Temblad caporales: ha llegado el salay

Con juventud y coquetería, los zapateadores retan a los bailes pesados. Las fraternidades de salay se expanden junto a los hits del ritmo. Un festival mundial reivindicará que su cuna son los valles bolivianos.
Temblad caporales: ha llegado el salay
El salay y su alegre zapateo está presente en todas las entradas folklóricas del país. Foto:Freddy Barragán / Página Siete
Temblad caporales: ha llegado el salay
El salay y su alegre zapateo está presente en todas las entradas folklóricas del país. Foto:Freddy Barragán / Página Siete
Temblad caporales: ha llegado el salay
El varón intenta llamar la atención de la dama con sus ágiles movimientos. Foto:Freddy Barragán / Página Siete
Temblad caporales: ha llegado el salay
Coquetería es requisito fundamental del salay. Fue sensación ya en la Entrada Universitaria. Foto: Freddy Barragán / Página Siete
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:04

Liliana Carrillo V.  / La Paz


En los últimos meses, una multitud de  chicas con polleritas multicolores y chicos con fajas a la cintura zapatean coquetos en cuanta fiesta  hay. El baile, que ha sido declarado patrimonio de Cochabamba,  se expande allende las fronteras y hasta  alistan un festival mundial para reivindicar que la cuna del zapateo son los valles bolivianos. Temblad caporales, que ha llegado el salay.


“Las modas en el folklore son de larga data y siguen un proceso en el que lleva la batuta la juventud”, explica el antropólogo Milton Eyzaguirre.  “Son ciclos; las danzas pesadas, por ejemplo, hasta hace poco no tenían rival”, reafirma Marco Veizaga,  vocalista del grupo María Juana. 


Durante décadas   estuvo en  boga el caporal y muchísimos sucumbieron a calzar botas con cascabeles o acortar las polleritas; después se impuso la bravura del tinku que despertó a los guerreros con monteras de cuero y en el ínterin llegaron los tobas, con plumas, caras pintadas y saltos inverosímiles. Ahora es el turno del salay, el baile que marca el ritmo de este Carnaval.


Cuando el amor florece


El salay, o salaque, es un baile   originario de los valles de Cochabamba, Chuquisaca y Potosí. “La danza  precolombina tiene nexos con la  de ‘huayllas’ de Perú por lo que su origen es inminentemente quechua. Está relacionado con  los ritos de fertilidad y agradecimiento a la Madre Tierra”, explica Eyzaguirre.
   
 El zapateo representa la siembra. Y en los pueblos del norte potosino y en Villa Serrano (Chuquisaca) se conoce como salaque y se interpreta alternando el baile con tonadas pícaras que intercambian los grupos de hombres y mujeres.   

 En algún momento, el ritmo tradicional  valluno se mezcló con el huayño. Probablemente, por el papel protagónico que adquiere el charango en el salay, conjeturan los expertos.


“El  zapateo tiene su ancestro en el acompañamiento del charango, instrumento musical festivo del hombre trabajador del agro, del comerciante andariego, como también  del  minero de procedencia campesina que  celebra sus fiestas tradicionales y familiares  al ritmo del huayño. En consecuencia, el huayño y el charango inicialmente están ligados para alegrar los corazones  en  el famoso ‘kalampeo’ de origen popular y tradicional (...)”, definió el historiador Antonio Revollo Fernández.


En los últimos tiempos, el salay  -como todos los ritmos criollos-  se ha fusionado con otros instrumentos y sonidos; también se han estilizados las coreografías. Algo, sin embargo, se mantiene en el tiempo: la representación del amor.   

“En el salay también hay un componente muy importante de romance. El varón se esmera para ganar la atención de la señorita; hay coqueteo”, comenta Sergio Luna, uno de los seis fundadores de la Sociedad Salay La Paz.

El encanto del zapateo

“¡Rompa zapato, rompa zapato!”  es la arenga de los guías  del grupo Salay La Paz. Desde que comenzó el año, más de un centenar de jóvenes ensayan el zapateo tres veces a la semana en la plaza del Bicentenario, en miras al  J’iska Anata de Carnaval.


 “Queremos ponerle toda la energía y el corazón a nuestras presentaciones para transmitir toda la alegría del salay”, dice Sergio Luna Balboa. Experimentado bailarín,  el estudiante de Comunicación de 24 años fundó -junto con  cinco compañeros de danza-  la Sociedad Salay La Paz el 6 de agosto de 2017.  


La fraternidad, que ya  congrega  a 350 integrantes en sus filiales de la sede de Gobierno y de El Alto, sigue el boom que  se originó en Cochabamba. Allí, en los últimos dos años, se han creado al menos medio centenar de grupos de baile de salay.

Foto: Freddy Barragán / Página Siete


 La Fraternidad Artística y Cultural Salay Cochabamba es la pionera. Fue fundada en 1987 en el  barrio  Jaihuayco, de la popular zona Sur  kochala por los folkloristas  Senobia Jiménez y Wálter Tapia, según reza la historia oficial del grupo.  


Entre los nombres de salaque y salay,  optaron por el segundo.   Al vocablo quechua salla -que significa enamorada, novia-  le añadieron la muy cochabambina terminación “y” para crear el neologismo salay que  significaría amorcito.


 Salay Cochabamba debutó en la entrada de Urkupiña de 1987 con 50 integrantes; hoy superan los 1.000. La fraternidad  tiene 19 filiales en Estados Unidos, España, Argentina, Brasil y otros países con grandes colonias bolivianas.


Con los bailarines llegaron las canciones. En los últimos meses grupos nacionales - Yara, Sumaya Andina, Valeno, Mistika, entre muchos otros- han actualizado temas tradicionales o compuesto nuevos. El salay Golondrina fugaz, de María Juana, que innova con saxo, ha marcado un récord al superar cinco millones de visitas de su video, grabado en las locaciones coloniales de Tarata.


“Ni nuevo ni fugaz”


“La explosión de ciertos bailes folklóricos  tiene que ver con las apropiaciones que hacen los jóvenes de su cultura. Son respuestas a las lógicas económicas que imponen las danzas pesadas”, define el antropólogo Eyzaguirre.


La moda de un baile  es cíclica y depende de  que conquiste a  los jóvenes. Ha sido así en su momento de mayor auge para los caporales, el tinku o los tobas. Ajena a esta dinámica está solo la morenada, que es símbolo del poder económico.
    
La clave del salay es el ritmo y la alegría, asegura Luna y recalca: “No se necesita mucho dinero para disfrutar del zapateo”. El precio por la confección   del traje   no supera   los 300 bolivianos y  se puede fletar hasta en 50.

Coherente a su origen agrario el traje de salay es sencillo: camisa, chaleco de bayeta, chumpi (faja), pantalón, sombrero y zapatos blancos para los varones.  Sombrero adornado con cintas,  blusa bordada, pollera   cinco centímetros encima de  las rodillas y zapatos de taco medio para las mujeres.

 

Encuentro mundial


Ante el meteórico éxito del salay, el Ministerio de Culturas y la Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folklore (Obdefo) organizan el Festival   Mundial del Salay 100% boliviano, que se realizará en mayo.


  “El salay  está seduciendo a más personas en Bolivia y el mundo. Es importante que sentemos soberanía antes que otros países traten de apropiarse de él, como sucede con otras manifestaciones”,  dijo el presidente de Obdefo,  Federico Estrada.


Los organizadores esperan que participen en el encuentro con sede en  Cochabamba   más de 10.000 bailarines de salay, además de fraternidades del exterior. Y a zapatear se ha dicho.

Foto: Freddy Barragán / Página Siete

100%  boliviano


   

María Juana y una exitosa golondrina

Con más de cinco millones de reproducciones, el video clip del tema en ritmo de salay  Golondrina fugaz ha marcado un récord. Sus intérpretes, los miembros del grupo cochabambino María Juana, adelantan el estreno de un nuevo  hit para exportar el  zapateo de los valles bolivianos.


 “María Juana busca permanentemente la renovación y  experimentamos con ritmos nuevos. Ante la fuerza emergente del salay hemos querido aportar con un  tema que conserva la tradición, pero la actualiza y así nació Golondrina fugaz”, asegura Marco Veizaga, vocalista de la agrupación cochabambina.


Y el resultado se ve. Con letra compuesta por Braulio Collarana y el  peculiar sonido de saxo,  Golondrina fugaz es, probablemente, el tema que más suena en este Carnaval. “Estamos muy agradecidos con la respuesta favorable  que hemos recibido  alrededor del mundo”, añade.


Ha contribuido al éxito del salay, el video clip dirigido por David Vela y grabado en Tarata. Sucede que en plena filmación, espontáneamente una señora  comenzó a bailar. 


“Al escuchar la música, una abuelita que pasaba por la  calle se puso a bailar. Su alegría nos encantó e incluimos el baile de la señora  en el video”, cuenta Veizaga.


“El video clip ha querido además promocionar la belleza de nuestros pueblos. Tarata es un municipio  con amplia tradición e historia. Ojalá los alcaldes se den cuenta de que estas iniciativas son buenas para el turismo y no pongan trabas”, añade el vocalista.


Marco confía en que el salay no será una moda pasajera. “Sabemos que hay olas cíclicas para los ritmos; hasta hace unos cinco años la morenada era imbatible,  también lo fue el caporal. Ahora le toca al salay”, sostiene el cantante.


 Ahora María Juana se apresta a estrenar otro tema en ritmo salay. El título tentativo es Cuánta falta me haces.


    

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