Gran Bretaña debe liderar Europa, no abandonarla

El ex primer ministro cree que los británicos deben comenzar por reconocer que en un mundo cada vez más integrado e interdependiente, cada país debe encontrar el equilibrio adecuado entre la autonomía nacional que desea y la cooperación internacional que necesita.
domingo, 19 de junio de 2016 · 00:00
Project Syndicate / Gordon Brown 
 
¿Puede Gran Bretaña reconciliarse con ser parte de Europa? A juzgar por los recientes titulares de los periódicos británicos relacionados con el referendo del 23 de junio para mantener o no la membresía en la Unión Europea (UE), la respuesta parece ser un rotundo "no”.
 
Quienes están a favor de abandonar la UE han basado su campaña en el miedo a la inmigración fuera de control y a un torrente de supuestos peligros —que llegarían por barco o por bomba— para la forma de vida británica. Sus oponentes, que desean que Gran Bretaña continúe siendo parte de Europa, destacan otro temor: la pérdida de empleos que dependen del comercio europeo.
 
En teoría, la campaña en pro de quedarse representa a una Gran Bretaña diferente: con una mirada hacia el exterior, involucrada y orientada hacia lo internacional. Pero el Partido Conservador, en el poder, está terriblemente dividido sobre esta cuestión y muchos de sus voceros han preferido la retirada bajo el fuego de los hostiles medios que apoyan la salida de la UE. En consecuencia, a menudo parecen promover una relación a medias con Europa: una Gran Bretaña semiseparada, en vez de completamente involucrada.

Ni tanto, ni tan poco
 
Gran Bretaña no debiera tener que elegir entre dos absolutos: la autonomía total, que subestimaría la necesidad de cooperar con nuestros vecinos más cercanos, y la integración completa en un superestado europeo, que no tendría en cuenta la sostenida importancia de las identidades nacionales y la toma de decisiones a ese nivel.
Por ello existe una manera de avanzar que hará que tanto Gran Bretaña como Europa sean más competitivas, democráticas y responsables.
 
Consideremos la economía. Si equilibra la autonomía de Europa y la cooperación con nuestros aliados, Gran Bretaña podría crear 500 mil puestos de trabajo adicionales durante la próxima década. Debido a que no ha adoptado el euro, el país mantuvo su autonomía para fijar las tasas de interés; y la integración con el mercado común europeo ha generado claras ganancias en términos de crecimiento y empleo. De manera similar, si Gran Bretaña liderara los esfuerzos para establecer un entorno de competencia equitativo para los sectores digital, energético y de servicios —especialmente los financieros— podría garantizar una mayor competitividad para Europa en su conjunto.
 
Las reformas económicas son solo el principio. Gran Bretaña puede y debe promover una agenda que aborde las cuestiones de la eficiencia energética (a través de una unión energética y ambiental), la fiscalidad equitativa (mediante un plan que se ocupe de los paraísos fiscales) y la seguridad (con la obtención de más información de inteligencia transfronteriza y aumentando la vigilancia contra el terrorismo y la inmigración ilegal).
 
El proyecto británico para reformar Europa debiera ser audaz y tener visión de futuro, reconociendo la dimensión social del mercado común y profundizando la colaboración paneuropea en la investigación científica. Si abrazamos la realidad de que podemos lograr más con la cooperación que con el aislamiento, ese proyecto podría convertirse en la agenda para que Gran Bretaña ejerza la presidencia de la UE en 2017 y marcar el comienzo de una época de mayor participación transfronteriza.

Liderar Europa, no abandonarla
 
También podríamos aprovechar este momento de liderazgo para fomentar un enfoque más cooperativo para el desarrollo internacional y la resolución de conflictos, que incluya un moderno Plan Marshall impulsado por Europa para África del Norte y Oriente Medio.
 
Gran Bretaña tiene la oportunidad de ubicarse a la vanguardia de la próxima etapa del desarrollo europeo. En el último medio siglo posimperial, los británicos hemos luchado por encontrar un papel que se ajuste a nuestro sentido del destino. A través de la participación activa en Europa podemos mostrar que somos más que una mitad de la relación especial con EEUU, más que un 28vo de la alianza OTAN y mucho más que tan solo un miembro de una UE que no deja de crecer. El 23 de junio debemos demostrar que el futuro británico reside en liderar Europa, no en abandonarla.

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