La Paz, Bolivia

Lunes 23 de Octubre | 09:35 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Aspectos críticos

La investigación universitaria

Ante la asfixia que sufre la investigación por falta de renovación, no podemos quedarnos de brazos cruzados contemplando una universidad que envejece en el sentido peor de la palabra.

La investigación universitaria

Francesco Zaratti Sacchett

Físico

No hace falta recordar la importancia de la investigación en ciencia y tecnología para la formación de profesionales y el desarrollo de un país, aspectos que exigen que la investigación científica sea sostenible no sólo con financiamiento adecuado, sino fundamentalmente con renovados recursos humanos. En los países más desarrollados, la investigación se reparte entre universidades, centros dependientes de los gobiernos y laboratorios de empresas privadas. Hay un mercado abierto y una fuerte competencia.  Al contrario, en los países en vías de desarrollo las universidades son muchas veces el único lugar donde los jóvenes profesionales pueden dedicarse a la investigación, razón por la cual su destino está inexorablemente ligado al presupuesto y a la reglamentación académica.

La investigación científica en Bolivia, en particular, es básicamente investigación realizada en las universidades, donde la incorporación de los recursos humanos para la investigación está prácticamente estancada. Algunos graduados han optado por buscar empleo en las escasas instituciones extra-universitarias que salen favorecidas con profesionales de excelente nivel; otros han optado por salir al exterior para especializarse en alguna rama de su profesión y la mayoría simplemente se dedica a otros menesteres para ganarse la vida.
Ciertamente, el lograr una especialización en el exterior es positivo para el país, máxime cuando el costo de los estudios de posgrado está a cargo de la cooperación internacional. Sin embargo, no todos los que salen regresan, aunque lo desearan, debido a que no encuentran espacio en las estructuras académicas nacionales. Incluso los que vuelven lo hacen con especializaciones que no suelen encajar en las líneas de investigación que se desarrollan en el país ni en las reales condiciones de la investigación local, razón por la cual, a veces, su frustración crea más conflictos que soluciones.
Una primera conclusión es que deberíamos rechazar las becas de posgrado ofrecidas en áreas desvinculadas de los programas nacionales de investigación, carentes de una mínima planificación que permita reinsertar esos profesionales en los Institutos.
 
Ideas para la sostenibilidad de los recursos humanos en la investigación
Ante la asfixia que sufre la investigación por falta de renovación y la frustración que se siente al no poder retener excelentes alumnos por falta de presupuesto, no podemos quedarnos de brazos cruzados contemplando una universidad que envejece en el sentido peor de la palabra. De ahí surgen las siguientes propuestas que son inherentes a la autonomía universitaria.
La reforma de las ayudantías de cátedra
Las ayudantías de cátedra son actualmente un subsidio a los estudiantes destacados, quienes enseñan prácticas y laboratorios a sus compañeros. En su lugar, esos cargos deberían destinarse a jóvenes investigadores como contraparte docente de un contrato anual o bianual con la Universidad. La experiencia acumulada a lo largo del año o dos  sirve a ellos mismos para decantar su vocación de investigador y al proyecto para recibir la contribución de sangre e ideas jóvenes. En cuanto a la ayuda a los estudiantes destacados y necesitados, ésta puede ser encarada con un programa de becas o de créditos educativos.

Los proyectos con financiamiento externo
Debido a las limitaciones presupuestarias de la Universidad, muchos institutos de investigación han optado por participar en concursos de proyectos financiados por instituciones o fundaciones nacionales e internacionales. La mayoría de los fondos que se obtienen son del tipo "pequeño proyecto”, hasta unos 30.000 dólares para un año de duración. Normalmente esos fondos se destinan a equipamiento y fortalecimiento de los laboratorios, pero muy bien podrían destinarse en parte a la contratación de jóvenes graduados para colaborar a los proyectos bajo la supervisión del investigador principal. De ese modo un grupo de investigación podría optar a más de un proyecto por año y todos saldrían beneficiados.
Particularmente provechosa se ha revelado la cooperación horizontal, de instituto a instituto, por las ventajas adicionales que vienen del intercambio científico y del trabajo sobre mismos temas.  Así pues, proyectos nacionales, como el programa nuclear, pueden abrir nuevas puertas para jóvenes investigadores, si ese programa es realizado con transparencia y profesionalidad.

Uso  inteligente de los recursos extraordinarios de las
universidades
En el caso específico de las universidades públicas bolivianas existen en este momento algunas fuentes extraordinarias de recursos financieros concursables que deberían dedicarse, en parte, para enfrentar este problema vital.
Se trata, en primer lugar, de la participación universitaria en el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), un monto significativo que permite encarar obras mayores de infraestructura, compra de equipos y, ojalá, contratación temporal de jóvenes científicos. También existen fondos de asistencia y cooperación externa, como es el caso de la cooperación sueca con la UMSA (proyecto ASDI-SAREC).
La creación de fondos concursables es sin duda un gran paso adelante, pero tiene varios aspectos perversos. El primero es la burocracia: sin duda un duro obstáculo en la ejecución del proyecto de investigación. El otro es el desacierto en la selección: junto a proyectos valiosos, existen otros que son una pérdida de tiempo y de dinero. Pero quien sabe el aspecto más perverso radica en las limitaciones que se le imponen al investigador principal para contratar libremente sus colaboradores, desvirtuando en la práctica los objetivos de esos fondos.

Alianzas de responsabilidad
 social con empresas
Uno de los campos en que las empresas podrían contribuir al país en el marco de la responsabilidad social es apoyando a investigadores jóvenes mediante becas que les permitan participar en proyectos de investigación en beneficio de la comunidad, especialmente en el entorno en que opera la misma empresa. Para eso hacen falta incentivos tributarios por parte del Gobierno, como hacen otros países.
En conclusión, la experiencia mundial demuestra que no existe educación superior e investigación de nivel sin que se cree una "escuela” y una escuela no se crea si no hay una permanencia de investigadores que aseguren continuidad y renovación con el aporte de las nuevas generaciones.

Sin embargo, la permanencia, por sí sola, puede llevar al estancamiento y la renovación rutinaria a la improvisación. Por esa razón hay que buscar un equilibrio entre un núcleo duro de investigadores experimentados que representan la columna vertebral de los institutos de investigación y la renovación constante que viene de la creatividad, la ambición y la apertura a las nuevas tecnologías típicas de la juventud.

Comentarios

También te puede interesar: