El primer “periodiquito” de Alasita fue impreso en 1846

Los pequeños rotativos conmemorativos de la feria ya trataban temas de sátira política, abordaban la poesía con picardía y fueron vetados entre 1867 y 1873.
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El primer “periodiquito” de  Alasita  fue impreso en 1846
El Estandarte, periódico de Alasita de 1864.
El primer “periodiquito” de  Alasita  fue impreso en 1846
Artesanos de la feria en su taller, durante el siglo XIX.
El primer “periodiquito” de  Alasita  fue impreso en 1846
Ekeko, figura del dios de la abundancia del siglo XIX.
lunes, 23 de enero de 2017 · 00:00
Rodrigo Salcedo /  La Paz
 
En el siglo XIX aparecieron las pequeñas ediciones impresas de periódicos alusivos a la Alasita que eran comerciadas en  la feria tradicional. Estos pequeños matutinos se han convertido en los  elementos que  le dan vida a una de las ferias más representativas y tradicionales de la ciudad de La Paz. Dieron inicio a su  historia entre 1825 y 1900.
 
Los impresos  circulan año tras año  por las calles, todas con un toque de humor satírico. El primero en formato  miniatura   fue  publicado el  24 de enero de 1846 por el periódico La Época. 
 
Aquel pequeño  rotativo conmemorativo  medía 160 milímetros por 167. Tenía dos columnas y cuatro páginas, según León M. Loza, en su aporte para el libro  Alasitas y los Artesanos, de Doris Butrón Ontiveros, donde hace un repaso de la tradición entre 1825 y 1900.
 
Los primeros periódicos de Alasita  tenían la particularidad de señalar como lugar de la publicación a "la Feria de Alasita”, según Butrón. Desde 1846 a 1890 se publicaron 88 mini-rotativos en la ciudad de La Paz, muchos de ellos enfocados a las actividades de los políticos, quienes sufrían ataques directos.
 
 En 1867, La Época decidió no publicar más los periodiquitos  por pedido expreso del prefecto, quien "rechazó toda publicación en miniatura que no respete la religión, la moral, el orden y las personas”. De es manera no se publicaron ejemplares en 1873.
 
 Según menciona Butrón Ontiveros, la poesía "con expresiones picarescas” adornaban las páginas de los primeros matutinos  conmemorativos a la feria. El Cangrejo, El Mosquito, el Eco de la Libertad, El Estandarte o el Cholo fueron algunas de la ediciones que se publicaron en aquel entonces.
 
Juegos tradicionales 
 
En el siglo XIV la feria se realizaba únicamente en el lugar donde se instalaba  solamente  por el 23 y 24 de enero. Desde entonces, una tradición que perdura tiene que ver con los juegos, donde se destacaban las anclas, el juego de la ruleta o los carruseles, que fueron instalados en 1894, según relata  Butrón Ontiveros. 
 
En la feria participaban tres tipos de vendedores: los ambulantes, que se dedicaban a la venta de miniaturas y periodiquitos;  los vendedores establecidos, dedicados a todo el comercio formal de la feria, como panadería, joyería  o carpintería; y también estaban aquellos que únicamente se dedicaban a las rifas, suertes y juegos.
 
Según menciona la investigación de Butrón y León Loza, hasta esa época no se habían encontrado datos sobre el  Ekeko. "Probablemente la figura se encontraba en el sector de chifles o entre las figuras de cerámica”, mencionan. 
 
Sin embargo, la técnica del vaciado de yeso se popularizó a finales del siglo XIX y ahí cambió su forma "con traje occidental” y la figura actual que carga miniaturas propias de la feria.
 
Según referencias, hace dos siglos se utilizaban piedras pequeñas para la adquisición de miniaturas; luego se pasó a la moneda convencional, denominada "tapa balazo”. Las leyendas, las costumbres y la fe alimentan una tradición que perdura en el tiempo. Los periodiquitos se hicieron una costumbre para la prensa año tras año, los juegos y las artesanías aún son parte de la feria, donde los ekekos definitivamente son elaborados con yeso.