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Educación

Descolonicemos la enseñanza de la lecto- escritura

La pedagoga asegura que la necesidad de una educación descolonizadora obliga a cuestionar el “método global”.

Ana Solares Derpic

Pedagoga

En los años 90 se impulsó en Bolivia y Latinoamérica reformas en la educación escolar y entre las modificaciones realizadas está el método de enseñanza de la lecto-escritura, importado del contexto europeo, principalmente de la reforma española iniciada poco antes.
A la luz de la teoría, el nuevo método para enseñar a leer y escribir (global o analítico) superaba al antiguo (fónico o sintético), aproximando al niño directamente hacia las palabras, en un aprendizaje significativo porque las letras y sílabas aisladas  no tienen sentido en sí mismas. Además, al promover la lectura y escritura desde un inicio se preveía un mejor aprendizaje, al propio ritmo, aunque podía tomar hasta tres años.
La pronta motivación de la lectura y escritura estaba dada, entre otras cosas, en valorar la capacidad del niño para identificar un logo publicitario como una primera forma de leer y en sus primeros garabatos, como una manera temprana de escribir.
La Reforma Educativa 1565 impulsó el método global, admitiendo la aplicación del método mixto (fónico – global) como una medida táctica. A partir de la Ley 070 "Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, que establece el carácter descolonizador de la educación, se asume en definitiva el método global.
Pero, el análisis de los argumentos a favor del método global y en contra del método fónico, revela algunas inconsistencias, ya que la crítica hacia el método "tradicional” (fónico) responde a la experiencia de enseñar a leer y escribir en un idioma opaco como el inglés o francés.
El castellano es un idioma transparente, pues casi todos sus sonidos o fonemas están representados inequívocamente por una letra o grafema, mientras que en un idioma opaco no existe una clara correspondencia grafema - fonema.
Esto implica que para los niños hispanohablantes es de gran utilidad aprender el sonido de las letras, con lo cual pueden pasar fácilmente de la palabra pronunciada a la palabra escrita, pero no así con los niños de habla inglesa o francesa, prueba de lo cual está en los concursos de deletreo del contexto anglosajón y en lo reputado de sus ganadores, que no tiene equivalente en el ámbito de habla hispana.
Entre las críticas al método fónico está la condena a los cuentos, por desvincular al niño de su realidad, pero éstos son ideales para darle una explicación significativa (aunque artificial) a los accidentes ortográficos del castellano; se dice que privilegia la memorización de las letras sacrificando la comprensión del texto, cuando ambas son necesarias y no excluyentes entre sí.
Así, el traslado mecánico de los argumentos en contra y a favor de ambos métodos al contexto hispanohablante, debido a la situación de colonialidad que subalterniza unas sociedades a otras, ha derivado en apropiar una manera de enseñar a leer y escribir a la medida de problemas que no existen en la lecto-escritura del castellano (reflexión que podría trasladarse también a la enseñanza de la lecto-escritura en primera lengua originaria, cuya escritura es transparente) y que equivale a enseñar por el camino más difícil para el niño.
Ahora bien, las dificultades en el aprendizaje de la lecto-escritura en la actualidad, auspiciadas por el método en vigencia son varias y evidentes, por ejemplo: en la cantidad de niños diagnosticados con problemas de aprendizaje, como explicación al fracaso escolar (la causa nunca está en la escuela); en que al restituirse práctica de reprobar estudiantes, el  1° y 2° de primaria presentaron la mayor cantidad de reprobados (como ocurrió en 2009 en la ciudad de Potosí); en los niños con condiciones de desarrollo plenas que no aprenden a leer y escribir, sólo por carecer de ayuda extra-clase; en que a décadas de aplicarse el método global, los libros "de antes” siguen siendo vendidos, incluso en ediciones pirata como denuncia la Prof. Gladys Rivero (El Deber, enero de 2014).
La necesidad de una educación descolonizadora obliga a cuestionar el método global y desmontar el discurso oficial de sustento, articulado con la lógica tecnocrática que privilegia la palabra del experto de escritorio, relega al maestro a simple operario y quita a padres y niños el derecho a voz, y con la lógica patriarcal, legitimadora de la subvención exigida de la madre hacia el trabajo del maestro, lo que ha venido sacando a flote el método global, pero a costa del aprendizaje de niños que no tienen ayuda en casa, dado que el maestro está prohibido de dar el sonido de las letras, para no evitar que el estudiante lo descubra por sí mismo (entiéndase "adivine”).
Para finalizar, cabe subrayar la paradoja de la ley educativa que aboga por la educación descolonizadora y radicaliza la opción por el método global, hecho a la medida del inglés y el francés.

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