La Paz, Bolivia

Lunes 26 de Junio | 23:32 hs

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La pirámide invertida

Colombianas las joyas

Álvaro Loayza Directivo de fútbol

Después del desaguisado futbolístico que presentó Brasil para eliminar, con el Jesús en la boca -como sentenciaban antaño las abuelas-, a Chile, Colombia vino a honrar al deporte y con una impecable actuación definida con dos brillantísimas joyas, eliminó a Uruguay y se encaramó a cuartos de final bañados de merecida felicidad e ilusión.
Las joyas fueron hechura de, primero, James Rodríguez que entre cinco uruguayos controló con el pecho exquisitamente, para disparar un zurdazo con potencia y efecto, y clavarla en las redes ante el inmenso pero inútil esfuerzo de Muslera.
La segunda fue una maravillosa jugada colectiva que cambió de banda dos veces para que Cuadrado con la cabeza deje servido el balón para que el mismo James lo empuje y se suba a la cima de los goleadores del Mundial. Colombia tiene puntuación perfecta, cuatro jugados y cuatro ganados, pero a diferencia de por ejemplo Argentina o Bélgica (otros equipos con puntaje perfecto), muestra una solidez futbolística mayor, victorias más merecidas y convincentes, además de un atrevimiento y una estructura futbolística que no sólo depende del talento y la inspiración individual, aunque cuenta con cantidad de estas dos últimas.
 La candidatura colombiana viene avalada por un infranqueable Ospina que ofrece seguridad máxima a todos sus compañeros; el liderazgo y solidez de un veterano capitán como Yepes, a quienes muchos ya habían retirado del fútbol antes de empezar el Mundial, y hoy es uno de los mejores zagueros del torneo; tener en el medio a dos mediocentros como Aguilar y Sánchez que cumplen siempre y otorgan equilibrio al funcionamiento; contar con un par de laterales tremendos como son Zúñiga y Armero que no tienen miedo de meterse hasta la cocina del rival con velocidad y tremenda osadía; y por último gozar de dos de los mejores jugadores del Mundial, Juan Cuadrado el formidable extremo derecho, que con habilidad, desparpajo y precisión hace de las suyas ante cualquier rival que se le ponga enfrente (hoy por ejemplo Álvaro Pereira ya lo había tenido que derribar tres veces en cuatro minutos), y James Rodríguez, hasta la fecha y de forma subjetiva y objetiva el mejor jugador del Mundial (el ranking Castrol lo situó como el mejor jugador de la primera fase y con semejante recital hoy, no creo que eso vaya a cambiar sino para mayor).
Muchos argumentos que esperanzan y embelesan a un país, a un continente y al universo futbolero que día a día se ve más seducido por los desbordes de Cuadrado, por la magistral zurda de James y por lo dicho antes. Don José Pekerman, a diferencia de Colombia, ya estuvo hace ocho años en cuartos de final con Argentina;  esperemos que los aprendizajes de aquel entonces sirvan para estar impecables en esa enorme cita con el destino allá en las tierras de Fortaleza.
Sobre Uruguay y en particular sobre Suárez tres apuntes: a) El que más hizo para eliminar a Uruguay, con perdón de Cuadrado y James, fue el mismo Suárez que de forma injustificable mordió a Chiellini, dejando mermadas casi todas las posibilidades de su país en rememorar el  Maracanazo  de otrora. b) Lo de la FIFA es obsceno, la sanción (cuya aplicación era a todas luces imperativa) es absolutamente desmesurada y ausente de criterios ecuánimes: nueve partidos internacionales (aproximadamente un año de competición, se perderá con casi toda seguridad la Copa América de 2015) y cuatro meses fuera del fútbol, por lo bizarro que es morder. Leonardo y De Rossi por criminales codazos que pusieron en riesgo la vida de Ramos y McBride en 1994 y 2006 respectivamente, recibieron cuatro partidos de suspensión. Lo que explicita que la gravedad de la lesión propiciada no tiene nada que ver con las sanciones otorgadas, y es mejor que sea el árbitro el que te expulse, así la FIFA no usa su atroz juicio mediático para sancionar al futbolista.
La mordida fue grotesca y repugnante, pero Chiellini afortunadamente está sano y salvo, o sea que cuenta más lo antiestético y estrambótico del comportamiento para ser sancionado que la brutalidad para lesionar al colega. Lo único más grotesco del Mundial que el bocado de Suárez es la institución presidida por Blatter, por este episodio y por incontables cosas más. c) Suárez es un jugador fascinante, pero lo imprevisible de su conducta daña de forma inopinada toda la planificación que sus equipos puedan realizar, además de herir y perjudicar por sobre todas las cosas a él mismo, que parece ser el peor enemigo que Luisito ostenta. Ojalá, por el bien de él y del fútbol, que Dr Jekyll pueda vencer de una buena vez la batalla ante Mr. Hyde.

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