Basura, plagas y mal olor arrastra el río mayor a su paso por la urbe

El afluente carece de una clasificación de sus cuerpos de agua. Esto debió hacerse hace 15 años. Por esta razón, no se pueden aplicar políticas para su mejora.
jueves, 14 de septiembre de 2017 · 00:00

Carla Hannover, Gabriel Díez Lacunza  / La Paz 

 El Choqueyapu, que... desciende de las alturas del Chacaltaya, con todas sus implicaciones mágicas y de leyenda, puede decirse que es la ciudad en estado líquido...

Jaime Saenz (1969) 

Basura, animales muertos, desechos domiciliarios y químicos, sangre de ganado, escombros, lodo y los  desperdicios que no entran en  el carro basurero. Todo eso arrastra el río Choqueyapu en sus 33 kilómetros a su paso por La Paz.

Según  los expertos, producto de un "mal diseño de la urbe”,  la contaminación en este río está condenada a crecer conforme crece la población urbana, pero también si no se  toman acciones para revertir esa situación.  

En la actualidad los altos niveles de contaminación de este río superan con  creces los niveles establecidos en la norma y poco o nada se ha hecho para revertir el problema. De haberse tenido políticas oportunas para su recuperación, este río ya tendría establecida la clasificación de sus cuerpos de agua  y, por ende, se habrían implementado  políticas para la regulación y control de la contaminación. 

"Las autoridades no se animan a definir esta clasificación  porque conlleva diversas responsabilidades que las instancias públicas deberían asumir y que en la actualidad no se cumplen”, explica el ingeniero Óscar Paz, quien a lo largo de su vida ha participado en diversas investigaciones vinculadas a este  río.

Coincide con Paz el gerente de auditoría ambiental de la Contraloría General del Estado, Roberto Pérez, quien explica  que establecer esos parámetros de clasificación es tarea complicada, pues no solo se deben tomar en cuenta aspectos medioambientales, sino también aspectos socieconómicos.

 "No se puede pensar sólo en el medioambiente, ni  pensar sólo  en lo económico ni sólo en lo social. Deben ir juntos”, dice. Y agrega: "No hay que olvidar que en las cuencas de La Paz hay actividad económica”.   
 
Por ahora,  este afluente  traza una ruta de alta contaminación a lo largo de la ciudad que fácilmente  podría darle el título de la alcantarilla mayor de La Paz. Así lo confirmó Página Siete en tres recorridos en los que se siguió su trayecto. 

Kaluyo de aguas prístinas

En Kaluyo, el viento sopla frígido. Y cómo no, si el valle está rodeado de glaciares, de cuyos deshielos nace el río que lleva su mismo nombre. Sus aguas cristalinas recorren solitarias ese lugar, en el que yacen los vestigios de la exfábrica de estuco Bedoya. A ese punto, por lo general, sólo llegan  los pastores  que llevan a sus ovejas, alpacas o llamas a beber de sus aguas. "En esa parte del río podría decirse que se tiene agua categoría A, es decir, agua  que puede  utilizarse para el consumo humano, pero con cierto proceso de purificación”, explica Paz.
 
Un poco más abajo, a 10 minutos en coche, el río cambiará de nombre a Choqueyapu y con el nombre cambiará también su suerte. Sus aguas cristalinas se irán tornando de colores cada vez más oscuros. Primero amarillo mostaza, luego naranja cobrizo, marrón y así hasta llegar a ese  sólido y oloroso  café con leche espumoso que se divisa en diversos puntos del centro y sur de la ciudad. En  este último punto es donde desemboca su torrente,  para luego convertirse en río La Paz. 

Saliendo de Kaluyo, el contorno del río se llena de montañas de piedra y arena. El río sirve como medio de subsistencia para decenas de familias que van hasta ese sector y que se dedican a la explotación de áridos. "Es nuestro medio de subsistencia”, cuenta Celestino Argandoña, mientras traslada la arena hacia su volqueta. Con el boom de la construcción que vive la sede de Gobierno, la demanda de estos materiales subió y producto de ello en casi todos los ríos de La Paz se explota la arena y piedras, muchas veces de forma ilegal. "La volqueta la vendemos alrededor de 700  u  800 bolivianos, dependiendo hasta dónde hay que trasladarla”, agrega el hombre.

Argandoña desconoce el grado de contaminación que su actividad le causa al torrente. Según Paz, si bien no es altamente contaminante, la explotación de áridos genera un cambio hidráulico en los ríos, "el grado de contaminación se podría definir de acuerdo con los procesos que siguen”, explica. A Argandoña tampoco le interesa saber a ciencia cierta qué sucede con el río cada vez que lavan arena. Cuando se  le pregunta por el tema, sólo atina a levantar los hombros.

Desde la Secretaría de Derechos de la Madre Tierra de la Gobernación de La Paz se informa que  ésta sólo emitió cinco licencias para la explotación de áridos en los ríos paceños. Dos de éstas están en el curso del  río Kaluyo, poco antes de convertirse en Choqueyapu. 

Sin embargo, lo que se pudo observar a lo largo de los recorridos fueron más de cinco puntos en los que se explotan estos materiales en grandes cantidades. Por esta razón, los responsables de la secretaría están en proceso de elaboración de una inspección para detectar la masiva explotación ilegal de estos materiales tanto en el Choqueyapu como en el resto de  las cuencas paceñas.
 
De riachuelo a caudaloso basurero

Todo río que atraviesa una ciudad por fuerza ha de verse contaminado con las impurezas y los detritos de ésta, habida cuenta que uno de sus designios es en definitiva el de lavar, a costa de su pureza, a la ciudad y sus habitantes... 

Jaime Saenz (1969)

Cuando el Choqueyapu ingresa al sector industrial de La Paz todavía es un riachuelo. "No hay mucho olor aquí, no como abajo”, expresa Alicia Bernabé, de 24 años. Ella es vecina de la zona Villa de las Nieves, la cual está ubicada más arriba de la urbanización Autopista y que está a cinco minutos de los barrios de Pura Pura y Achachicala, si se hace la ruta en auto.

Desde el lugar donde Alicia da su testimonio, las aguas del  río paceño tienen una coloración marrón cristalina. En efecto, en la zona no hay olores molestosos. Sin embargo, al barrer con la mirada hacia arriba y abajo de este curso acuático se puede observar basura dispersa en los alrededores. A esa altura también hay la presencia de areneros. 

Una vez las aguas ingresan a la altura de la última curva de la Autopista El Alto-La Paz, es decir en la recta final antes de entrar al centro paceño, el cauce va ganando volumen. Y con el volumen también gana malos olores, en algunos casos fétidos, y adquiere tonos que van desde los rosados, los cafés intensos, rojos, blancos e incluso se va generando espuma en la superficie. 

Según la historiografía, el Choqueyapu siempre fue una línea divisoria natural de La Paz. Por ejemplo, en la Colonia dividía a la urbe entre  la ciudad de  los blancos y la ciudad de los  indígenas. En la actualidad, el río junto con la autopista que le sigue es la línea divisoria entre los barrios de Achachicala y Pura Pura, que son parte del sector industrial. 

En Achachicala, por ejemplo, están apostadas fábricas de papel higiénico, de alimentos, curtiembres y el Centro de Faeno Municipal (más conocido como Matadero). Al frente,  en el sector de Pura Pura  se encuentra una imprenta industrial, una joyería, una procesadora de algodón y una fábrica  de cosméticos. Algunas de éstas aseguran que en los últimos años comenzaron el tratamiento de sus desechos antes de descargarlos al río. Sin embargo, en años pasados sus emisiones al afluente iban sin tratamiento.

 
Pura Pura y Achachicala se conectan por una pasarela en el sector industrial. A esa altura  está el pequeño quiosco de Serafina Ulluquipa, quien bordea los 85 años. No recuerda cuántos años vende en el lugar, pero sí está consciente del grado de contaminación del río. "Todo es suciedad, a veces botan basura. A veces, más que todo, perros muertos, sucio es”.
 
De a poco el río, en cuyas nacientes es posible distinguir hasta el más mínimo detalle de las piedras subyacentes, en este punto empieza a convertirse en el basurero de la ciudad. Algunos días es posible ver el caudal mermado; en otros, el ruido delata que las aguas aumentaron. Los responsables de las industrias adyacentes, de la mayoría al menos, niegan que sus residuos estén contaminando el Choqueyapu en este sector y  que se han adecuado a las normas medioambientales. 

Lo cierto es que, entre otros elementos, este cuerpo de agua no solo recibe las descargas de las industrias, sino también las descargas  del alcantarillado doméstico  de la urbanización Autopista y barrios circundantes. Más abajo, antes de llegar a la avenida Montes,   comenzará el embovedado del río  hasta casi llegar a la avenida del Poeta. 

Autores, como Silvia Arze, consignan la construcción de la avenida Montes –lo que se considera el ingreso a la zona central– sobre el Choqueyapu hacia el año 1904 y desde entonces se han desarrollado  posteriores obras de entubamiento y embovedado de este río.  

En la actualidad sus aguas se pasean por debajo de todo el centro, entre la avenida Mariscal Santa Cruz y la Camacho, hasta pasar por debajo de la avenida del Poeta ¿Será por eso que al  paceño le es indiferente el problema? 

A lo largo de ese tramo, el río recibirá descargas domiciliarias y también del sector comercial, pues el área que sucede a la avenida Montes está repleta de comercios, restaurantes, edificios de oficinas, cines y demás. 

 El punto más contaminado

Ya en la avenida del Poeta, antes de doblar hacia el Teatro al Aire Libre, una parte del río está   descubierta y su olor fétido patea. "Esta es una de las partes más contaminadas del río. No sólo porque recibe descargas del sector comercial, sino porque el río no tiene posibilidad de oxigenación”, explica a Página Siete uno de los técnicos  del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Universidad Mayor de San Andrés durante uno de los recorridos para la toma de muestras.  

Unos metros después el río vuelve a ser embovedado. Los trabajos de  cubierta  de ese sector se realizaron hacia el 2012 y generaron varias voces críticas, pues según los expertos lo último que debe hacerse es tapar el río si lo que se quiere es recuperarlo.  Ese embovedado se extiende  hasta  la altura de la gruta de Lourdes, ya en el barrio de San Jorge. 

Pese a las recomendaciones sobre tapar el río, la Alcaldía proyectó continuar con esos trabajos desde el próximo año a partir de la gruta de Lourdes hasta el barrio de Obrajes. Argumentan la necesidad de crear un distribuidor que ayude a descongestionar el tráfico vehicular en ese punto de la ciudad. ¿Se habrán tomado en cuenta las consecuencias ambientales?  

Vivir al lado del río…

Ya en la gruta de Lourdes, si se toma el camino hacia San Jorge es posible llegar en 30 segundos hasta la Casa Presidencial. Si se va por la ruta al sur se llega a una de las estaciones del teleférico Amarillo y Verde en un minuto en auto. Ese sector es Rosasani, donde hay por lo menos 20 viviendas que colindan directamente con el río.

Los vecinos son conscientes de que a esta parte el caudal llega con desechos (alcantarillado doméstico, basura, animales muertos, etc.) de media La Paz. Coinciden en que los malos olores y algunas plagas son los elementos más desagradables de vivir al lado del río. "Al amanecer y en las noches el olor es fuerte”, relata Herminia viuda de Clavel, de 90 años.

Ana Carolina Sarmiento (22) se trasladó junto a su familia hace tres años a Rosasani. Su casa está a 100 metros del río. Las moscas y los mosquitos son una constante en el día a día de ella y de los vecinos de este lugar. Cuenta que cuando sale a pasear con su perrita observa que el Choqueyapu arrastra cuerpos extraños "y no se sabe qué es siquiera”.

El curso del Choqueyapu se extenderá desde ese punto hasta Calacoto, donde pasará a llamarse río La Paz. Allí sigue su curso natural  ya sin canalización. En esa zona, a la altura de la avenida Costanera, al frente del parque de Las Cholas, comenzará nuevamente la explotación de áridos. Obreros acumulan montañas de arena y piedra cerca  del sector en el que la Alcaldía guarda su maquinaria pesada.

Más abajo, en el ingreso al barrio de Aranjuez, el río continúa con altos niveles de contaminación y mal olor, pero parece no importarle a doña Margarita Quispe, quien junto a sus hijas se acomodó a un costado cerca de una vertiente de agua cristalina para lavar sus ropas. "No usamos el agua del río, usamos el agua de esta vertiente, pero siempre terminamos con dolor de cabeza por el mal olor que tenemos que respirar todo el día”, cuenta. 

En ese punto los niveles de oxigenación han permitido que la contaminación del río reduzca en cierta medida, pero no la suficiente como para llegar a una categoría B, que es la que permite el uso del agua para riego. Ese uso es el que justamente se le dan a sus aguas unos kilómetros más abajo en la zonas de Lipari, Valencia, Mecapaca y otros sectores colindantes al río. Problema que será abordado en un siguiente dossier en los próximos días.

  El Choqueyapu espera  la clasificación de sus aguas por 22 años

Más de dos décadas han pasado desde que se aprobara el Reglamento en   Materia de Contaminación Hídrica del país (DS 24176). El documento    establece que el entonces Ministerio de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente (MDSMA) era el encargado de aprobar, previa coordinación con Alcaldía y la entonces Prefectura, la clasificación de cuerpos de agua para los afluentes del país.

Esta clasificación determina responsabilidades y acciones a tomar para reducir los niveles  de contaminación en las cuencas y ríos del país. "La clasificación de cuerpos de agua... será determinada por el MDSMA. Para ello, las instancias ambientales dependientes del prefecto deberán proponer una clasificación, adjuntando la documentación suficiente para comprobar la pertinencia de dicha clasificación”, se lee en el capítulo III (art.4). 

Esta documentación debe contener  como mínimo el "análisis de aguas del curso receptor a ser clasificado, que incluya al menos los parámetros básicos y fotografías que documenten el uso actual del cuerpo receptor”, entre otros. 

Según  el gerente de auditoría ambiental de la Contraloría General del Estado, Roberto Pérez, "en el país se olvidaron de tema por completo”. Cuando se les habló de la planificación en   "las autoridades no tenían conocimiento del tema”.

En ese sentido, explica que las auditorías que la Contraloría llevó adelante desde principios de 2010 en el río  Piraí (Santa Cruz), el río Rocha (Cochabamba)  y el río La Paz han servido para tomar conciencia del tema. "El Ministerio de Medioambiente  empezó con dos viceministerios a desarrollar la clasificación de los cuerpos de agua”, dice. 

En la actualidad, La Paz es el departamento más rezagado en el tema. Según Pérez, ya se   tiene lista  la clasificación del Piraí y en el caso del río Rocha ya presentaron su clasificación pero  ésta tiene  observaciones. 

En el caso de la cuenca del río La Paz "hubo un problema porque la Gobernación  tenía un proyecto de clasificación de aguas  con Sergeomin y la propuesta que elevaron no  respondía plenamente a los requisitos del Reglamento en Materia de Contaminación Hídrica. Fue observado con el ministerio y no habían coordinado la propuesta con el municipio de Mecapaca. Es decir, no tenía validez”. 

Este medio consultó con el Ministerio de Medioambiente y Aguas por  el retraso en la clasificación de las aguas del río, pero hasta el cierre del dossier no contestaron las preguntas.

Sin embargo, desde la Alcaldía de La Paz  explicaron que desde 2012 se comenzaron a elaborar monitoreos ininterrumpidos  del río paceño basados en una metodología coordinada con el ministerio del área. Esto  permitirá  a futuro establecer la clasificación de  los cuerpos de agua del río.  

"La información que estamos generando se coordina con ellos  para que se termine de cerrar esta metodología”, señaló Nadiezdha Godoy, administradora de servicios ambientales de la Alcaldía.

 

 
 
 
 
 
 

 

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