La Paz, Bolivia

Lunes 27 de Marzo | 04:30 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
¿Cuánto se avanzó?

Diez años de revolución educativa

Haciendo un balance sobre el posible impacto en la calidad del servicio de este momento, se puede decir que no hubo avance alguno.

Diez años de revolución educativa
Juan Carlos Pimentel

 especialista en educación

 Parafraseando al Che: "Cuando lo cotidiano se hace extraordinario hay revolución”, ¿qué cosas extraordinarias ocurren en el día a día en nuestras escuelas y colegios? ¡Nada!

 A casi diez años de gobierno de Evo Morales, es necesario hacer alguna reflexión crítica sobre su política educativa, que, como toda obra humana, tiene aciertos y dificultades. En esta década se puede distinguir claramente dos momentos:

El primer momento tuvo una duración desde 2006 hasta diciembre de 2010, con la aprobación de la Ley "Avelino Siñani-Elizardo Pérez”. Este momento se caracteriza por el despliegue de esfuerzos por desmantelar lo avanzado con la Ley 1565, los intentos de transformar las escuelas normales cambiando con frecuencia los planes de estudio y la apertura irracional de nuevas normales. La restitución de prerrogativas a la dirigencia del magisterio para decidir en gestión de políticas educativas y, sobre todo, el derecho a decidir el nombramiento de autoridades educativas.
Ahora, haciendo un balance sobre el posible impacto en la calidad del servicio de este momento, se puede decir que no hubo avance alguno. Las motivaciones para destruir a la 1565 fueron más fuertes y eficientes que el afán por construir una nueva opción. Se destruyó lo avanzado sin sustituirlo por algo. Se vivió un verdadero caos curricular; cada unidad educativa tenía su programa. No estaban vigentes los programas para el nivel primario impuestos por la 1565 y ni aquellos aprobados en la década del 70 para el nivel secundario. En los hechos, en esos cuatro años no hubo un currículo oficial, los comerciantes de libros impusieron el currículo de la escuela boliviana a vista y paciencia de las autoridades educativas.
Lo más preocupante y contradictorio con las posturas del Gobierno que se vanagloria de reivindicar los derechos de los pueblos indígenas originarios es que las experiencias de educación intercultural y bilingüe, fomentadas por la 1565 y mucho antes por Unicef y la Comisión Episcopal de Educación, fueron discontinuadas, sin que los Consejos Educativos de los Pueblos Originarios (CEPOS) organizados y fortalecidos al amparo de la 1565 hicieran nada para impedirlo.   
Algo que hemos aprendido como un principio de administración es que si se quiere aplicar un nuevo sistema, un nuevo equipo, jamás sustituyas lo anterior sin estar seguro de que lo nuevo funciona. Aquí se destruyó sin tener con qué sustituir. ¿En estas circunstancias qué calidad del servicio podíamos esperar? Lamentablemente, el Simecal (Sistema de Medición de Calidad) concebido como los ojos de la 1565, que medía los avances de la aplicación de la reforma, es desmantelado y sustituido por el Observatorio de Calidad, que nunca ejecutó operativo alguno para medir calidad.
El segundo momento (2011-2015) se caracteriza por los intentos de aplicación del Modelo Socio-comunitario Productivo con fuerte dosis de voluntarismo y activismo. Se hace de todo, sin priorizar lo estratégico, todos los funcionarios del ministerio están en todo y atendiendo distintos eventos en cualquier parte del país. No se percibe en la gestión del ministerio la presencia de un pensamiento estratégico para cambiar la educación, por eso todo es igual de importante, las olimpiadas científicas, como el calificar expedientes para algún concurso.  Lo evidente es que la ausencia de un plan de transformación educativa, donde cada rubro del programa (gestión, currículo, formación docente, etc.) tengan sus metas anuales y quinquenales, conducen a la improvisación y ejemplos hay muchos.
Por otra parte y esto es lo más delicado, las deficiencias técnicas de los documentos que pretenden concretar las opciones pedagógicas del modelo son evidentes, es lamentable que en diez años de gestión no se haya logrado conformar equipos técnicos eficientes. Sabemos que en la designación de técnicos, con raras excepciones, priman criterios como la militancia del MAS o incluso ser parientes o paisanos de alguna autoridad.   
Un rasgo común de esta etapa, como de la anterior, es el populismo impreso en la gestión. Bajo este principio se declaró la vigencia plena del Escalafón del Magisterio, la recentralización de la administración, apertura de nuevas normales y lo que es peor una reforma del nivel secundario del retoque. Todas estas medidas asumidas con el claro propósito de dar gusto o evitar enfrentarse con el magisterio organizado y no atender las necesidades de cambio que exige la educación.
Luego está el despliegue de esfuerzos para mostrar que se avanza en educación. Las medidas de corte administrativo como el Bono Juancito Pinto, entrega gratuita de diplomas a los bachilleres y computadoras a maestros y estudiantes, el registro único de estudiantes, Profocom con miles de maestros participantes en él, muestra al ministerio del ramo ante los ojos de la opinión pública como eficiente. Si a ello sumamos el enorme despliegue publicitario en torno a los Juegos Plurinacionales y las Olimpiadas Científicas podemos tener la tentación de gritar que "la Revolución Educativa Avanza”. Sin negar que algunas de las medidas citadas anteriormente tengan su valor, no podemos asumir que la transformación educativa ya está en marcha y augurar mejores días para la educación nacional.
Si de verdad y en el fondo de nuestros corazones hemos asumido eso de que la "Revolución Educativa Avanza” tenemos que preguntarnos, parafraseando al Che: "Cuando lo cotidiano se hace extraordinario hay revolución”, ¿qué cosas extraordinarias ocurren en el día a día en nuestras escuelas y colegios? ¡Nada!
El cerebro y el corazón de todo proceso de transformación educativa es la nueva propuesta pedagógica, concretada en planes y programas de estudio. Se pueden hacer avances en materia administrativa, pero si no se instala en las aulas una nueva manera de enseñar y aprender, nuevos enfoques en la enseñanza de las áreas curriculares, nuevos materiales que promuevan aprendizajes significativos, de nada sirven. La construcción de la propuesta curricular del llamado proceso de cambio ha sufrido muchos traspiés, pero más su intento de concretarlos en propuestas técnicas coherentes, casi diez años de gobierno y apenas van dos que se pretende aplicar un nuevo currículo.
1
0
Comentarios

También te puede interesar: