Sagárnaga, de calle Tambo de Harinas a zona turística

Los que pasan los 80 años recuerdan que de las casonas salían personas con caballos y mulas. Ahora la calle es una de las más conocidas de Bolivia en el exterior. Turista que llega a La Paz la visita. En 2016 fue declarada patrimonio histórico y arquitectónico.
miércoles, 14 de marzo de 2018 · 00:04

Ivone Juárez  /   La Paz

Chokata o Tambo de Harinas, con esos nombres nació la calle Sagárnaga de la ciudad de La Paz durante la época de la Colonia. Formaba parte del Barrio de Indios, que comprendía todo lo que  hoy  es parte de las zonas Rosario, Gran Poder y Chijini. En sus aceras el comercio rebalsaba hasta copar la ruta, por donde  circulaban los comerciantes con sus cargas sobre recuas de mulas o llamas.  

 
Algunas personas, como Marcela,  recuerdan que de las casonas que había en el lugar,  sólo de dos pisos, salía gente montada en caballos o mulas. Marcela tiene 86 años, nació en 1932. Vive en una de esas casonas que sobreviven a los siglos, específicamente en la que ocupa la Federación de Excombatientes Beneméritos de la Guerra del Chaco (1930-1935).


 “Soy nieta de benemérito y mi suegro también fue benemérito y vivo aquí hace más de 60 años”, aclara la anciana.

A la calle llegaban  forasteros y peregrinos.


Vendía tucumanas en la esquina de la calle  con la avenida  Mariscal Santa Cruz. “La calle era un pedregal y estaba cerca del río, y la gente salía con caballos y mulas de las casas”, recuerda.

“Entonces tenía unos 10 o 15 años. Yo nací y crecí por donde era el convento que estaba en lo que hoy es el Correo, pero subía con mi venta  hasta aquí arriba, cerca del templo, a vender”, añade.


 Marcela se refiere al templo mayor de La Paz, a la Basílica de San Francisco, que está sobre la calle Sagárnaga. “Siempre ha sido la mayor iglesia de La Paz, por eso seguramente esta calle  siempre fue tan concurrida, sobre todo por los comerciantes”,  comenta la mujer sin animarse a salir del cuartito precario que ocupa en el segundo patio de la casona de los beneméritos, donde, de no ser por los edificios que se ven cuando se  alza la vista,  parece que el tiempo se hubiese detenido.


Más allá de los recuerdos de Marcela están documentos publicados por la Alcaldía de La Paz que indican que la Sagárnaga fue un lugar destinado al acopio y venta de harina, y al alojamiento de forasteros que llegaban a la urbe. En 2016, la comuna declaró la callejuela Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbano del municipio de La Paz


 “La calle era conocida como Chocata y Tambo de Harinas y formaba parte  del ‘barrio de los indios’, considerándose límite de las jurisdicciones de los barrios de indios de San Sebastián con Santa Bárbara y San Pedro”, se lee en el documento que justifica la declaratoria.

De acuerdo a la misma fuente, la parte destinada a los hospedajes comenzó a desarrollarse con la iniciativa del Conde de Chocata, Juan de Dios Villavicencio, uno de los vecinos más acaudalados de  La Paz. El  conde era propietario de  una casona en la zona, la  que donó para que se convirtiera  en uno de los primeros  alojamientos para los viajeros que llegaban a la ciudad. 


Y la Sagárnaga trascendió en el tiempo con esas dos cualidades: el comercio y el alojamiento para los extranjeros. Según la Declaratoria   de Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbano, a principios del siglo XX   era lugar de venta de  tocuyeros, peluqueros, sombrereros, panaderos y joyeros. 


“Posteriormente se asentaron los tambos-hospedajes, que según sus características aparentemente eran propiedad  de extranjeros, como asiáticos o europeos”, añade el documento.


 La potosina Elena Mamani, viuda del platero Víctor Garnica, recuerda que la venta de joyas de plata en la Sagárnaga  tenía un gran movimiento, sobre todo con los extranjeros. “Los argentinos compraban harto, venían buscando nuestra artesanía en plata”, dice la mujer que llegó a La Paz hace más de 50 años, siguiendo a su esposo, que aquí encontró trabajo para su oficio, la platería. Pero él  murió y con él su oficio. Hoy Elena vende  chompas  de alpaca y otras fibras. 


Cuando ella llegó a la Sagárnaga, la calle ya era la más visitada por los turistas y ya estaba poblada  de artesanos y comerciantes. Graciela Sánchez  conoce cómo la vía se fue transformando en el escaparate de artesanías que es hoy.  Desde sus ocho años acompañó  a su madre Paula Sánchez  en la venta de chompas, ruanas y gorros, “todo de alpaca, tejido a mano, como le gusta a los turistas”. 

Los extranjeros van  a esa calle a   buscar artesanías.


 “Eran unas cuantas mujeres las que  vendían aquí,  Isabel, Flora, Paula, mi mamá y otras ‘cholas bien guapas’. Los puestos estaban pegados a la pared de la iglesia y los franciscanos nos permitían guardar nuestras cosas en su propiedad”, dice la mujer de 68 años y  voz melosa, que con los años que tiene en la Sagárnaga  asegura “defenderse muy bien” con los idiomas extranjeros para convencer a sus clientes.


Graciela también recuerda cómo en la  Sagárnaga comenzaron  a establecerse los hostales, hoteles y otros espacios para entretener a los turistas, como la Peña Nayra. Desde el puesto de su madre veía entrar a Luis Rico, Ernesto Cavour, al Gringo bandolero y la comediante Cacho Mendieta y a otros artistas a la peña que  organizaban shows para los extranjeros. “Era tan tranquilo y seguro para todos, pero ya no es así”, añade la mujer que ofrece mantas y ruanas  de alpaca de colores vibrantes. 


Otro recuerdo que la asalta y ella  disfruta es el de la fiesta  de Ramos, cuando en las puertas del templo de San Francisco se instalaban mujeres para vender tazas de  chocolate con pasas, acompañadas con un panes “deliciosos”.  

Un  escaparate

  • Ubicación  La calle Sagárnaga está ubicada a un lado de la Basílica de San Francisco de La Paz. Se extiende desde la avenida Mariscal Santa Cruz hasta la Max Paredes. 
  • Historia En la vía se encontraba un tambo de harina y en ella se asentaban una gran cantidad de comerciantes que llegaban al lugar en mulas y caballos. Conde de Chocata donó una de sus casas en el lugar para que se convirtiera en  alojamiento para los forasteros que llegaban a La Paz.
  • Turistas La calle Sagárnaga es uno de los lugares más conocidos de La Paz en el exterior, aseguran los artesanos asentados en el lugar.

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