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A propósito de la crisis ambiental y la lucha contra la pobreza

¿Hacia dónde vas Latinoamérica?

A partir de los años 80 empezó a surgir en la región un pensamiento ambiental diferente para observar la relación ser humano - naturaleza basada en herencia indígena y popular.

¿Hacia dónde vas Latinoamérica?

Ecologistas de Greenpeace se movilizan en Santiago de Chile en favor del Ártico.

Moira Zuazo

Moira Zuazo es doctora en Ciencias Sociales, docente de la UMSA y dirige  el programa "Alternativas al desarrollo” de la Fundación Friedrich Ebert.

La Paz/Mapamundi

A principio del siglo XXI es relativamente claro para todos que el mundo atraviesa un tiempo de cambio. Una de estas señales es la crisis ambiental que enfrenta hoy la tierra, pero no percibimos tan fácilmente  que el cambio climático condiciona un cambio de época y no sólo una época de cambio.
A partir de la década de los años 80, en América Latina, empezó a surgir un pensamiento ambiental que brinda un horizonte de visibilidad diferente para observar la relación ser humano - naturaleza. Este pensamiento es novedoso porque está anclado en la mirada amigable  de la propia herencia indígena y popular latinoamericana.
El legado propio son las ideas y espiritualidad indígena de data precolonial que persisten en los pueblos originarios, que se actualizan en la religiosidad y creencias populares republicanas, y explican la expansión y fortaleza del catolicismo como amerindio y se expresan en la estética del barroco mestizo.
Este pensamiento ambiental se alimentó también del debate de una izquierda abierta, del ámbito de la teología de la liberación, y encuentra un momento de expansión en la ventana de oportunidad que brindó la Conferencia de Río de 1992.  
En este marco general se inscribe la emergencia de movimientos ambientalistas en los diferentes países de América Latina, los que, con diferente intensidad y éxito, logran instalar, en los 90, el tema ambiental en la agenda pública de cada país.  
En Costa Rica y Brasil las nuevas ideas ambientales tomaron impulso tempranamente  y en los años 80 fueron la base para el nacimiento de un movimiento ambientalista. En Bolivia y en Ecuador el tema ambiental se instala con baja intensidad en el debate público en los 90; sin embargo, de ello a inicios del siglo XXI se convirtió rápidamente en uno de los ejes de construcción de acuerdos en los procesos constituyentes de ambos países y definió "lo nuevo” en estas constituciones.
Una de las razones por las que se logra inscribir el reconocimiento de la tierra como sujeto de derecho en el texto constitucional, tanto en Ecuador como en Bolivia, fue la confluencia del vacío de poder de la crisis de Estado y la presencia de la alianza indígena ambientalista, que en este contexto, logra cobijarse bajo el extenso paraguas del sujeto popular.
Con el reconocimiento de la Pachamama como sujeto de derecho,  se pone en cuestión el consenso implícito de la modernidad occidental de los siglos XIX y XX, la división entre ser humano, como "soberano” del planeta y la naturaleza, cosificada. Se instala en el centro del debate la cuestión de la relación entre dos sujetos con derechos.
"Naturaleza como sujeto de derechos en la Constitución” es una victoria que amenaza en convertirse en pírrica si no está acompañada por un "cambio de rumbo” en las ideas socialmente compartidas.

Latinoamérica en la búsqueda de equidad
¿Qué ha pasado en Latinoamérica? En parte, como producto de este tiempo de vacas gordas, pero también confluyendo con tendencias más viejas, los países latinoamericanos han experimentado profundos cambios positivos y negativos en los últimos años que tienen  como efecto el "adormecimiento, sino olvido del pensamiento del futuro”.
Por un lado, hubo una reducción de la pobreza y un  crecimiento importante de la clase media, ampliación del mercado y expansión del culto al consumo. Por el otro lado, este consumismo tardío nos permite observar la emergencia de las clásicas enfermedades de la decadencia: soledad, demencia, obesidad y la emergencia  en el centro de la escena, del consumidor, que en el peor de los casos sustituye o por lo menos adormece al ciudadano.
Sin embargo del crecimiento de la clase media, las desigualdades se han incrementado, por una parte al interior de cada país, pero también entre países. Hoy estamos socialmente  más desintegrados.
Respecto a las buenas intenciones de la Conferencia de Río de 1992 vemos que hoy tenemos un bajo nivel de protección del medio ambiente y una alta tasa de pérdida de la biodiversidad e incluso en ambas áreas registramos retrocesos notables en la última década.
La naturaleza y su biodiversidad es una de nuestras mayores riquezas que en casa no acabamos de entender, como la condición de subsistencia y resiliencia local de los pueblos indígenas y de las sociedades latinoamericanas.

Latinoamérica y el cambio climático
En el siglo XXI la naturaleza como condición de vida y de sobrevivencia del ser humano no es una evidencia para todos, pero es un factum para los damnificados climáticos en todo el mundo. Lo saben los isleños de las islas del Pacifico, que observan como desaparece su espacio de vida; lo saben los jóvenes africanos, que deciden migrar ante la ausencia de perspectiva de futuro en sus países y lo sabemos también los latinoamericanos: los centroamericanos en época de huracanes, cuando estos son cada vez más fuertes y lo sabemos los "inundados” en la Amazonia  brasileña, boliviana y peruana.

¿Quo vadis América latina?
Pareciera que como producto de la nueva fiebre de mercado, Latinoamérica ha archivado sus sueños. Aquel: "otro mundo es posible” que en Bolivia y Ecuador inscribían los derechos de la madre tierra como precepto constitucional, o que insuflaban un movimiento ambientalista fuerte, incluso al interior del Partido de los Trabajadores en Brasil; pareciera ser hoy parte de la historia de las ideas.
En general, un panorama de sombras, donde hay señales para la construcción de sociedades más justas para todos, que era y es parte del sueño latinoamericano, pero donde también hay señales del abandono del sueño ambiental latinoamericano, el problema es que no es lo uno, o  lo otro, sino ambas cosas.
Justicia social, sí, pero no a costa de quemar la casa de nuestros hijos. Aunque los gobernantes de turno nos quieran hacer pensar que ambas cosas no son posibles, como antes nos vendían el cuento de que el mercado era el único camino  posible para el "desarrollo”, hoy nos quieren vender el cuento de que el  extractivismo salvaje es el único camino de salida de la pobreza.
Extractivismo es mercado con todas sus letras, aunque algo más brutal porque compromete nuestro mayor activo, la naturaleza y su biodiversidad; que implica la renuncia a un futuro deseable para los latinoamericanos. ¿Quo vadis  América latina?

La China y las economías de la región
A principios del siglo XXI el despertar de la economía china desató una inusitada demanda de materias primas que determinó la emergencia de una elevación de los precios de los recursos naturales.
Bajo el acicate de los precios altos, en  Latinoamérica se desarrolló un proceso de reprimarización de la economía con distinta intensidad de acuerdo a la situación de cada país. Sin embargo, alcanza a moros y cristianos, desde Brasil, Perú y México hasta Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Acá quiero detenerme en la pregunta que nos permite nombrar al "elefante en la sala”: ¿El momento del giro a la izquierda en América Latina es el momento del retorno al culto al mercado en su forma más primitiva, el "extractivismo”? Creo que el espíritu del tiempo pequeño está bien reflejado en la frase confusa del presidente Rafael Correa en Ecuador "hacemos extractivismo para salir del extractivismo”. 

Los países latinoamericanos han experimentado profundos cambios positivos y negativos en los últimos años. Hubo  una reducción de la pobreza y un  crecimiento importante de la clase media, pero también se ampliaron las diferencias.

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