Rodrigo Soria Auza dirige equipos de conservación de parabas amenazadas

Es director ejecutivo de Armonía, una entidad que tiene como fin evitar la extinción de aves.
martes, 10 de octubre de 2017 · 00:00

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz


A principios de los 90, no se sabía mucho de la paraba barba azul (Ara glaucogularis), que es endémica del departamento de Beni. Y hace pocos años se estimaba que la población oscilaba entre 250 a 300 individuos. En 2015, la Asociación Civil Armonía inició un censo con 10 biólogos de campo, cuyos resultados dicen que ahora la población oscila entre 430 a 600 individuos.

"Vamos a publicar un artículo científico. Estamos encontrando que la población es más grande de lo que se pensaba. Pero, sean 400 o 600 sigue siendo una población pequeña y hay que cuidarla”, explicó el director ejecutivo de Armonía, Rodrigo Soria Auza.

Soria empezó a trabajar con los proyectos de esta ONG tras concluir la carrera de Biología de la Universidad de San Simón (Cochabamba). Luego se fue a Alemania donde obtuvo un doctorado de la Universidad de Goettingen. Tras su retorno en 2011 inició una segunda etapa con Armonía y quedó a cargo de diferentes proyectos de conservación. En agosto de 2016 asumió el cargo de director ejecutivo.
 


Armonía, en más de 20 años, por lo menos ha trabajado con 20 especies de aves amenazadas en Bolivia. "Tiene como meta evitar las extinciones de aves y proteger sus hábitat siempre cooperando con el desarrollo sostenible de gente local, que tiene impacto directo sobre los sitios donde estas especies de aves habitan”, afirmó vía Skype desde Cochabamba.

Este científico boliviano expresó su deseo de destacar la labor de los equipos de Armonía, más que su trayectoria profesional. Así fue que hablamos sobre la conservación de dos especies de parabas endémicas en Bolivia: la barba azul y la frente roja (Ara rubrogenys).

Nidos artificiales

Las actividades para la conservación de la paraba barba azul comenzaron alrededor de 1992-1993.
 
Primero se obtuvieron datos básicos como las áreas de distribución y reproducción, así como la magnitud del tráfico.

A principios del 2000 se empezó a concientizar a los benianos, en lugar de mantener la información en reserva. Este cambio de enfoque fue propuesto por el coordinador Mauricio Herrera.

Luego se identificaron dos poblaciones aisladas: la más grande al norte de Trinidad y otra más pequeña al sur, en la región de Loreto. En esta última, en 2005 se comenzaron a construir nidos artificiales. "Las primeras parabas barba azul que empezaron a usar estos nidos lo hicieron al año siguiente. No fue tan fácil”, recordó el biólogo cochabambino.
 

Otra especie de paraba más grande y agresiva ocupó los nidos; y para remediarlo, se hicieron nidos en los que el diámetro de ingreso se redujo de 15 a 11 centímetros. "Son 12 años que se tiene este programa de nidos artificiales. En este tiempo hemos registrado 71 individuos que han nacido, han volado y han dejado los nidos exitosamente”.

"Es un éxito bastante remarcable porque hasta hace poco todo el mundo decía que la población de esta especie oscilaba entre 250 a 300 individuos en vida silvestre. Si han nacido 71, es un porcentaje de la población bastante grande que ha nacido en nuestros nidos artificiales”.

En mayo pasado, Armonía informó que este año nueve pollitos de paraba barba azul volaron con éxito de los nidos; y que se trataba de una segunda generación, pues sus padres también nacieron en ellos, siete años atrás.

Reserva paraba barba azul 

En la región norte, entre Santa Ana y Santa Rosa, a pesar de las dificultades por la extensión y el difícil acceso, se identificó un grupo grande formado por 60 individuos. Posteriormente se optó por comprar por partes la estancia donde se concentraba el grupo. Así nació la primera reserva privada natural barba azul. "En este sitio estamos protegiendo las islas de bosque donde la especie se reúne y se alimenta. Su alimento principal es el motacú, el fruto de una palmera”.

Una fracción de la reserva, está destinada a desarrollar métodos alternativos de ganadería. Esto es importante porque una de las amenazas de las islas de bosque son las quemas de los ganaderos.
 
 
Lo que se quiere es hallar alternativas a esta práctica. Mientras tanto, en la reserva se han hecho cortafuegos de un grosor de hasta 20 metros.

Y con el fin de que la reserva sea autosostenible, Armonía construyó un albergue y una estación biológica. "Recibimos grupos de investigadores principalmente de Escocia, Holanda y Estados Unidos para que vengan a hacer sus investigaciones ecológicas”, explicó. Cuando se hizo la entrevista, el connotado científico estadounidense John Terborgh se encontraba en la reserva.

El albergue ha sido pensado con el fin de explotar una industria que en el país es casi desconocida: el aviturismo o turismo para observadores de aves. Las personas que acuden, en su gran mayoría son extranjeros de más de 50 años con un buen poder adquisitivo. Las actividades de conservación de la paraba frente roja también están vinculadas con la creación de este tipo de albergues; pero en este caso se involucra a comunidades campesinas.

Paraba frente roja

La paraba frente roja vive en los valles secos interandinos del sur de Cochabamba, Santa Cruz, Potosí y Chuquisaca. Como la vegetación nativa ha sido diezmada es frecuente que esta especie se alimente en los maizales que crecen en esas zonas, lo que provoca que los campesinos traten de eliminar a las aves.

Hace dos años, Armonía inició un estudio -en el que trabajaron Felix Huaquipa y Guido Saldaña- que identificó la principal zona de tráfico. "El área donde se encuentra Toro Toro es un lugar donde hay gente que se dedica a atrapar parabas para comercializarlas”, señaló Soria. "Esas parabas salen al mercado de Cochabamba y a otras zonas. Eso hemos descubierto”.
 

Además se halló el principal sitio de reproducción. "Se encuentra en el sur de Cochabamba, en el municipio de Omereque, concretamente en los territorios de dos comunidades locales, que se llaman Perereta y San Carlos”.

Se realizaron diferentes trabajos con estas comunidades, como capacitación para la diversificación de su producción o manejo responsable de agroquímicos. Pero, lo principal fue fomentar el aviturismo. "Viendo esta oportunidad de mercado decidimos construir un albergue ecoturístico dentro de la comunidad de San Carlos”, recordó el biólogo.

Para su manejo se involucró a tres comunidades. "Cada vez que hay turistas se contrata a gente local para la atención, como preparación de alimentos o limpieza del albergue. También para ser guías”. De esta forma surgió una alternativa real para que los comunarios obtengan ingresos.

"Todo el dinero que se gana se divide en cuatro. Tres partes para las tres comunidades y lo que queda se destina para el manejo del albergue. Armonía no gana un centavo pero nos mantenemos involucrados porque nos interesa que funcione”, señaló Soria al aclarar que aún se realizan capacitaciones.

Si bien la especie continúa amenazada, el gran logro consiste en que la gente ahora está consciente de que se debe proteger el sitio de reproducción de la paraba frente roja. "Con mucha confianza puedo decir que las parabas que se reproducen ahí están protegidas por la gente”.

Para realizar todas estas actividades Armonía recibe donaciones y cuenta con varios patrocinadores, cuyos nombres y logos se pueden observar en su página web (armoniabolivia.org).  En el proyecto de la Paraba Frente Roja trabajan: Guido Saldaña Cobarrubias, Mauricio Torrico, Ana Serrano y Claudio Vásquez. Y el equipo que trabaja con la Paraba Barba Azul está formado por: Mauricio Herrera, Gustavo Sánchez, Jesús Chávez, Luis Miguel Ortega Barbosa, César Aguilar, Rudy Alarcón, Bennett Hennessey y Tjalle Boorsma.
 

"Yo me siento bastante bien cuando veo que los esfuerzos de la gente con la que trabajo tienen frutos positivos, estoy orgulloso”, afirmó Soria. "Es importante decir que los éxitos de Armonía no se deben a mí, no se deben a otra persona específica, sino al trabajo en equipo de todas las personas que forman parte”, concluyó.