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Opinión

Crítica de la crítica

Una respuesta al ataque del comunicólogo José Luis Exeni al libro Control remoto, de Raúl Peñaranda. Crítica y libro son “intervenciones políticas”, dice el autor, aunque diferentes entre sí.

Crítica de la crítica
Fernando Molina

periodista y escritor

"Exeni va más allá: no sólo afirma que no está bien probado que haya medios paraestatales, sino también que no los hay. Por tanto su argumento no es metodológico, sino sustantivo”.

En La Razón del 18 de mayo, José Luis Exeni critica mordazmente el libro de Raúl Peñaranda Control remoto, que tanto revuelo ha estado causando. Burlas aparte, Exeni presenta dos clases de objeciones al trabajo de Peñaranda: principales y secundarias, teniendo las primeras un carácter aparentemente metodológico, y las segundas, uno aparentemente incidental. A continuación explico en qué consiste lo erróneo de estas clasificaciones, para de ahí inferir el "sentido” del texto de Exeni, esto es, sus supuestos implícitos.
Veamos primero las consideraciones principales. Aluden ellas, ya desde el título del artículo ("Evidencia remota”), a la falta en el libro de pruebas documentales, así como de informantes definitivos, sobre la tesis que allí se defiende, esto es, que importantes medios de comunicación fueron comprados por empresarios ligados al Gobierno, que sus principales directivos fueron nombrados por el Vicepresidente, que su línea editorial se hizo favorable al oficialismo y que a cambio recibieron una cuota segura y alta de publicidad estatal; en suma, que funcionan como "paraestatales”.
Para Exeni, las fuentes identificables en Control remoto son pocas, mientras que las anónimas, demasiadas; los informantes clave resultan poco creíbles (todos ellos tienen algún "pero” político); los estudios de contenido son superficiales; las muestras, exiguas; los periodos analizados, risibles; los cálculos numéricos (sobre la cantidad de propaganda oficial asignada a determinados medios), inconcluyentes.
Ya he dicho que esto es metodológico únicamente en apariencia. Exeni no sólo dice que tales y cuales elementos faltan en el libro, sino que dicha falta falsea la tesis que éste sostiene. Ahora bien, ¿cómo llega a esta conclusión? No se trata de una inferencia lógica. De una demostración imperfecta (dados mis fines, no tengo reparo en aceptar la lista entera de las supuestas carencias de Control remoto) no se deriva que lo demostrable sea falso, únicamente que no ha sido demostrado por completo (aún). Pero Exeni va más allá: no sólo afirma que no está bien probado que haya medios paraestatales, sino también que no los hay. Por tanto su argumento no es metodológico, sino sustantivo.   
En su crítica a Peñaranda, José Luis Exeni señala que aquél no realizó una verdadera investigación pues se limitó a (tratar de) sustentar lo que ya creía saber de antemano, es decir, que varios importantes medios bolivianos tienen carácter "paraestatal”. Pero esta objeción podría hacerse igualmente a cualquier otra investigación, incluso a las de las ciencias naturales. En el campo que aquí interesa, que es el periodístico, nadie hace otra cosa que tratar de respaldar lo mejor que puede una hipótesis de la que ha sido impuesto por un soplo o una corazonada.
Y es que siempre hay que partir de un supuesto sobre la realidad, para luego abordarla; se necesita hacer esto incluso para criticar el libro de un colega. El supuesto de la crítica de Exeni, el  articulador de su socarronería, es el siguiente: los medios en cuestión son inocentes de la acusación que se les ha hecho. Exactamente la tesis contraria a la de Peñaranda. Sólo que, a diferencia de Peñaranda, Exeni ni siquiera trata de probar este supuesto, y no digamos ya con datos empíricos, sino con simples argumentos. Todo en él es risas y suficiencia profesoral (si Peñaranda no comparte la definición de democracia de Exeni tal vez sea porque la política "no es su campo”); y tan pronto deja de quejarse de las presunciones de Control remoto, se pone a hacer presunciones a troche y moche, por ejemplo que ciertos medios -Página Siete entre ellos- son "independientes, mis pelotas”, o que los contenidos de El Deber y Los Tiempos corresponden con los mensajes de la oposición.
¿Basándose en qué estudios, en qué entrevistas, en qué informantes bien contactados y bien identificados, en qué profunda y larga revisión de materiales, hace nuestro autor estas afirmaciones? ¿Es realmente suficiente el recurrir a ciertas "pelotas”? ¿Y por qué está tan seguro de que el Gobierno no tiene nada que ver con los medios que son objeto de este debate? ¿O de que sus propietarios están genuinamente interesados en el periodismo? ¿De dónde le consta que los informantes clave de Peñaranda mienten?
Dirá Exeni que al escribir su artículo no pretendió realizar un estudio científico, sino una "intervención política”, que es lo que también hizo Raúl Peñaranda. Pues bien, vamos a concedérselo. Vamos a conceder que nos encontramos ante dos intervenciones políticas, una objetivamente situada en contra del poder, al que denuncia, y otra objetivamente situada a favor del poder, al que defiende.
Esta defensa no sólo consiste en señalar -implícita pero indudablemente- que los medios paraestatales son un mito. También en aseverar -de pasada- que la democracia no debe "reducirse” (aunque en realidad lo que quiere decir es "referirse”) a la existencia de instituciones de control del poder y preservación de la libertad; ni el derecho a la comunicación debe reducirse/referirse a la libertad de expresión. Éstos son los argumentos secundarios que mencionamos al principio. Son secundarios pero no contingentes, pues vinculan el discurso de Exeni al campo ideológico al que pertenece. Coincidentemente, también es el del poder.
El poder, en su doble aspecto material y simbólico, es el lugar de enunciación de esta crítica.
La aceptación de que tanto la de Peñaranda como la de Exeni son "intervenciones políticas” no significa que las consideremos de igual forma. Las intervenciones a favor del poder causan efectos diferentes que las que se le oponen. Esto por un lado. Pero además no creo que las opiniones sean exclusivamente relativas a los intereses en juego. Las opiniones, las ideas, las "intervenciones políticas”, también son relativas a la verdad y, en esa medida, unas pueden ser mejores que otras. Son mejores las que más se aproximan a la verdad (aunque no lleguen a ser completamente verdaderas, ya que esto podría resultar imposible). Por tal motivo, debemos preferir las intervenciones que nos permiten evaluar sus procedimientos antes que las que carecen de éstos, y las que podemos refutar antes que las que resultan irrefutables por haber sido colocadas fuera del alcance de cualquier comprobación empírica (¿cómo falsear el argumento de las "pelotas”?). De hecho, las intervenciones más válidas serán las que mejor resistan al tiempo, pues éste revela la mayoría de los secretos.

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