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El Gobierno busca poner en marcha un programa para producir energía nuclear

Bolivia nada contra la corriente al apostar por la energía nuclear

A nivel mundial, diversas potencias frenan la construcción de centrales nucleares y algunas renuncian al desarrollo de esta energía por sus dificultades financieras y de seguridad. El costo de producción de un kw de electricidad de fuente nuclear es más elevado que el de cualquier otra forma de energía.

Bolivia nada contra la corriente al apostar por la energía nuclear

Vista aérea de las instalaciones de la central nuclear Beaver Valley, ubicada en Estados Unidos.

Juan Eduardo Araos

Es periodista

 

 

 

La Paz / Aldea Global, Juan Eduardo Araos


El desarrollo de la energía nuclear y la instalación de centrales para obtenerla se ralentizan en el mundo y diversas potencias han anunciado el cese momentáneo o total de sus proyectos. Sin embargo, mientras eso ocurre en el contexto internacional, el Gobierno boliviano está decidido a instalar una planta en el departamento de La Paz.
El presidente Evo Morales informó anteriormente que el país desarrollará la energía nuclear con fines pacíficos y que se invertirán hasta 2025 unos 2.000 millones de dólares.
"El país que tiene el control energético es el país liberado, es el país independiente. La mejor forma de liberarnos también es teniendo una energía nuclear con fines pacíficos”, dijo el Presidente en noviembre de 2014.
Según ABI, para este año, se tienen presupuestados 12 millones de bolivianos para crear una entidad regulatoria y otra operativa. El tema estará a cargo de la Agencia Boliviana  de Energía Nuclear, mientras versiones de prensa dan cuenta de que el reactor de energía nuclear que luego generará energía eléctrica estaría instalado en el altiplano.
Los posibles socios del plan pueden ser Rusia, Argentina o Francia.
Aldea Global buscó a la viceministra de Electricidad y Energías Alternativas, Hortensia Jiménez, para hablar del tema y conocer detalles del mismo, pero su departamento de comunicación informó que ella se pronunciará en otra oportunidad, cuando el proyecto esté más desarrollado.

Energía en retroceso
En caso de concretarse el anuncio, Bolivia pasaría a estar en la lista de los países que tienen reactores nucleares en el mundo, 35 en total. Argentina (tres plantas), Brasil (dos) y México (dos) son los países latinoamericanos que integran la lista.
En las dos últimas décadas se ha registrado una ralentización en la industria nuclear con fines energéticos. Con excepción de China, los países han demorado sus programas en este sentido, reveló, en julio, el informe mundial 2015 sobre la Situación de la Industria Nuclear (World Nuclear Industry Status Report 2015, en inglés), un estudio independiente anual que se realiza desde 1992.
Las construcciones también se han frenado. Alemania anunció que hasta 2022 eliminará totalmente sus reactores, y Suiza, Bélgica y Suecia no renovarán los actuales, lo que quiere decir que una vez que uno de ellos quede en desuso, no se reactivarán. En el Reino Unido se aplica desde hace unas décadas una reducción paulatina de esta energía.
Francia, que es el paladín de la energía nuclear, y que tiene un 75% de su electricidad producida en reactores, ha dado un giro radical en su enfoque. El gobierno de François Hollande quiere reducir en los próximos años en un tercio su energía nuclear, por lo que planea forzar el cierre de hasta 20 de los 58 reactores que tiene su país y reemplazarlos por fuentes de energía eólica y solar.
Además, Italia, Egipto, Kuwait y Tailandia dejaron sin efecto las intenciones de reactivar sus planes nucleares, informa Greenpeace. Y la lista de naciones que abandona esta energía, aumenta. China es el único país que ha anunciado la construcción de nuevas plantas.

Inviabilidad económica
Las razones son simples: la energía nuclear no es viable económicamente. Si bien los costos de producción de electricidad como tal pueden ser competitivos, los del manejo de los desechos son elevadísimos, además de indefinidos en el tiempo. Si se suman ambos, los proyectos nucleares no son competitivos y el costo de producción de cada kilowatio es mayor al que se puede producir con otras fuentes.
En los años 60 y 70, los países no consideraban el costo real de la manipulación de los desechos, lo que alentó la construcción de reactores. Pero ahora, calculado ese precio, los proyectos son inviables, mientras energías alternativas, como las eólicas o solares, han incorporado sistemas más eficientes.
En las últimas dos décadas y media, dijo el diputado socialdemócrata alemán Klaus Barthel a Aldea Global a principios de este año, ningún país occidental ha construido nuevas plantas, excepto una en Francia y una en Finlandia. Pero, las dos no han podido ser inauguradas a tiempo debido a serios problemas de construcción, seguridad y otros (ver recuadro).
Los dos proyectos están semiparalizados, han sobrepasado sus plazos abundantemente y triplicado sus presupuestos iniciales, a unos 10.000 millones de dólares cada uno.
Activistas y expertos de todo el mundo coincidieron también en que el panorama nuclear retrocede y así lo hicieron conocer al presidente Morales en una carta enviada el año pasado en la cual le piden no nadar contra la corriente y no instalar una planta en el país.

El giro de timón definitivo en la industria ocurre después del desastre de la central japonesa de Fukushima (el 11 de marzo de 2011), que dejó totalmente en entredicho la seguridad en este tipo de instalaciones.

Los fracasos de Finlandia y Francia
Las dos únicas plantas nucleares que se construyen en el mundo (excepto en China) están en Finlandia y Francia. En los dos casos se han convertido en desastres financieros, de ingeniería y de seguridad.

Finlandia
El año 2000 se puso en marcha el proyecto nuclear Olkiluoto-3, en Finlandia, e iba a ser la primera central nuclear que se construiría en un país occidental en los últimos 25 años. Las empresas encargadas aseguraron que el reactor se iba a construir en un tiempo récord y que el costo era de unos 3.000 millones de euros (3.400 millones de dólares a precios actuales).
Se esperaba tener la planta en operación en 2009. El consorcio está conformado por la compañía estatal francesa Areva, la alemana Siemens y la eléctrica finlandesa TVO.
Pero ahora los encargados del proyecto dicen que el costo será casi del triple presupuestado y, tras sucesivos retrasos, se cree que la planta estará operativa en 2018, a un costo de 8.500 millones de euros (9.500 millones de dólares) en total. El Gobierno de Finlandia ha resuelto, ante el fracaso de Olkiluoto-3, anular la posibilidad de construir la Olkiluoto-4.

Francia
En Francia se construye la planta Flamanville 3, que empezó en diciembre de 2007, por parte de Areva, la misma que construye la fracasada planta de Finlandia, y EDF. El primer presupuesto establecía que iba a costar 3.300 millones de dólares y que la obra estaría finalizada en 2012. Pero en diciembre de ese año se informó que se retrasaba la inauguración de la planta hasta 2016, a un costo tres veces mayor, de 8.500 millones de euros (9.500 millones de dólares).
Las cosas empeoraron, y EDF ha anunciado ahora que los reactores estarán listos en 2017, a un costo aún mayor, pero no divulgado. Las autoridades francesas han detectado problemas de seguridad en la planta, que no han sido todavía resueltos y que podrían posponer aún más la inauguración de la misma.

"Plantearse, como lo ha hecho el Gobierno, de entrada que vamos a hacer una central nuclear en el altiplano es absurdo (…). No tiene ni pies ni cabeza hablar de reactores”, dice el físico Francesco Zaratti.

Los fracasos de Finlandia y Francia
Las dos únicas plantas nucleares que se construyen en el mundo (excepto en China) están en Finlandia y Francia. En los dos casos se han convertido en desastres financieros, de ingeniería y de seguridad.

Finlandia
El año 2000 se puso en marcha el proyecto nuclear Olkiluoto-3, en Finlandia, e iba a ser la primera central nuclear que se construiría en un país occidental en los últimos 25 años. Las empresas encargadas aseguraron que el reactor se iba a construir en un tiempo récord y que el costo era de unos 3.000 millones de euros (3.400 millones de dólares a precios actuales).
Se esperaba tener la planta en operación en 2009. El consorcio está conformado por la compañía estatal francesa Areva, la alemana Siemens y la eléctrica finlandesa TVO.
Pero ahora los encargados del proyecto dicen que el costo será casi del triple presupuestado y, tras sucesivos retrasos, se cree que la planta estará operativa en 2018, a un costo de 8.500 millones de euros (9.500 millones de dólares) en total. El Gobierno de Finlandia ha resuelto, ante el fracaso de Olkiluoto-3, anular la posibilidad de construir la Olkiluoto-4.

Francia
En Francia se construye la planta Flamanville 3, que empezó en diciembre de 2007, por parte de Areva, la misma que construye la fracasada planta de Finlandia, y EDF. El primer presupuesto establecía que iba a costar 3.300 millones de dólares y que la obra estaría finalizada en 2012. Pero en diciembre de ese año se informó que se retrasaba la inauguración de la planta hasta 2016, a un costo tres veces mayor, de 8.500 millones de euros (9.500 millones de dólares).
Las cosas empeoraron, y EDF ha anunciado ahora que los reactores estarán listos en 2017, a un costo aún mayor, pero no divulgado. Las autoridades francesas han detectado problemas de seguridad en la planta, que no han sido todavía resueltos y que podrían posponer aún m

Un camino largo antes de pensar en una plantaás la inauguración de la misma.

Aldea Global

Si en todos los países del mundo, con excepción de China, están abandonando la energía nuclear debido a que sus costos de producción son mayores a los de todas las otras fuentes de energía, ¿por qué el Gobierno boliviano parece ir contra la tendencia mundial y anuncia la instalación de una planta nuclear?
El físico Francesco Zaratti opina que el anuncio parece tener fines electorales (Morales habló públicamente del tema por primera vez en 2013 y luego lo reiteró en 2014) y busca impresionar a la población. Demuestra, además, un desconocimiento considerable en la materia.
"Evidentemente, detrás del tema de tener una planta nuclear hay todo un imaginario colectivo de ser potencia mundial. Hay una confusión en la población y, a mi criterio, hasta en las mentes de nuestros gobernantes”.
Su colega e investigador del Instituto de Física de la Universidad Mayor de San Andrés  y doctor en física Marcelo Ramírez añade: "Primero hay que diferenciar: hablar de una planta o hablar del programa nuclear (…). Es prematuro hablar de centrales nucleares al menos a corto plazo”.
"Yo no sé realmente lo que pretende la gente del gobierno, pero me parece que antes de tener una central nuclear propiamente dicha hay que recorrer bastante camino”, añade.
Por ejemplo, uno de los pasos previos es tener un reactor nuclear de investigación para preparar a los futuros operarios y trabajar en ramas industriales, agrícolas o médicas.
Por eso es que ambos especialistas resaltan el uso de la tecnología nuclear en áreas como la medicina, la industria y la investigación.
Impulsar la energía nuclear puede mejorar los tratamientos contra el cáncer, sacar mayor provecho a las cosechas y desarrollar el comercio de  productos (se utilizan bajas dosis de radiación para aniquilar bacterias o insectos). El Gobierno informó que esos rubros están contemplados en el programa nuclear.

"Un absurdo”
¿Entonces cuál es el problema? El asunto es que si bien el desarrollo de la tecnología no está reñido con la instalación de una planta,  "plantearse, como lo ha hecho el Gobierno, de entrada que vamos a hacer una central nuclear en el altiplano es totalmente absurdo”, sentencia Zaratti. "Es un absurdo, no tiene ni pies ni cabeza hablar de reactores nucleares de producir energía”.
¿Por qué? Porque el país cuenta con otro tipo de recursos energéticos menos riesgosos y costosos, como el gas o la hidroelectricidad.
"Hay centenares de esas centrales atómicas (que usan el método de fisión) en el mundo, pero en países que no tienen recursos energéticos (…) o en naciones tan grandes que tienen que diversificar sus fuentes lo máximo que puedan”, añade el físico.
Por eso es que Patricia Molina, del Foro Boliviano de Medioambiente y Desarrollo (Fobomade), considera que "antes de hablar de producción de energía nuclear, teniendo tantas fuentes de energías limpias en Bolivia, se debería ir fortaleciendo esas ramas”.
"Es absolutamente innecesario y absurdo, tenemos la posibilidad de generar energías con otras fuentes (…) Nuestras demandas no son grandes”.

El elevado costo medioambiental

Aldea Global

El costo medioambiental que implica el funcionamiento de las plantas nucleares es incalculable. Los residuos de uranio, el mineral con el que se alimentan estas centrales, tardan siglos en desaparecer, o incluso milenios, y su desecho implica un cuidado extremo.
"Las barras (de uranio) duran cientos de años, no se pueden botar a la basura, hay que enterrarlas, dentro de cajas de cemento y acero y a profundidad”, comentó el físico Francesco Zaratti.
Además, las plantas requieren grandes cantidades de agua, tanto para generar energía como para alimentar el sistema de refrigeración que controle las altas temperaturas que se generan. Por un lado, el altiplano no cuenta con el suministro suficiente (el Titicaca, al ser un lago binacional no se podría utilizar) y cuando se consiga el líquido, éste debe también ser desechado bajo estrictas condiciones de seguridad.
Otro elemento que no se puede pasar por alto es que las plantas tienen una vida útil de 30 años y luego deben ser desmanteladas a un costo tan alto como si se instalara una nueva central.
Sólo Alemania, por  ejemplo, destinó 34.000 millones de euros (unos 37.000 millones de dólares) para este fin hasta 2022. Sin embargo, especialistas de ese país advierten que la cifra será mayor.
Y hay que tomar en cuenta que los restos de la infraestructura de estas plantas también deben ser tratados debido a la contaminación radioactiva.
Por donde se mire, coinciden activistas ambientales, hay perjuicios y por eso ellos lanzan una serie de críticas a la intención gubernamental.
En Facebook, páginas como "No a la energía nuclear en Bolivia” o "Bolivia libre de energía nuclear” difunden información al respecto y alertan sobre las consecuencias.

El plan boliviano tiene cinco ejes

1.    Se pretende instalar un ciclotrón para realizar diversos diagnósticos médicos.

2.    Un radiador gama que sirva para esterilizar alimentos y mejorar semillas. Así se pretende aumentar la productividad.
3.    Instalar una central nuclear para generar energía eléctrica.

4.    Realizar la cuantificación del uranio y el torio existente en el país.

5.    Instalar un reactor nuclear con fines investigativos

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