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Domingo 24 de Septiembre | 15:32 hs

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Hamilton, alegre en México tras su octavo triunfo de la temporada.

Hamilton, alegre en México tras su octavo triunfo de la temporada.
El Mundo / Jaime Rodríguez
Lewis Hamilton se ha empeñado en hacerle sudar el título a su compañero hasta el final. El inglés cierra esta gira americana con dos victorias, rey en Austin y también México, para estirar un poco más la lucha por el título con Nico Rosberg. Bueno para la Fórmula 1, aunque las cuentas le salen mucho mejor al alemán, todavía líder con 19 puntos de ventaja. Si gana dentro de 15 días en Brasil, será campeón del mundo por primera vez y se pondrá la corona que conquistó su padre en 1982. Tienes más combinaciones a su favor, siempre que a Hamilton le vaya mal en Interlagos.

En el Autódromo Hermanos Rodríguez, en puro DF, Rosberg completó una carrera pulcra, evitando los líos y a rebufo de Hamilton, primero de principio a fin. Salió fuerte el inglés, que se marchó largo en el primer giro, adiós a la chicane. La hizo recta y volvió a la cabeza sin que los comisarios le sancionaran. La norma no parece clara. Más tarde, Max Verstappen repitió la maniobra para defender la tercera plaza ante Sebastian Vettel, para cabreo del alemán. Cruzó la meta y le dijo que no con el dedo. En la radio también cantó por mariachis.

Se le pasó el enfado cuando conoció que al holandés le metían cinco segundos de sanción. Otra imagen para el vídeo del año será la de la expulsión de Verstappen del antepodio, a dos metros del champán. El chico no entendía nada, ante la sorpresa de Rosberg y Hamilton, que vieron en pocos segundos cambiar al ocupante de la tercera plaza del cajón.

Máximo respeto
Antes de ese numerito, en la pista los dos Mercedes se respetaron al máximo, dejando el duelo definitivo para las dos últimas pruebas del año. En la salida, Rosberg, al ver la pasada de frenada de su colega de equipo, intentó echarse encima, pero optó por la prudencia a comprobar que por la izquierda le llegaba el Red Bull de Verstappen. Peligro. Rozaron las ruedas sin que el cara a cara fuera a más.

Por detrás, Fernando Alonso padeció otra carrera llena de incidencias. La vida por la cola del pelotón es dura, bien lo lleva comprobando el español en las últimas dos temporadas, desde que volvió a vestir de McLaren. En México sufrió desde la salida, sin fortuna, sin motor, sin amigos. Hasta su íntimo Carlos Sainz le metió en problemas.

En la recta hacia la primera curva, el madrileño cerró con riesgo al coche que le llegaba por la izquierda. Quizá el ángulo muerto del retrovisor le impidió ver al monoplaza de su mentor, que casi acaba en el muró. Le bailaron las ruedas traseras a Alonso, fuerte latigazo que supo controlar mientras escupía rayos y centellas por la boca. «Un Toro Rosso casi me saca de la pista», bramó. «Imagino que no me habrá visto. Casi hago un trompo a 300 por hora», recordó más tranquilo después, ya sin el casco y con ganas seguro de hablar del tema con su apadrinado.

Torpe cambio de neumáticos
Iba calentito en las primeras vueltas, ya fuera de los diez primeros, cuando por radio su equipo le pidió que apretara más, el clásico 'push' del lenguaje F1. 'Es el momento, Fernando, empuja empuja', le pidió Mark Temple, su ingeniero de pista. La propuesta le sentó fatal al asturiano, que hacía lo que podía por mantener el tipo en un circuito malo para un coche malo como el suyo.
 
Su respuesta queda ya para la historia de los enfados sonoros de los últimos tiempos: "Lo estoy haciendo desde la primera vuelta, estoy empujando. Tú haz tu trabajo y yo haré el mío, estoy empujando fuerte y luchando contra un coche que no debería estar en carrera", dijo en referencia al Toro Rosso que casi le arruina el domingo: el de su compadre Sainz.

De allí salieron los dos españoles en la periferia del grupo, fuera de los puntos. A Alonso su escudería terminó de fastidiarle el gran premio con un segundo cambio de ruedas torpe en la ejecución. Terminó 13º y Sainz 16º. Mal día para ellos.

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