Suipacha, la gloria de Tupiza

El 7 de diciembre de 1810 se dio la Batalla de Suipacha en la que los tupiceños demostraron su valor. El Ejército argentino estuvo en Tupiza, los comandantes llevaron un distintivo que decía: “La patria a los vencedores de Tupiza”.
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Suipacha, la gloria de Tupiza
La plaza principal de Tupiza, Potosí.
Suipacha, la gloria de Tupiza
Una calle de la población que queda al sureste de Bolivia.
Suipacha, la gloria de Tupiza
Tupiza es dueña de una impresionante naturaleza.
Suipacha, la gloria de Tupiza
Una vista del poblado rodeado por cerros colorados.
Suipacha, la gloria de Tupiza
Rastros de la vía férrea que desde 1924 conectó Tupiza con La Quiaca, Argentina.
Suipacha, la gloria de Tupiza
La plaza principal de Tupiza con un desfile escolar, en 1910.
sábado, 11 de noviembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Humberto Cortés /  Especial Página Siete

Con el descubrimiento y la posterior conquista de América a partir de 1492, se produjo inevitablemente un choque de dos mundos diferentes y contradictorios: la civilización del hierro y de la rueda prevaleció sobre la civilización de la piedra.

El aborigen, pegado a lo bello antes que a lo práctico, estaba en retraso con la historia. A la superioridad de las armas se sumó el elemento  sorpresa provocado por caballos y perros, hasta entonces desconocidos para los nativos.

Es así que transcurren varios siglos, mientras que el dominio peninsular se torna insoportable en el gobierno de sus colonias y la madurez a la que llegaron éstas a comienzo del siglo XIX, lo que las lleva a plantear de forma inmediata la necesidad de la Independencia.

Las doctrinas de  Francisco Suárez, que los jesuitas enseñaron en las universidades, así como la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, que contenían postulados de derecho público acerca de la soberanía popular y que muy hábilmente se aplicaron a la realidad de España y de sus colonias en 1808, constituyeron el sustratum ideológico de la revolución emancipadora.

Recuérdese que Monteagudo, Moreno, Castelli, Saavedra, Belgrano y otros próceres no sólo estuvieron vinculados al Alto Perú, sino que cursaron estudios en la Universidad de Charcas. Esperaban una oportunidad propicia.

Al mismo tiempo, en España sucedieron dos hechos importantes: la abdicación de Carlos IV y  la invasión francesa con las consecuencias para todos conocidas.

En América, las autoridades pretendían que no haya alteración alguna, pero los más listos consideraron que la ocasión no podía ser más propicia para la independencia; en estas circunstancias se suceden las revoluciones de Chuquisaca,  La Paz, Buenos Aires, Cochabamba y Santa Cruz.

El  7 de noviembre de 1810

Mientras tanto en el sur, las tropas enviadas por la Junta de Buenos Aires, a la cabeza de Balcarce, Díaz Vélez y Castelli, colaboradas estrechamente por contingentes de Chichas, al mando de Pedro Arraya, al que se unieron tropas enviadas desde Tarija, enfrentaron a las tropas realistas comandadas por Córdoba.

El primer enfrentamiento tuvo lugar el 27 de octubre de 1810 a orillas del río Cotagaita. Balcarce intimó rendición a los realistas, fuertemente atrincherados. Ante las respuestas negativas se inició el ataque y se combatió por el espacio de cuatro horas y ante la superioridad de las fuerzas realistas, los patriotas tuvieron que replegarse hasta Suipacha  sin ser perseguidos.

Córdoba no supo aprovechar la situación. Permaneció en Cotagaita, donde se incorporó Nieto, recién a los dos días envió una columna que se detuvo en Tupiza. Por su parte, los patriotas se encontraban ubicados estratégicamente en Suipacha y Nazareno. Allí, con el esfuerzo de las tropas del ejército auxiliar argentino, algo de municiones (dos piezas de artillería) y su preocupación de reclutar gente de los alrededores, en reemplazo de los que habían perdido o se pasó al enemigo, Córdoba dio alcance a su columna en Tupiza y desde allí, el 6 de noviembre, dirigió la siguiente proclama:

"Soldados del Ejército de Buenos Aires: El comandante de la tropas de operaciones está a vuestra vista y os habla por este papel... os vamos a atacar en firme y en término que no podéis dejar de ser envueltos... el que me traiga un fusil recibirá 30 pesos; el que venga sin él, 15, al que me conduzca un oficial le daré 500... el que despreciare mis consejos sufrirá la muerte irremisiblemente”.

Fallaron del todo las amenazas y previsiones del jefe realista, y quedaron sin efecto, porque fue completa y absoluta la derrota de sus tropas en los campos de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810. Él mismo se entregó de prisionero, con más de 150 de sus subordinados, quedando en poder del vencedor su artillería, y  municiones.

Repercusiones

La Batalla de Suipacha fue el hecho más glorioso ocurrido en tierra chicheña, no sólo por el triunfo obtenido, sino porque significó aliciente directo para el levantamiento de Potosí el 10 de noviembre del mismo año, deponiendo de su cargo al intendente Paula Sanz .El efecto que produjo este triunfo fue el de dar más y nuevos bríos a la causa de la independencia del Alto Perú.

Al conocerse la noticia en La Paz hubo efervescencia popular y en cabildo abierto, y por voto secreto y unánimemente, se decidió reconocer a la Junta del Río de La Plata. Los trajines bélicos de los patriotas y realistas asolaron los campos por el exceso de los beligerantes, hombres reclutados por la fuerza, los habitantes sometidos a contribuciones y por los hogares dispersos...
 
La guerra lo devoraba todo.

En mérito al triunfo, conseguido por el contingente tupiceño que participó en la batalla y por haber sido Tupiza el cuartel general del Ejército Argentino, la Junta Gubernativa de Buenos Aires autorizó a los comandantes llevar en el brazo derecho un distintivo con la inscripción: "La patria a los vencedores de Tupiza”.

Humberto Cortés es residente  tupiceño en la ciudad de La Paz.

Independencia, la plaza que guarda el recuerdo de Aramayo

La plaza de la Independencia  es uno de los lugares simbólicos de Tupiza, ubicado en el departamento de Potosí y en lo que fue el territorio de los Chichas.

En el centro del espacio está la estatua de José Avelino Aramayo, uno de los Barones del Estaño.
 
El busto fue inaugurado en 1909, por Félix  Aramayo Vega, hijo de Avelino. El minero nació en 1809 en Moraya, un poblado cercano a Tupiza. 

Este barón del estaño vivió un tiempo en Tupiza, con su esposa y sus cuatro hijos, en una casona en  San Joaquín, ubicado a unos  kilómetros del río de Oploca.  Pero pasó sus últimos años  en París, Francia, donde murió el 10 de mayo de 1882.

En 1876, su hijo  Félix  construyó una nueva casona de dos pisos  en Chajrahuasi, en un terreno ubicado  frente a la ciudad, que estaba al lado de una de las riberas del río Tupiza.

La nueva propiedad de los Aramayo,   rodeada de verdes  huertos, fue el hogar  de dos generaciones de los  Aramayo y hoy se constituye en un atractivo turístico de la región rodeada de impresionantes  desfiladeros y formaciones rocosas rojizas,  como las que se encuentran en el  Valle de los Machos, El Sillar, Entre Ríos y otros.

 La casona de los Aramayo está a diez minutos del centro de  la ciudad.

Tupiza fue reconocida como ciudad el 25 de noviembre de 1895, a través de un  decreto firmado por el presidente de entonces  Mariano Baptista. La determinación convirtió a la región en la capital de la Provincia Sud Chichas del departamento de  Potosí.