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Reseña

Control remoto

El libro de Raúl Peñaranda da tela para propiciar un arduo debate sobre el rol que juegan los medios en este proceso revolucionario.

Control remoto
Diego Ayo

politólogo

 Lo más probable, por tanto, es que en las siguientes dos semanas salgan a la palestra réplicas más o menos matizadas de la ministra, vale decir, personas sin más argumento que la descalificación personal del autor.

He leído la investigación de Raúl Peñaranda Control remoto, y da tela como para propiciar un arduo debate sobre el rol que juegan los medios en este proceso revolucionario.
Sin embargo, creo que lo que menos habrá será debate. Sí, en verdad lo que pensé aquel día en la presentación del libro en la Asociación de Periodistas es que ya no quedan muchos periodistas partidarios y/o simpatizantes del MAS, el Presidente o el "proceso de cambio”, con capacidad para debatir. Lo más probable, por tanto, es que en las siguientes dos semanas salgan a la palestra réplicas más o menos matizadas de la ministra, vale decir, personas sin más argumento que la descalificación personal del autor. La razón es simple: los pensadores mediáticos, al menos los mejores, que alguna vez respaldaron al MAS y/o al presidente Morales y que hubiesen estado en condición de ejercer una defensa razonada, ya no apoyan al MAS/presidente/proceso de cambio.
Fue esto lo que pensé. Y sí, estuve en lo correcto: el primer comentarista del libro fue el periodista/sociólogo César Armando Rojas quien si bien hace algunos años, tres o cuatro, me fustigó por "criticar al proceso”, tuvo un comentario muy consistente de apoyo a "esta excelente investigación”. Posteriormente el segundo comentarista fue un entusiasta promotor de lo que fue el "proceso de cambio” en sus albores: Andrés Gómez, director de ERBOL, quien además de la fina ironía con la que adornó su presentación, respaldó "este periodismo de investigación que va en serio”. Lo propio sucedió con Rafael Archondo quien incluso fungió como representante del Gobierno plurinacional en alguna cartera internacional en Estados Unidos. Sólo algunos días después defendió la calidad de la investigación en el programa  Esta Casa no es Hotel,  frente al mismísimo Jimmy Iturri. Lo propio aconteció con Amalia Pando, quien se mostró abiertamente partidaria del proceso durante el primer gobierno. En esta oportunidad le dio el micrófono a Raúl Peñaranda para que se defienda de las acusaciones de la ministra, añadiendo ella misma punzantes críticas a su "excolega”. O, con Gustavo Guzmán, quien ya es "librepensador”. Como ven, en este breve recorrido he mencionado a periodistas de mucho talento y trayectoria, con quienes el debate hubiese estado garantizado. Incluyo en esta lista al mismo Raúl a quien hice una entrevista hace tres años para una serie de documentales sobre el "riesgo que se cernía sobre los medios en relación a la ley del racismo”. Le dije que "era una ingenuidad no ver que detrás de esta norma se escondía el deseo de anular progresivamente a los medios opositores”. Negó esta posibilidad.
En suma, creo que ello cancela toda posibilidad de debatir. A lo sumo vamos a ver cómo pululan clones davilescos con la orden de desprestigiar a como dé lugar. El primer deceso, por tanto, es el de la inteligencia. Sin embargo, hay un segundo deceso: el de la ética. Leyendo a Tony Judt en Postguerra me di cuenta de que la primera víctima de la Guerra Fría fue esta damisela: la ética. Frente a la necesidad de dar la razón a los "propios”, se podía llegar a tolerar a un criminal patológico como Stalin y/o, desde la acera de enfrente, cohonestar un genocidio como el ocurrido en Vietnam a manos de Estados Unidos. Hoy queda quizás algún periodista pensante  -sí queda- que ha elegido este camino: el de los amigotes frente al camino de la ética.
Y ello deriva en el tercer deceso: el de la misma libertad de expresión como atributo esencial de cualquier democracia que se precie de tal. Por dedicarse a desprestigiar a Peñaranda, se deja de un lado este asunto que es indudablemente el de mayor relevancia. En mi criterio, la crítica de Noam Chomsky a la "manufacturación del consenso” -lectura obligada de los "revolucionarios de turno”- se reproduce hoy en el país, aunque a la inversa: es el partido de izquierda el que "manufactura” el consenso a base de los mismos cinco rasgos que señala este afamado autor de izquierda:
a) Concentración de medios: ya lo dijo el Presidente: "ya la oposición sólo tiene el 10 o 15% de los medios”.
b) Publicidad sólo para los leales: no hay necesidad de que Peñaranda presente pruebas como si fuese policía, fiscal o juez. No hay que confundir. Es periodista y como tal nos señala una tendencia ya visible con muchos medios: la publicidad es sólo para quienes hablan bien del Presidente.
c) Noticias oficiales sólo a los "callados”: los periodistas tienen una principal materia prima: las noticias políticas. Sin embargo, si al Presidente no le da la gana de recibirlos, los ministerios esconden información como efectivamente lo hacen y un largo etcétera, ¿qué te queda? Simple: o te acoplas al Gobierno o no recibes insumos noticiosos para justificar tu pega.
d) Censura a los opositores: No es casual la salida de Roberto Barbery, Carlos Valverde o Tejerina de las pantallas. Hay que censurarlos. Simple. Y de ahí viene la "autocensura”: mejor callarse que perder publicidad, tener un juicio, etcétera.
e) Promoción de una "religión”: Chomsky critica a los medios que han hecho de la "democracia” su religión, y quien no la apoya es un "hereje”. Sucede lo propio en el presente revolucionario que ha hecho del "proceso de cambio” su religión y quien no lo apoye es un hereje que hay que eliminar.
No hay duda: la libertad de expresión está en riesgo, y Peñaranda ha señalado la punta de ese iceberg.

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