Desaparecidas

Sandy Flores, la denuncia que nunca se tipificó

Fue vista por última vez el 11 de septiembre de 2014, en la puerta del colegio de su hermana. Sólo se emitió un conocimiento de persona desaparecida.
Sandy Flores, la denuncia que nunca se tipificó
Édgar Flores muestra la fotografía de la fiesta de 15 años de Sandy. Foto:Diego Mondaca
Sandy Flores, la denuncia que nunca se tipificó
Édgar Flores muestra la fotografía de la fiesta de 15 años de Sandy. Foto:Diego Mondaca
jueves, 08 de febrero de 2018 · 01:00

Alejandra Pau / Santa Cruz


Es posible que todo empezara con el obsequio de un celular o mi cuenta de Facebook,  que usaba con otro nombre, nada de eso se  investigó. Mi papá, Édgar Flores Azurduy,  dice que desde chiquita fui muy artística, lo mío era  bailar y vestirme de diferentes personajes, pero todo cambió el  11 de septiembre de 2014.


Mi nombre es Sandy Luz Bella Flores Abasto. A los 16 años mi vida transcurría entre mis clases en la Unidad Educativa  Eduardo Velasco Franco, en Santa Cruz, y mis amigas del barrio, en Ciudad Satélite. Hace poco había pasado un casting para pertenecer a la Academia Tenpayate. 

Mi padre asegura que siempre fui  “la más alegre de la familia”, mientras deja escapar un suspiro  adolorido.  Sentado en mi cama, cuya cabecera está cubierta de muñecos de peluche, revisa los álbumes de fotos en los que aparezco. Algunos  llevan imágenes de mi  fiesta de 15 años,   usé varios  vestidos “como una princesa”.

Todo está intacto, mi cama, mi ropa, mis accesorios,  como si le hubieran puesto al tiempo una pausa en ese lugar de la casa. Mi madre, Nora Abasto Marzana, lo mantiene intacto a la espera de que un buen día entre por esa puerta y podamos reanudar nuestros domingos en los que tomábamos helados.  


Esos días son parte de un pasado remoto, fueron suplantados por las  madrugadas en las que mi padre recorre lenocinios, lugares en donde lo ilegal es moneda corriente, con la esperanza de rescatarme. Lo turba imaginar por lo que pueda estar pasando. 

Un mes antes de mi desaparición mi hermano me obsequió un teléfono móvil por mi cumpleaños. Lo  empecé a utilizar con total afición para  sacarme fotos y acceder a las redes sociales,  algo que no era del agrado de mi padre. “Yo pienso que en el celular alguien la ha visto, la ha contactado...  como es bonita”, dice mi mamá.   

Aquel día  mi papá, un exjugador y árbitro de fútbol que hoy es transportista, nos llevó  a mi hermana menor y a mí  al colegio. Llegamos alrededor de las 7:30, me quedé con la pequeña  a una cuadra de su escuela para comprar  material que necesitaba en la librería. Lo que mis padres no sabían era que ese día no había clases y  me había puesto de acuerdo con unas amigas para ir a pasear.

A mediodía no llegué a casa y mi celular ya estaba apagado. Las horas se hicieron  madrugada y nunca aparecí. 


A primera hora del día siguiente   mi mamá fue a preguntar por mí al colegio. Una de las amigas, con la que había quedado   para ir pasear, dijo que su madre no la dejó salir. Mi  otra amiga contó  que  llegó al lugar que habíamos quedado a las  9:00,  pero que yo no estaba ahí. 

Inmediatamente, mi madre fue a presentar la denuncia en la División de Trata y Tráfico de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen. El policía que la atendió le dijo “no creo que la hayan raptado, se ha debido ir con su cortejo” y aconsejaron que   la familia  espere 24 horas para ver si regresaba. 


Finalmente, sólo emitieron el conocimiento como persona desaparecida y les  explicaron que “para denunciar había que presentar un sospechoso, sino no se puede”. 

 
  El extracto de llamadas reveló que hablé con mis compañeras la noche anterior y que  el teléfono se apagó a las 8:00 de ese día. “Si mi hija se hubiera ido, podía haber seguido usando el teléfono hasta mediodía, no nos habríamos dado cuenta”, dice mi mamá. 

Mi papá se propuso buscarme por su cuenta con el micro que conduce. Ha empapelado trancas, mercados y otros lugares con  mis fotografías. Va a lenocinios para  hacerse pasar por cliente, invita botellas de cerveza y trata de ganarse la confianza de sus trabajadores y los clientes para conseguir información sobre mi paradero.  


Afirma que dentro de algún tiempo “agarrará su mochila” para buscarme en  las fronteras. Ambos decidieron que  aunque la vida se les vaya en ello,  seguirán buscándome hasta el último día de sus vidas, si es necesario. 


Con el dolor y la madrugada,  que ahora es su cómplice en esta cruzada por lograr justicia, me siguen buscando...  “porque si ellos  no lo hacen, nadie lo hará”.

Presupuesto para la Seguridad Ciudadana


La Gobernación de Santa Cruz destina  500 mil bolivianos al área de trata y tráfico y delitos conexos. 


 Por su parte, la Gobernación  asigna un monto de 29.677.896 bolivianos anuales a la Policía, Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia, además de componentes de protección y prevención de violencia contra la mujer, niñez y adolescencia.


 El secretario departamental de Seguridad Ciudadana de Santa Cruz, Enrique Bruno, informó que este año se implementará un  software de gestión policial para sistematizar datos fidedignos respecto a la trata y tráfico y otros delitos. 


En 2017 se construyó una  Estación Policial Integral (EPI) en San Matías, localidad considerada crítica para la trata y tráfico. La infraestructura  cuenta  con una cámara Gesell y demandó con una inversión de 12 millones de bolivianos. Este año instalará una similar en Puerto Suárez.   


Asimismo, se adquirió un sistema de comunicación policial digital encriptada para que la capital del departamento se comunique con capitales de provincias intermedias. 


La finalidad de la implementación del software y el sistema de comunicación  es ejercer un mayor control para la detección de  comisión de delitos, entre los que figura la trata y tráfico.

12
10