sistema de partido único. De hecho, el putinismo está ofreciendo una demostración de cómo manipular al servicio de objetivos autoritarios las reglas de la democracia parlamentaria (a las que desde el final de la Segunda Guerra Mundial todos los partidos políticos de Europa se han debido ceñir).
La imagen pública de Putin, la de un aventurero fuerte y viril, fotografiado pescando y cazando sin camisa, refuerza su atractivo como líder poderoso y carismático. (Así como a Mussolini lo filmaban cosechando maíz con el torso desnudo). Y hay un claro paralelismo entre la estrecha relación de Putin con la Iglesia ortodoxa rusa, conservadora y ultranacionalista, y la conexión del Frente Nacional con círculos católicos integristas.

Jóvenes
Además, la extrema derecha de Europa occidental puede tomar como ejemplo el manejo que hace Putin de su organización juvenil, el movimiento Nashi. A diferencia de la Komsomol de la Unión Soviética (que para cuando la URSS se derrumbó ya casi no servía como herramienta ideológica del Partido Comunista), el Nashi está acusado de hostigamiento de diplomáticos y opositores del régimen, lo que lo acerca más a las Juventudes Hitlerianas o, incluso, a los camisas negras de Mussolini. Y aunque el Nashi parezca más que nada una colección de vándalos inadaptados, lo cierto es que como complemento de su adoctrinamiento ideológico ultranacionalista, sus miembros reciben entrenamiento paramilitar.
El putinismo ofrece un modelo ingenioso y eficaz de un régimen autoritario de derecha capaz de funcionar dentro de las restricciones sociopolíticas de la Europa moderna, y la extrema derecha de Europa occidental parece ansiosa por imitarlo. (Marcel H. van Herpen)

Los enclaves putinistas en Europa

Antonio De La Cruz  / Director ejecutivo de Interamerican Trends

Los resultados de las elecciones del Parlamento Europeo el pasado mes de mayo muestran un crecimiento de las tendencias más euroescépticas, ultraderechistas y antiinmigración de todos los tiempos. Los partidos políticos con una propuesta radical nacionalista, populista, xenófoba, y antieuropea consiguieron captar la mayoría  de los votos en el Reino Unido (26,77%), Dinamarca (26,6%), Grecia (26,6%) y Francia (24,95%).
La ultraderecha europea (UKIP, O, (DF), FN, FPÖ, Jobbik, PVV, PS, XA, LN y NPD) logró duplicar su representación con respecto al 2009, de 37 paso a tener 74 diputados. Los partidos radicales de izquierda capturaron la mayoría de los votos en Grecia (Syriza) y el cuarto lugar en España (Podemos).
La Unión Europea (UE), un espacio político-económico-social donde cohabitan 28 naciones -12 pertenecieron al bloque comunista de Europa-, cede terreno ante ideologías que llevaron a Occidente a la última guerra global hace 70 años.
La crisis financiera del 2008 ha causado efectos negativos en el bienestar social europeo. Y ante la crisis, la ultraderecha europea ha propuesto:
la lucha contra la inmigración: Marine Le Pen en Francia;
la antiinmigración y la salida del bloque de la UE: Nigel Farage en el Reino Unido;
la reducción de la inmigración y la salida de la UE: Pia Kjærsgaard en Dinamarca;
la firma en un registro especial por parte de los habitantes judíos: Márton Gyöngyösi en Hungría;
la oposición feroz a la inmigración musulmana: Heinz-Christian Strache en Austria; y
el antieuropeísmo y la xenofobia por el partido neonazi alemán, entre otros.
Mientras tanto Vladimir Putin descubre que Rusia no es un país común, sino una "civilización-estado” única, constituida por los rusos étnicos que son su "núcleo cultural”. Señala que la condición única existe porque no es como el mundo moderno de Occidente que coexiste con la corrupción e inmoralidad de Europa y EEUU.
Quizás por ello el régimen de Putin está cada vez más cerca de los partidos de extrema derecha de Europa. Un ejemplo es Marine Le Pen, la líder del Frente Nacional (FN) de Francia, quien visitó Moscú en junio de 2013 por invitación de Sergei Narishkin -un estrecho colaborador de Putin-. Le Pen también se reunió con el viceprimer ministro Dmitry Rogozin en el que trataron temas de interés común: Siria, la ampliación de la UE y el matrimonio gay. La televisión pro-rusa francesa, que es financiada por el Kremlin, cuenta con editores informativos vinculados al FN. Usan el canal de TV para exponer opiniones alineadas con la perspectiva del FN sobre el acontecer nacional e internacional. El FN propondría, de llegar al poder, reemplazar la UE y la OTAN con una asociación paneuropea de naciones independientes, que incluiría a Rusia y sería conducida por una alianza París-Berlín-Moscú. El portavoz de Le Pen, Ludovic De Danne, recientemente reconoció los resultados del referéndum de Crimea y declaró en una entrevista en la radio La Voz de Rusia, que "históricamente, Crimea es parte de la madre Rusia”. En la misma entrevista, mencionó que había visitado Crimea varias veces el año pasado. Lo mismo piensa Marine Le Pen, quien visitó Crimea en junio del 2013.
Otra muestra es el partido fascista griego Amanecer Dorado (XA) -obtuvo 18 escaños en el parlamento de Grecia (2012) y recientemente tres eurodiputados- que nunca ha ocultado sus estrechas relaciones con la extrema derecha de Rusia. Así como es conocido que recibe fondos de Moscú. Además, XA mantiene una relación con el profesor de la Universidad Estatal de Moscú y ex asesor del Kremlin Alexander Dugin, uno de los autores de la doctrina "Eurasia” de Putin. En una carta dirigida al líder de XA cuando estaba en prisión, Nikos Michaloliakos, Duguin expresó su apoyo a las posiciones geopolíticas de XA, y le pidió abrir una línea de comunicación entre XA y su grupo de asesores en Moscú. En el sitio web de XA, Michaloliakos se "ha pronunciado a favor de una alianza y cooperación con Rusia, para mantener lejos las fuerzas navales de la OTAN”.
En Hungría, Putin ha tomado el partido Jobbik bajo su protección. Los seguidores de Jobbik usan uniformes tipo nazi, declaman la retórica antisemita, y expresan su preocupación por la "colonización” israelí de Hungría. Jobbik ha tomado ventaja del amplio apoyo hacia las políticas económicas nacionalistas, que son percibidas como un antídoto para las impopulares políticas de austeridad y liberalización de la economía en los últimos años. Putin está empeñado en aprovechar ese sentimiento nacionalista. En mayo de 2013, la derecha nacionalista rusa invitó al presidente del partido Jobbik, Gabor Vona, a dar una conferencia en la Universidad Estatal de Moscú y a tener reuniones en la Duma. Jobbik ha criticado reiteradamente al Gobierno húngaro por las "conexiones Euro-Atlánticas” y a la UE. Y, más recientemente, catalogó el referéndum en Crimea como "ejemplar”, una palabra riesgosa en un país con grandes poblaciones étnicas en Rumanía y Eslovaquia. Jobbik encuentra las nuevas políticas étnicas de Putin alineadas con su nacionalismo revisionista.
Por último, un cable de Wikileaks muestra que la extrema derecha del partido Ataka de Bulgaria tiene estrechos vínculos con la embajada rusa. Radio Bulgaria informó el 17 de marzo que la fracción parlamentaria de Ataka ha insistido en que "Bulgaria debe reconocer los resultados del referéndum de Crimea, de unirse a la Federación Rusa”. Mientras tanto, el líder del partido Volen Siderov ha pedido en repetidas ocasiones al Gobierno búlgaro vetar las sanciones económicas impuesta por la UE a Rusia.
Para validar el referéndum de Crimea los partidos Jobbik, FN, y Ataka enviaron observadores electorales, al igual que el partido de la Libertad de Austria, Vlaams Belang de Bélgica, los italianos Fuerza Italia y la Liga Norte, y la Autodefensa de Polonia. Lo mismo hizo un par de partidos de extrema izquierda, entre los que estaba el partido Nacional Democrático de Alemania. La participación de estos partidos fue organizada por el Observatorio de Eurasia para la Democracia y las Elecciones (OEDE) con sede en Rusia. Una ONG de extrema derecha "opuesta a la democracia liberal de Occidente”.
La doctrina Eurasia de Putin debe ser considerada como una amenaza para la doctrina de política exterior de Obama el martillo y el clavo, "el hecho de que tenemos el mejor martillo no significa que cada problema es un clavo”. Desechar este "clavo” podría conducir a un caos político en Europa y a la decadencia en Occidente.

Este giro hacia Rusia puede parecer inexplicable. Después de todo, el putinismo no se caracteriza tanto por lo que defiende como por lo que ataca: Occidente y la democracia al estilo occidental

La fuerza política europea más próxima a Putin es el Frente Nacional de Francia. Su líder, Marine Le Pen, ha defendido personalmente las acciones imperiales de Rusia y ha prometido abandonar la OTAN

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