Dos comunidades en pugna por turismo toman la Isla del Sol

El conflicto comenzó hace al menos cuatro meses por la demolición de cabañas ecoturísticas emplazadas a unos 300 metros de La Chinkana.
martes, 18 de julio de 2017 · 00:00
Leny Chuquimia /  Isla del Sol

  Dos comunidades han tomado la Isla del Sol cerrándola al turismo debido a una pugna que sostienen   por el turismo y  promoción del sitio arqueológico conocido como La Chinkana. El  bloqueo lacustre y terrestre protagonizado por comunarios de Challa  mantiene  aislados a los pobladores de Challapampa.

 El conflicto estalló hace cuatro meses luego que habitantes de Challapampa  derrumbaran dos de  las cinco estructuras  turísticas que la comunidad de   Challa construyó  cerca del principal sitio arqueológico de la región.  

El saldo  hasta el momento es de tres lanchas secuestradas, una decena de comunarios heridos, más de 20 turistas retenidos y la prohibición de ingreso al norte  de la isla.  Ocho   intentos de instalar el diálogo han fracasado.

"Nunca se había tenido un bloqueo que dure tanto. Queremos arreglar porque al fin y al cabo todos en la Isla somos una familia, pero deben aparecer los responsables del daño a nuestro albergue turístico”, dice Mario Mamani, dirigente de  Challa.

  "Queremos que levanten el bloqueo. Nosotros vivimos del turismo y ya son cuatro meses que prácticamente nos han atado de pies y manos. Esas construcciones afectan a las ruinas”, señala Carlos Choque, dirigente de Challapampa.     

"Prohibido entrar”

"Por los problemas entre los comunarios, el norte de la Isla del Sol es una zona en conflicto. Por eso se ha restringido el ingreso de turistas. Está prohibido entrar, es peligroso”, sostiene el alcalde del municipio de  Copacabana, Félix Mamani. "El único ingreso libre es por la parte Sur, el puerto de Yumani”, añade.   

La advertencia es repetida por un grupo de comunarios apostados en una tranca instalada en el camino Sur-Norte, a una hora y media de caminata  de Yumani. En lo que antes era una boletería para  el ingreso a Challa,  izaron una bandera roja como alerta del bloqueo que realizan.

"No entendemos por qué no podemos pasar. Hemos pagado y podemos pagar más”, insisten molestos algunos turistas europeos. La respuesta es la misma: "Está prohibido entrar”. 

Por este punto sólo pueden pasar comunarios, su ganado y en algunos casos la prensa, siempre y cuando obtenga el permiso. Con todo y aval,   los dirigentes de Challa vigilan todos los pasos de los visitantes. 

     "Tenemos  bloqueos  en el paso prehispánico y personas dispersas en todos los cerros. Pero éste (Puerto de Challa) es el punto principal”, explica Mamani.

  La playa desde la que  vigila el paso de las lanchas dista a casi una hora de caminata del ingreso terrestre. Desde el muelle  interceptan las embarcaciones, revisan si transportan turistas y si los hay les obligan a retornar. "Si no hay turistas, pasan sin problema”, dice el dirigente, aunque los lancheros afirman lo contrario. 

"Hemos empezado el bloqueo por la destrucción de las casitas. queremos  un resarcimiento porque eso se hizo con dinero del TGN y del POA”, sostiene.

En su puerto tienen tres lanchas retenidas y el pasado 8 de julio secuestraron una con 23 pasajeros de los que  la mitad eran extranjeros. "De noche, de ocultas  pasan, se hacen la burla de nuestro  bloqueo”, protesta.  

Asegura que el interés de Challapampa en el sitio sagrado no es el de la preservación sino el de monopolizar el turismo. "Quieren que los visitantes entren directo a su lugar. Ellos nomas quieren trabajar con turismo”, añade Mamani.

El perjuicio en  Challpampa

   Después de Yumani, Challapampa es la segunda comunidad con infraestructura turística en la Isla del Sol.  El pueblo está a más de tres horas de caminata desde Yumani por el camino precolombino que atraviesa los cerros de  Challa llenos de eucaliptos. Antes del bloqueo el ingreso  por lancha era desde Copacabana o desde Yampupata. Ahora todas las rutas  se han cortado.
 

Los efectos del bloqueo son evidentes; tiendas, restaurantes y hostales están cerrados.

 "Nosotros vivimos del turismo. Y muchos de los restaurantes, hostales y lanchas están con préstamo del banco. Son cuatro meses que no recibimos turistas y no tenemos ingresos” indica Carlos  Choque,  dirigente de Challapampa.

En las calles  del pueblo se observan estructuras de cemento a medias, mientras que en el puerto se amontonan ladrillos y fierros de construcción trasladados clandestinamente.

El perjuicio en la zona no sólo es para el turismo. Por el bloqueo los servicios de educación y la salud se han visto afectados.

 "Tenemos que venir por la parte sur caminando. Son unas tres horas para entrar y otras tres para salir. La educación no tendría por qué ser afectada, pero no se está respetando el derecho de los niños y jóvenes”, relata el profesor Ernesto Ajllahuanca. Cargado de una mochila avanza por un camino pedroso y sin sombra para  descansar. 

Como él, 13 maestros hacen el mismo recorrido de salida y entrada a la isla  cada fin de semana.
 
  "Hasta el desayuno escolar hay que  recoger en sábado o domingo porque en días hábiles es prohibido que las lanchas pasen”, lamenta.

  Los únicos que ingresan a la población vía lacustre son  los miembros del  personal médico del Centro de Salud de Huacani. Enfermera y doctor deben contratar una lancha que se atreva pasar el bloqueo. "Nosotros pasamos con un contrato y el permiso específico del Alcalde”, explica el galeno Yesid Illanes.

Maribel, la enfermera, señala que el conflicto es un riesgo, ya que las afecciones como  EDAS  e IRAS, entre otras,  deben ser atendidas oportunamente y los bloqueos dificultan el ingreso de médicos o la salida de los pacientes. Para quien llega a esta región una de las  salidas es la de  emprender una nueva caminata de varias horas para retornar a la parte sur de la isla y esperar a que haya botes disponibles. 

Otra opción  es  contratar una lancha de otro poblado a precios  altos. Para hacer la travesía desde Yampupata, a una hora de Copacabana,  los lancheros cobran entre 100 y 120 bolivianos  y lo hacen confiando que no haya problemas con Challa.  

"Podría ir, pero ¿si nos linchan al pasar? Es mucho riesgo”, es la respuesta de quienes viven en Challapampa. "De madrugada podemos ir”, dicen. Pobladores y  visitantes clandestinos deben emprender la salida en medio de la noche para no ser atrapados.

 

 

Afectación en la zona arqueológica

  A unos 300 metros de La Chinkana de la Isla del Sol están las construcciones que la comunidad de Challa emplazó con permiso de la Alcaldía y el Ministerio de Culturas. Alrededor hay material de construcción que se mezcla con los escombros de las casitas ya demolidas, detonante del conflicto que vive la isla.

La Ley de Patrimonio prohibe las edificaciones cerca los yacimientos arqueológicos. Sin embargo, la ministra de Culturas, Wilma Alanoca, señaló que en este caso el radio de protección es de  100 metros a la redonda. Detalló que el emplazamiento dista a  146 metros del conjunto de terrazas de  Chicaripu,  186 de  la mesa ceremonial y a la roca sagrada  y 327 de la  Chincana.
 
Llegar a esta ruinas no es fácil. La distancia se traduce en horas de caminar bajo el sol en un entorno rocoso y seco que exige el buen estado físico de quien emprende el viaje. A más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, el aire se hace escaso y frío. Sin embargo, el paisaje de un lago extenso y azul lo vale. Al pie de las montañas por las que se camina se desnudan playas limpias y cristalinas.

 

 

 
 
 
 
 
 
 

 

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