Santa Cruz

Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente

El nosocomio de referencia regional de Santa Cruz afronta un aumento descontrolado de pacientes. Sobrevive gracias a la solidaridad de la sociedad civil.
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Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
Pacientes esperan su turno en el hospital público cruceño San Juan de Dios. Fotos: Sara Aliaga / Página Siete
Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
La sala de emergencias es la que más casos recibe.
Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
El 66% de los pacientes del nosocomio son adultos mayores.
Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
El Hospital del Ñiño cuenta con instalaciones modernas pero precisa más ítems de médicos y enfermeras. Fotos: Sara Aliaga/ Página Siete
Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
En el San Juan de Dios hay equipos en desuso que se amontonan en los corredores del edificio.
Hospital San Juan de Dios, en “código negro” permanente
La Maternidad fue creada en 1954 como Eva Perón.
jueves, 31 de agosto de 2017 · 01:00:00 a.m.
 Liliana Carrillo V.  / Santa Cruz

En permanente "código negro” -alerta de  colapso-  trabaja el personal  del hospital público cruceño de tercer nivel San Juan de Dios. El nosocomio más antiguo y de referencia regional afronta  un aumento descontrolado de pacientes y   sobrevive gracias a la solidaridad de la sociedad civil.

"Después de este hospital, ¿a dónde puede acudir un paciente? Es  la última estación,  no hay dónde más se pueda ir. Por eso tratamos de ayudar a todos”, dice el cirujano Marcelo Cuéllar Crespo, director  del hospital.  

La misión no es fácil. "Santa Cruz es el departamento  con mayor crecimiento de población pero, por la distribución injusta de recursos, no recibe los fondos que necesita. No podemos satisfacer la alta demanda de salud”, añade el médico que llegó a este nosocomio hace 35 años como  residente y no se fue.

El hospital San Juan de Dios es un laberinto de recovecos que llevan a otros tiempos. Detrás de su fachada republicana se levanta una construcción moderna. En el  primer piso hay plataformas de atención, oficinas pequeñitas y una amplia hilera de butacas de plástico, azules e incómodas, frente a una pantalla. 

Hay cientos de pacientes; los menos, sentados en las butacas azules y  la mayoría, de pie. Todos observan el monitor atentos como  fieles  que miran al cura en el altar esperando que los convoque.

La fila avanza rápidamente pero  nunca disminuye. A cierta hora, la gente empieza a agolpase en los pasillos, en las puertas y a disputar esas butacas incómodas. Pronto son más y llenan el ala norte, ésa con plaza conmemorativa de los héroes de la Guerra del Chaco. "Este hospital atendió a los heridos”. 

Los pacientes colman también el ala este. Allí está el primer edificio del nosocomio, que data de 1834, convertido  en ruinas. En otra estructura de principios del siglo pasado con arcos y altos techos, las oficinas de dirección.

 "En este hospital vivimos en código negro permanentemente”, dice Cuéllar. En jerga médica esa es la alerta de enfermos  esperando atención, de médicos trabajando sin pausa, de falta de camillas... de colapso.

"El momento en que se instaura el seguro integral de salud, hemos pasado a soportar  una sobredemanda de atención especialmente de la población anciana. Los adultos mayores tienen alto consumo de prestaciones,  varias enfermedades y estancias hospitalarias largas”, explica el director.

 El  San Juan de Dios es uno de los dos  hospitales de tercer nivel de Santa Cruz (el otro es el Boliviano Japonés). Atiende en  todas las especialidades a personas adultas; a los menores los deriva al Hospital del Niño y a las gestantes y recién nacidos, a la Maternidad Percy Boland.

   Las 254 camas del San Juan están siempre llenas. El 66% de ellas son ocupadas por adultos mayores y hay lista de espera. 

"Los centros de segundo nivel, que son municipales,   no funcionan a plenitud. Muchos pacientes derivados o autorreferidos vienen  y aquí nos vemos atosigados.  Todo el día estamos buscando camas”. Dan fe de ello  las  llamadas constantes  del director a sus colegas de otros nosocomios.

Desde la comunidad de El Torno viene don Jacinto Lema. Del hospital de aquel municipio lo remitieron hace una semana hasta el nosocomio cruceño después de que le diagnosticaran una enfermedad renal. "Dice que están mal los riñones… debe ser porque  no tengo fuerzas, me duele la espalda”, cuenta. 

Setentón, moreno, arrugado y con pícaros ojos claros, ya ha iniciado sus  diálisis; pero le preocupa el dinero. Podrá pagar  10 sesiones (el costo  de cada una es de  600  bolivianos y precisa tres a la semana),  sin contar el alquiler de un  cuartito  y la comida… "¿Y después?”.

Dolly Vidaurre ve casos como éste todos los días. Alegre y  vital, la  licenciada Dolly -como le llaman sus colegas- es la jefa del departamento de Trabajo Social del hospital. Tiene a su cargo a cuatro profesionales que deben atender a los más de 1.000 pacientes  cada día. 

"Cuatro trabajadoras sociales somos, cuatro. Es muy  difícil hacer un trabajo como el que queremos, una labor que coordine la asistencia social con un estudio familiar, económico y social de los pacientes”,  dice Vidaurre.

Se conmueve al hablar de  sus pacientes, de aquellos que no tienen medios para pagar el  tratamiento, de la gente sola. "Cuando detectamos a una persona en estas situaciones iniciamos un estudio que aspiramos a que sea integral. Hay categorías que implican descuentos; en el caso de la categoría D, de indigencia, el paciente no paga nada”.

 A 900 mil dólares anuales llega el   presupuesto que destina a casos de indigencia el hospital y no es suficiente; sin embargo,  la ayuda llega gracias a instituciones de la sociedad cruceña. Davosan, la Liga de la Misericordia, el Country Club -que recientemente donó una máquina de hemodiálisis con valor de 34.000 dólares- y muchas otras hacen donaciones permanentes y solidarias.

 "Ayudamos en lo que podemos. Tratamos de dar compañía y transmitir la paz de Dios a la gente sola, especialmente a los ancianitos”, dice bajito la  hermana María. Es una de las religiosas de congregación de La Misericordia que rondan discretas,  con hábitos blancos, por los pasillos hospitalarios.

Esta orden italiana llegó hace más de un siglo al San Juan de Dios y desde entonces las monjitas han sido ángeles guardianes para miles de enfermos. Ahora ninguna de las 20 hermanas es extranjera y todas son enfermeras.

Un hombre con herida de bala llega a la sala de Emergencias. La camilla pasa rauda entre la multitud de pacientes sentados en las sillas de plástico y  en cartones o mantas en el suelo. 

Pálido en la sala de espera, Jorge Llano ve cómo médicos y enfermeras se movilizan y ahoga un gemido de dolor. Su esposa cuenta que está mal desde hace tres días; que un médico amigo lo vio en su casa, le dijo que era el apéndice y lo mandó al hospital público.

"No estamos aquí sólo por la plata. En última se paga nomás. Es que aquí están los mejores médicos y hay equipos buenos”, justifica la esposa del hombre cada vez más pálido que  espera.

"Tenemos todas las especialidades y equipos de primera generación. Pero claro, no alcanzan para atender a todo el departamento. Los pacientes  históricamente también llegan de Beni, Pando, Cochabamba y hasta Tarija”, asegura Cuéllar, que cumple su tercera gestión en la dirección del San Juan de Dios.

 "Pedir más fondos a la Gobernación no tiene sentido porque no hay. Con amargarnos no ganamos nada, así que optamos por generar recursos propios con la triple subvención cruzada”, añade. Ese sistema consiste en aprovechar el superávit que generan algunos servicios  externos -hemodinamia, medicina nuclear, tomografía- para subvencionar a los deficitarios.

El hospital precisa  especialistas -geriatras, reumatólogos, infectólogos, hematólogos- aunque tiene el apoyo de  residentes que hacen  prácticas y ante todo necesita enfermeras. "Eso y tanta plata como nuestras ganas de ayudar a todos, a todingos”, finaliza la licenciada Dolly. 

La Maternidad precisa más cunas para atender a los bebés prematuros

Cunas e incubadoras para atender a recién nacidos urgen en la maternidad Percy  Boland de  Santa Cruz. A fin de año finalizará el convenio con clínicas privadas y el colapso en neonatología parece inminente.

   Este hospital público de tercer nivel  no cuenta con suficientes equipos para atender a  los bebés prematuros. También precisa incubadoras para terapia intermedia que la Gobernación no puede dotar.

"La demanda es muy grande. Aquí vienen pacientes de todo el departamento y de otras regiones a veces derivadas o autorreferidas. Necesitamos incubadoras, especialistas, enfermeras”, resume la directora de la maternidad, Beatriz Durán.

En rigor la Percy Boland es el Hospital de la Mujer; pero todos en Santa Cruz conocen al hospital como la Maternidad. Creado en   1954, con el nombre de Eva Perón, ha visto nacer a  generaciones pero en 60 años no ha crecido a la par de las necesidades de la población.

     La infraestructura es antigua y presenta constantes deterioros, además precisa más items. "Son necesarios  médicos para emergencia y subespecialidades como ginecología o esterilidad. Lo que más necesitamos son enfermeras y no hay ítems de nueva creación. Ese es el principal problema”, resume la doctora Durán que ya cumplió dos gestiones y ahora es interina en la dirección.

 Estos problemas mellan en el personal que sólo en lo que va del año ha realizado tres paros en demanda de ítems, equipos y ascenso de categorías. También son constantes los colapsos que obligan a atender a bebés en sillones a que   compartan cunas en hacinamiento.

Diariamente, la maternidad atiende a un promedio de 500 pacientes, Los casos más frecuentes y graves son las eclampsias y hemorragias en etapa de gestación. "En esos casos atendemos de urgencia y con orgullo podemos decir que la mortalidad materna en este hospital público este año es de cero”, comenta Durán, ginecóloga obstetra con más de 30 años de experiencia.

 La mortalidad neonatal  llega al 4% pero el riesgo es que ésta aumente. "A fin de año termina el convenio firmado por el Ministerio de Salud con las clínicas privadas,  estamos en emergencia”, dice la directora y resalta el apoyo que recibe este hospital de organizaciones solidarias como Davosan y otras. "Su solidaridad salva vidas”.