Los itinerarios de Mesili

Mesili nació de madre francesa y padre argelino, desde muy joven vivió la lucha de liberación argelina hasta la independencia del país en 1962.
domingo, 16 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Alfonso Gumucio Dagron 

La reciente exposición fotográfica de Alain Mesili en La Paz y los tres libros de fotografía que tuvo la generosidad de regalarme hace unos meses, me dan la oportunidad de escribir ahora sobre los itinerarios aventureros de este fotógrafo, escritor y montañista con tantos años de experiencia y tanta voluntad de descubrimiento.
 
Conozco a Alain Mesili desde hace cuatro décadas, aunque nos hemos perdido de vista muchas veces por culpa de los mapas: los mapas de exilios y aventuras que nos ha tocado vivir en otros puntos del planeta. 
 
La vida de Alain, que pocos conocen, está salpicada de anécdotas y vinculada a hechos excepcionales. Nació de madre francesa y padre argelino, un pied noir que desde muy joven vivió la lucha de liberación argelina hasta la independencia del país en 1962. Luego el mundo se abrió para ese joven adolescente que emigró a París. 
 
François Masperó, el gran editor francés de izquierda, fue para él una especie de padre protector que contribuyó en su formación política y le permitió conocer  a grandes intelectuales que vivían en París, entre ellos Simone de Beauvoir y Julio Cortázar, que le dio sus primeras lecciones de fotografía. A partir de allí Alain peregrinó por varios países hasta recalar en Bolivia, que adoptó definitivamente como su patria, a pesar de algunos intermedios facilitados por las dictaduras militares.
 
Uno de esos intermedios lo llevó al Perú, donde se involucró con un sector de la extrema izquierda, y de allí a Estados Unidos, donde lo esperaba la cárcel. Completó su periodo con un año de prisión en La Paz, compartiendo con Álvaro García Linera una celda en el Panóptico. Otro itinerario lo llevó a vivir durante dos años en las selvas de Beni con la comunidad de los Chacobos, junto al río Yata y allí quizás nació el sueño que tiene de irse a vivir y a navegar por los ríos de Beni. 
 
Sin embargo Alain es más conocido por todos como montañista que ha coronado todos los picos de nuestro país. Durante décadas fue guía de grupos de andinistas y en ese ejercicio descubrió y habilitó nuevas rutas de exploración y de acceso, sobre todo en el Illimani, la montaña que domina La Paz (y que le otorga a la ciudad la belleza que por sí sola ya no tiene), pero también rutas en el salar de Uyuni, los ríos Manuripi, Madre de Dios y Río Negro, y en el Parque Nacional de Madidi (que durante las dictaduras  militares fue lugar de confinamiento de militantes políticos).
 
Alain ha visto y fotografiado el Illimani, al igual que Tony Suárez, desde todos los ángulos y a todas horas. La diferencia entre ambos grandes fotógrafos es que Alain lo ha hecho desde más cerca, con los pies en el propio nevado. Esa experiencia visual privilegiada le ha permitido acumular a lo largo de décadas miles de imágenes que en los últimos años han visto la luz en libros lujosos que lo posicionan como uno de nuestros fotógrafos de naturaleza más importantes.
 
Cuando recuerdo a Alain todavía vislumbro a un joven poeta cuyo primer libro de poemas, Poemas al extremo (1980) publiqué en la serie Palabra Encendida, junto a otros títulos de Jaime Nisttahuz y míos. Mucha agua ha corrido desde entonces, sobre todo las de nuestra montañas que van perdiendo cada año su cobertura de hielos perpetuos. 
 
Por esa catadura de explorador y aventurero Alain (heredada de los grandes exploradores europeos del siglo XIX) conoce Bolivia mejor que la gran mayoría de los bolivianos que dicen amar a su país. Quizás (en un cálculo optimista) uno de cada diez mil bolivianos ha recorrido tanto territorio nuestro como Alain Mesili. 
 
La exposición que presentó frente al atrio de la Universidad Mayor de San Andrés es apenas un botón de muestra de sus mejores fotografías del Illimani, pero sus libros reflejan mejor la extensión y calidad de su obra. Comento brevemente tres de ellos, los más recientes: Miradas (2012), La Paz entre cielo y tierra (2013) y Ayer Los Andes (2015), publicados con el apoyo de la Vicepresidencia de la República. 
 
Miradas es una síntesis de la naturaleza boliviana, desde los altos picos andinos hasta los llanos, pero también un panorama de la naturaleza humana. Las tres primeras fotos del libro así lo anuncian: llano, montaña y gente. Es una pena que las fotografías no estén debidamente identificadas, siempre queda la duda de dónde y  cuándo se tomó la foto. 
 
La luz del altiplano es especial, de eso no cabe duda.  Los contrastes son dominantes en este y los otros libros, y también son parte del estilo del fotógrafo. La ciudad de La Paz, las montañas que la rodean, el lago Titicaca y otros paisajes andinos ocupan la primera parte, que se prolonga luego en los valles altos con sus manchas de agua y vegetación que dan respiro a sus habitantes. 
 
No es solamente La Paz el objeto de la mirada, sino también Potosí, el Salar de Uyuni, los mineros, las caprichosas formas de la sal, la fauna esquiva, etc.  A medida que uno pasa las páginas el color invade las fotografías. El fotógrafo sigue el trayecto de un grupo de llamas desde las alturas hasta el Parque Nacional de Madidi para descubrir la otra Bolivia, tropical e inexplorada. Hay también imágenes de Santa Cruz, de Cochabamba, de Tarija… un recorrido completo que concluye con mapas que permiten ubicarse en la geografía del país.
 
La Paz entre cielo y tierra repite la fórmula en el sentido de visitar los mismos espacios, pero en un estilo totalmente diferente, ya que combina lo que el lente ha capturado, con el trabajo técnico que se puede realizar en una computadora para realzar ciertos aspectos visualmente. Este es un libro expresionista, cuyas fotos han sido muy trabajadas en el proceso de edición, para saturar los colores y destacar así a la ciudad y sus alrededores.
 
Las fotos de la ciudad son impresionantes, así como las de la arquitectura colonial que a veces pasa desapercibida para quienes transitan delante de esos magníficos monumentos. La sección siguiente está dedicada a las fiestas y las máscaras, muy bellas, pero la parte del libro que más me ha motivado es la de la cultura urbana, con fotografías de murales callejeros o cholitas luchadoras. Ameritaba que esta sección fuera más amplia en lugar de reincidir en el Madidi o la Cordillera Real. 
 
Todo lo opuesto es el tercer libro, Ayer Los Andes, donde todas las fotografías son en blanco y negro, lo que le otorga una expresividad diferente.  La crudeza de los contrastes en los rostros y en los paisajes parece remontarnos al pasado, si bien se trata de fotografías recientes.  Hay un cierto aire de decadencia y abandono que el fotógrafo ha capturado muy bien.
 
Alain Mesili ha visto y fotografiado el Illimani, al igual que Tony Suárez, desde todos los ángulos y a todas horas... Alain lo ha hecho desde más cerca, con los pies en el propio nevado.