Rurrenabaque, La Paz

Abigail: Mis papás han conciliado con el hombre que me abusó

A los 14 años fue violada y embarazada. El agresor pretendió encubrir el delito de estupro con el pago de asistencia familiar.
jueves, 08 de marzo de 2018 · 01:00

 Leny Chuquimia /  Rurrenabaque 


El 3 de enero de 2017, en una ambulancia que partió de Palos Blancos  Abigail llegó  al Hospital del Norte de El Alto. Su embarazo era de alto riesgo, el  parto presentó complicaciones, ella “quería morir”. Apenas tenía 14 años y ocho meses. Antes había sido violada. Ese delito fue encubierto por el agresor con una asistencia familiar de    1.500 bolivianos.  


Hasta ese instante, en  la Defensoría de la Niñez de Rurrenabaque no había una denuncia formal de violación,  sino un documento de transacción en  el que el agresor  admitía su culpabilidad y prometía  dinero a cambio de que la víctima desista de la denuncia. El padre de Abigail firmaba en representación de la niña.       


“Antes te forzaban  y tus papás arreglaban que te cases, como  una compensación”, comenta  doña Rosa P. desde su puesto en  el mercado de Rurrenabaque. No había Defensorías ni Fiscal -dice- cualquier problema se arreglaba así”.


La conciliación entre víctimas menores de edad y  violadores era práctica común. “No tengo  pruebas, pero sabemos que  había libros de  actas donde las violaciones eran  transadas con indemnización por daños y perjuicios o  convivencia de la víctima con su agresor. Era como comprar la honra de las niñas”, dice Mariel Gonzales, responsable de la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia (DNA)  de Rurrenabaque. 


Ocupa el cargo desde el año pasado y en ese tiempo no   ha recibido casos similares. “El único  que tenemos ahora  y en el que estamos a la espera de un juicio oral es el de una transacción en la violación de una menor de edad”, dice refiriéndose al caso de Abigail.


El 2017,  la Defensoría interpuso ante la justicia  cinco denuncias por estupro,  cifra  baja para la realidad de la región, donde las adolescentes  entre  14 y 16 años tienen esposos que les doblan en edad. Para  las familias esto es normal y por eso no denuncian, explica  Gonzales.


 En los registros de la Policía local, desde el mes de septiembre solo hay dos casos de estupro y violación. Ambos fueron reportados por la misma persona. “Vino una mamá e hizo la denuncia pero desistió. Luego volvió para hacer otra  acusación pero no dio el nombre de la  nueva  víctima”, explica un efectivo. No es una excepción: “Entre las familias  acuerdan la convivencia”.


Estas  conciliaciones se esconden en la clandestinidad  de las uniones libres. “Acá no se dan  matrimonios, la mayoría  son concubinatos   de  hecho, por eso no hay registros”, asegura la jefa de  la Defensoría. 


Uno de los pocos datos que  visibilizan  las uniones tempranas son las solicitudes de asistencia familiar. La gestión pasada se asesoraron 245 casos. Todas las demandantes  eran mujeres que se habían separado tras 10 o 15 años de convivencia. “Viendo sus historias, sabemos que el 50% se juntó  antes de los 16.  Ya no estudiaron y tuvieron muchos hijos”.


   Entre  julio y diciembre de 2017, la unidad de psicología del  SLIM de Rurrenabaque  atendió 360 casos  de mujeres víctimas de violencia.  “La mayoría de ellas comenzó a vivir  a los 14 a 16 años con hombres mucho mayores porque se embarazaron o porque sus padres, al saber que hubo relaciones sexuales, conciliaron para que el hombre no las deje”, expone la responsable de la unidad edil de Género  y psicóloga del SLIM, Carolina Soliz.


El estupro  se evidencia años después con violencia  económica, verbal, psicológica y física. Para identificar e intervenir en estos casos  la Defensoría ha instruido  al hospital  de Rurre que todo embarazo adolescente  sea notificado. 
  
Abigail, un caso sin justicia


Cuando Abigail llegó al  Hospital del Norte, la unidad de Trabajo Social del nosocomio envío a Rurrenabaque una solicitud de  información. En el  expediente, la actual responsable de DNA   encontró el testimonio del abuso, un examen médico que certificaba el embarazo y  un acuerdo transaccional firmado entre  el violador y el progenitor. 


 “Ella va y viene  de  Palos Blancos donde está su papá y Rurrenabaque, donde vive su mamá. En abril de  2016 el mototaxista la abuso acá en Rurre. Cuando el papá se dio cuenta  ya había un  embarazo de  más de cuatro meses. Hizo la denuncia al anterior defensor, pero el proceso se detuvo”, relata.


 En el documento transaccional el agresor reconoce haber “doblegado”  a la  adolescente dejándola  en estado de gravidez. A cambio de que desista de la demanda se compromete a pasar a una pensión de 1.500 bolivianos mensuales  y darle otros  4.000 por  los daños causados, monto  que fue entregado a la firma del documento ante un notario.


Dejaba la custodia completa del bebé a Abigail y ponía una cláusula de “visitas a la menor”. En la audiencia cautelar no se aceptó la solicitud de la Defensoría de la detención preventiva. 


     El agresor empezó una denuncia contra la familia de la víctima por chantaje y extorsión. Alega que Abigail lo provocó y busca el sobreseimiento. “El agresor esta libre. Lo último que sabemos es que mediante su abogado ha pedido una  prueba de ADN  que garantice su paternidad.  No estamos  disputando que se haga cargo de la bebé, sino que pague el delito cometido contra la  adolescente”, dice Gonzales, que  ya formalizó la denuncia contra el agresor.
 
 
“No quería, él me amenazó y ellos, mis papás,  han transado. Me da asco... yo no quería ser madre”, dice  Abigail con un dolor indescriptible. Su hija, que hace poco cumplió un año, está al cuidado de la abuela materna.

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