Singani, la tradición y un nuevo rostro

Rujero lanza una nueva imagen corporativa que aglutina la tradición de su historia, la innovación tecnológica y una proyección de exportación de 500 mil botellas en los siguientes 5 años.
domingo, 11 de marzo de 2018 · 00:04

Alejandra Pau / Tarija


 En época de vendimia los racimos de las uvas Moscatel de Alejandría dejan pequeña la definición de exuberancia. Están listas para ser cosechadas en la hacienda La Loma, a 1.750 metros de altitud, en el municipio de Uriondo, para  iniciar un  proceso mediante  el cual se convertirán en singani, la bebida emblema de Bolivia. 

Alrededor de 3,3 kilos de esta uva se convierten en el contenido de cada botella de 750 mililitros de Singani Rujero. La marca, que lleva más de tres décadas  produciendo esta bebida,  que es parte de la empresa agroindustrial Bodegas y Viñedos La Concepción, presentó  el 8 de marzo su nueva imagen.   

  FOTOS: Freddy Barragán / Página Siete

La etiqueta del Singani Rujero  Colección Privada etiqueta negra   muestra a su tradicional león, pero renovado,  es  “más joven, imponente y dominante”.  El objetivo de la marca es que la bebida sea percibida como “el singani boliviano más poderoso”,  respondiendo a las tendencias que sigue el mercado actual y a  los saberes de su legado histórico.   

“Con esta imagen nos estamos actualizando, estamos tomando más contacto con el consumidor más joven, ya que las generaciones pasadas ya tienen como tradición tomar esta bebida tan boliviana”, manifestó el gerente general de Bodegas y Viñedos La Concepción, Ramiro Magariños. 

Este singani le debe el nombre a la quebrada que se encuentra cerca de las  viñas de la empresa en el Valle de la Concepción. La historia cuenta que cuando el río crecía por las lluvias arrastraba  piedras a su paso. El sonido estruendoso que producía era comparado con el  rugido de un león; el lugar empezó a ser conocido entonces como Rujero hace ya varios siglos.        

Por una superficie que suma alrededor de 15 hectáreas, en las tres haciendas de la empresa, las jornadas laborales se tiñen en un verde  dorado de los frutos dulces que heredan su aroma y sabor al singani. Otras 35 hectáreas cultivadas, de las 105 que posee la compañía, se destinan al cultivo de otras variedades de uva para la elaboración de los vinos. 

“La producción por hectárea fluctúa sobre los 350 quintales (...). Este año hemos implementado 13 nuevas hectáreas,  que empezaremos a aprovechar en dos años (...). Hay alrededor de 150 familias que trabajan con nosotros y nos entregan su uva Moscatel de Alejandría; son familias  del municipio de Uriondo y parte de Cercado”, sostuvo el ingeniero agrónomo de la empresa, Héctor Beltrán Dolz. 

Entre alambiques  e   inversión 

En la planta, después del  control y la  selección, la uva inicia un  proceso que dura meses. Durante ese tiempo pasa a los tanques de fermentación para su posterior destilación en alambiques de cobre.

Desde que la uva ingresa a la planta hasta que se embotella el Singani Colección Privada pasa alrededor de un año.  


“Actualmente, la  producción tiene una proyección de 350 mil botellas”, destacó el  líder del equipo de enología y encargado de bodega de la empresa, Jhonny Salguero.


La planta de elaboración de singani de la empresa atraviesa una etapa de transformación.  En 2016, un grupo familiar empresarial adquirió un lote de acciones y se enfocó en la inversión  tecnológica y la proyección de un producto de exportación.   


Este año alcanzarán los cuatro millones de dólares en inversiones, es decir más de 27,8 millones de bolivianos. Según Magariños, esto les permitirá superar el doble de su  producción actual siguiendo los parámetros de calidad que ya han patentado, garantizando una uniformidad a todas las etapas que conlleva obtener el singani.


   El cambio tecnológico implica usos más eficientes referidos a la energía eléctrica y el agua, que además se complementa con el riego que pasó de ser por gravedad al sistema  por goteo.


     “El siguiente proyecto que queremos encarar  es el reciclaje y reutilización de las aguas que empleamos en el proceso y mejorar nuestra eficiencia en bodega”, informó Magariños.   


500 mil botellas 

En  2015, el primer lote de Singani Rujero que se envió a Estados Unidos contenía 4.000 botellas.

Hasta el momento ya se han enviado 50.000.   


La meta, según  el gerente de La Concepción,  es alcanzar las 500 mil botellas de primera calidad en los próximos cinco años para consolidarse en  Estados Unidos.
  
Para este mercado, la marca presentó además  la imagen de sus  botellas de exportación que destaca la tradición de la bebida.


  Ramón Escobar, un estadounidense hijo de bolivianos, es  el exportador de este singani al país norteamericano. “En el exterior, el Singani Rujero tiene una tradición y autenticidad que nadie puede replicar y eso es lo que queremos mostrar”, dijo.   
 
Rujero genera 2.300 empleos para familias del área rural, 1.100 empleos directos en las bodegas. Se estima además que origina  alrededor de  12.000 empleos en actividades complementarias, como  transporte y comercialización, según estudios realizados en 2012  por la fundación Fautapo y Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID-FOMIN). 


Según el estudio, cada año se producen aproximadamente 30.000 toneladas de uva. El 26%   se industrializa para obtener singani. 


Las condiciones climáticas, la altitud y las cualidades de la tierra hacen al Valle de la Concepción en el lugar donde la uva se convierte en elixir, el tiempo se destila y las bodegas  maceran secretos para saborear.

 Precio  por botella

  •  Precio El costo sugerido de venta de una botella de colección privada etiqueta negra del Singani Rujero en el país es  de 71 bolivianos. La botella en Estados Unidos tiene un precio que oscila entre los 25 y 40 dólares (174 y 278 bolivianos).

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