Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada

El doctor boliviano René Angles Riveros ha dedicado más de 30 años al estudio de la fasciolasis y el parásito que la provoca. Él y un equipo de expertos lograron disminuir su prevalencia.
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Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada
El doctor René Angles ha estudiado por décadas a la fasciola hepática.
Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada
Caracoles acuáticos, que son los hospedadores intermediarios de la fasciola.
Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada
Un equipo de varios profesionales trabajando con varias muestras.
Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada
Placas que contienen las muestras del parásito en diferentes fases de desarrollo.
Una vida dedicada la investigación de una enfermedad olvidada
La forma que adquiere la fasciola cuando se instala en los conductos biliares.
viernes, 29 de diciembre de 2017 · 00:04

Alejandra Pau  / La Paz


 La fasciola tiene una especie de brújula que hace que  llegue desde el intestino al hígado. Cuando se empezó a estudiar la fasciolasis , en la década de los 80, las comunidades aymaras del departamento de La Paz  solamente se referían ella como thallpa lako, “gusano plano”. El doctor y especialista en esta enfermedad, René Angles Riveros le ha dedicado más de tres décadas de su vida a este    padecimiento olvidado.  


En el departamento de La Paz, existen localidades   donde alrededor  del 70% la población estaba infectada en los 80, hoy no llega al 2% gracias los estudios que se emprendieron en esa época y posteriores pruebas.  


Junto a un equipo de profesionales que trabajaban en el Instituto Nacional de Laboratorios en Salud  (Inlasa), Angles se dio a la tarea de  estudiar la fasciolasis (conocida también como  fasciolosis o fascioliasis)    en una zona que se conocería  como la más endémica del mundo.

 Caracoles acuáticos, que son los hospedadores intermediarios de la fasciola.


 “La fasciola hepática ataca en otras latitudes a los animales y no así a los seres humanos. Sin embargo, existe una zona hiperendémica que se encuentra entre el lago Titicaca y la ciudad de La Paz. Son cinco provincias, la más contaminada es Los Andes, después viene Omasuyos, Ingavi, Manco Kapac y Murillo”, detalla el doctor, René Angles.  


La fasciolasis es la principal  enfermedad que  pertenece a la familia de las trematodiasis alimentarias, causadas por gusanos trematodos. 


Existen dos formas en las que un ser humano se enferma: comiendo plantas acuáticas crudas  como: totorilla, totora berros y cochayuyo que están contaminadas; y  bebiendo  agua igualmente contaminada.


La  fasciola vive en las vías biliares de los animales  (ovejas, vacas y cerdos) y de los seres humanos.


 De cientos a miles de  huevos salen al exterior en las heces fecales de las personas y animales que la padecen, y que hacen sus necesidades  al aire libre, cerca de los  cuerpos de agua dulce.  

Un equipo de varios profesionales trabajando con varias muestras.


Posteriormente,  los huevos eclosionan y buscan a los caracoles acuáticos (Galba truncatula) para convertirlos en hospedadores intermediarios. 


  De los caracoles salen  700 mitacercarias,  fase en la que lucen como renacuajos.  Aún con tamaño microscópico,    se adhieren a las plantas acuáticas mientras que otras, en menor cantidad,  quedan flotando en el agua. Así  pasan a su “forma   infectante” para  seres humanos y animales. 

Angles enfatiza que el parásito no vive en el lago Titicaca porque su agua es salobre, y lo que  necesita es agua dulce.  La enfermedad provocada por una o varias    trematodiasis de transmisión alimentaria afecta a 56 millones de personas en el mundo según la Organización Mundial de la salud (OMS). Pese a ello,  es un padecimiento desatendido por  instituciones o empresas farmacéuticas.  
El misterio de la brújula  

 Si bien es un misterio cómo al eclosionar  los huevos los encuentran los caracoles que viven en el agua dulce, uno más inquietante es cómo logran llegar de los intestinos al hígado. Para Angles poseen  una especie de brújula o GPS.

 Una vez en el intestino,  lo atraviesan hasta llegar al peritoneo y desde ahí  llegan hasta cápsula Glisson, que recubre el hígado, y también lo atraviesan.  

Placas que contienen las
muestras del parásito en diferentes
fases de desarrollo.


 “Después sigue rompiendo todo a su paso  hasta llegar a las vías biliares y se instala en la pared en donde vive por 13 años, si no es eliminado con medicamentos. La persona se transforma en un hospedador para la contaminación biológica”, explica el especialista. 


  Dependiendo de cuántos parásitos ingresen al cuerpo puede provocar  hepatitis o cirrosis. No obstante, disminuye  las defensas de quien la padece,  puede provocar anemia, entre otros problemas.   


En los animales puede causar la muerte.  En una autopsia,  Angles  halló hasta 500 fasciolas  en un solo espécimen.


La pasión por la investigación


La dedicación de Angles le valió ser el especialista más reconocido en Bolivia sobre esta enfermedad y ser consultor  de la Organización Panamericana de la Salud y la OMS. “Cuando uno se compromete a hacer algo debe hacerlo con pasión”, dice.  


 Después de una década de investigación en Inlasa,  el experto español de la enfermedad de nivel mundial, Santiago Mas-Coma se contactó con la institución para realizar el Estudio Multidisciplinar Integrado de la Fascioliasis Humana en el Altiplano Norte Boliviano, cuyo informe final se refirió a  la transmisión, epidemiología y control de la misma.


 La investigación, que duró desde 1994 a 1997,  fue la que detectó que algunas  localidades tenían hasta el  70% de sus habitantes infectados. El estudio  realizó la configuración del foco de fasciolasis humana, es decir, el área donde circula  la fasciola hepática.


 Antes de la investigación, no se  habían tomado en cuenta a los cuerpos de agua, los animales y menos aún a  los caracoles.

La forma que adquiere la
fasciola cuando se instala en
los conductos biliares.


 En 2006, los miembros de la investigación fueron invitados por la OMS  a Ginebra. Se estableció entonces la necesidad de controlar la enfermedad en seres humanos.  
 
Entonces, se decidió hacer la prueba piloto para tratar la enfermedad en la localidad de Huacullani. Se distribuyó   triclabendazol en pastillas, los resultados fueron un éxito. Gracias a ello, se  amplió el tratamiento a la zona hiperendémica  reduciendo la prevalencia de la enfermedad al 2%, tras décadas de trabajo.


 En la actualidad, es el Servicio Departamental de Salud de La Paz  se encarga a realizar la desparasitación sistemática con ese medicamento. 
  
En marzo de 2018, se tiene prevista la visita a Bolivia de una misión de expertos de alto nivel de la OMS y España,   que realizarán una valoración de los índices de prevalencia en el país para seguir dotando de forma gratuita el triclabendazol.  


“El mundo de la parasitología en el altiplano boliviano era ancho y ajeno. Nadie se había dedicado a ello (...), entonces había que aportar y no sólo lo hicimos con la fasciola sino en otras dos enfermedades”, concluye Angles.