La Paz, Bolivia

Viernes 18 de Agosto | 06:47 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Tres problemas para el debate

Debilidades y retos de la educación universitaria

El autor afirma que se requiere una revisión de los patrones dominantes en el sistema de educación superior.

Franco Gamboa Rocabado
Sociólogo político
 
Bolivia requiere cuanto antes una profunda revisión de los patrones dominantes en el sistema de su educación superior. Específicamente, necesita generar las condiciones para el desarrollo de factores que faciliten la construcción de un pensamiento propio y visiones científicas a partir de sus experiencias históricas. Entre los puntos más problemáticos que afectan a la educación superior en el siglo XXI, se encuentran tres elementos.
 
El primero se refiere al carácter de la transmisión de conocimientos en las universidades, tanto en los programas de licenciatura como en los centros de posgrado, el cual está fuertemente influido por la repetición y los obstáculos institucionales que evitan efectuar investigaciones de calidad, con el propósito de contribuir al desarrollo de la sociedad en general y a los procesos económicos. Si bien las estructuras curriculares declaran que la educación está afincada en la transmisión de competencias, lo que prepondera es únicamente la repetición mecánica de libros texto y teorías convencionales.
 
El segundo problema, consecuencia del primero, tiene que ver con el cultivo de la tolerancia y la creatividad en el trabajo de los estudiantes. Es fundamental dejar de lado la función donde predominan los catedráticos como autoridades únicas dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Ambos fenómenos: tolerancia y creatividad, tienden a desaparecer en la academia boliviana porque, tanto desde la cátedra y como en la gestión universitaria (del pre y posgrado) se trata de negar -a veces sutil y otras abiertamente- la aceptación de puntos de vista divergentes o nuevos, razón por la que se menosprecia cualquier innovación o, simplemente, ésta es una variable inexistente para la práctica docente y la misma gerencia institucional de las universidades, donde las burocracias privilegian todo tipo de normas por encima de la agilidad institucional para una moderna gestión del conocimiento.
 
El tercer problema está relacionado con la posibilidad de transferencia tecnológica o la aplicación de conocimientos que las ciencias puras y sociales pueden realizar a la sociedad boliviana contemporánea. Dicha transferencia está fuertemente vinculada con la superación de la pobreza y los dilemas del desarrollo económico, donde las universidades lamentablemente están perdiendo su papel central al ser rebasadas por Organizaciones No Gubernamentales (ONG), centros privados de investigación y diferentes fundaciones internacionales.

Calidad y la transmisión de conocimientos
 
En las universidades, la transmisión de conocimientos aún es víctima de la repetición acrítica e improvisada que también perturba toda formación profesional. Este obstáculo pedagógico no es asumido como un problema a superar desde las políticas institucionales de la universidad, sino que se trata de un dejar hacer y dejar pasar más bien pragmático. Muchos docentes siguen expresando los mismos postulados teóricos y repitiendo los mismos contenidos que hace décadas, cuando ellos mismos eran estudiantes.
 
Si se hiciera una periodización en la historia de la educación superior, es posible afirmar que la universidad boliviana estuvo signada por cuatro momentos. Primero, la década de los 50 donde había una búsqueda de identidad institucional y profesional para diferentes carreras, con el objetivo de sintonizar bien dentro de las tendencias del desarrollismo. Esta búsqueda era explicable, en la medida en que la educación superior echó mano de lo que había; es decir, de una fuerte influencia de las teorías del desarrollo y de la modernización occidental a imagen de los países industrializados, razón por la cual, toda instrucción profesionalizante privilegió una actitud repetitiva porque tal repetición era sinónima de buena formación. Se asumía que la adquisición de rutinas y hábitos, eventualmente, iban a servir para resolver problemas prácticos durante el ejercicio profesional y el logro del desarrollo industrial, imitando los patrones europeos y norteamericanos.
 
El segundo periodo estuvo altamente politizado e ideologizado. Como no podía ser de otra manera, la década convulsiva de los años 60 y 70 trajo sobre todo a las ciencias sociales bolivianas una confusión entre militancia y formación profesional revolucionaria. Los vientos del marxismo y las doctrinas políticas socialdemócratas rápidamente fueron formando la conciencia de miles de jóvenes de clase media, quienes se convencieron de que la adquisición y producción de conocimientos no tenía nada que ver con la calidad y el empuje de la ciencia, sino con la capacidad de acompañamiento y el compromiso que los cientistas sociales debían tener con el movimiento popular en general -y más específicamente- con el movimiento obrero, cuya lucha fundamental era destronar a las dictaduras militares o instaurar un proceso revolucionario.
 
Este candor revolucionario convirtió a la gestión del proceso educativo de pregrado en otra repetición carente de la crítica de las ideologías revolucionarias europeas y, sobre todo, de aquellas interpretaciones que muchos intelectuales hacían, negando el carácter objetivo de la ciencia para asumir posiciones de "clase”, decisiones políticas supuestamente estratégicas e intereses particularistas, unidos muchas veces a lo que dictaminaban algunos partidos de izquierda o los dirigentes sindicales quienes, entonces, poseían bastante influencia en las aulas universitarias.
 
El tercer momento se relaciona con la década perdida en Bolivia de los años 80, donde tiene lugar una descomposición política de los movimientos obrero y popular a mediados de dicha época. Para ese entonces, también las profesiones tecnológicas sentían la necesidad de una fuerte renovación, específicamente debido al impulso de las revoluciones de la información y las comunicaciones en otras regiones del mundo.
 
En el país, la gestión de la educación universitaria ingresó en una profunda crisis al perder sus horizontes ideológicos hacia comienzos de los años 90, pues se habían desvanecido muchas utopías políticas, surgiendo la necesidad de replantear los viejos dogmas políticos, cuestionados en las aulas cuando estos eran contrastados con la realidad, sobre todo durante la crisis económica que no demandaba soluciones revolucionarias, sino productivas y competitivas.
 
Estos hechos se convirtieron en algo mucho más dramático por la crisis de la deuda externa a mediados de la década de los años 80, y la necesidad de dar respuestas inmediatas a problemas estructurales como la bancarrota económica, la multiculturalidad y el nacimiento de una influencia inédita e incomprendida: la democracia representativa, junto con las nuevas reglas de una economía globalizada. Por lo tanto, la formación universitaria retomó la necesidad de educar profesionales sin tener una vinculación directa con la militancia política, pero no logró identificar una nueva identidad específica para los profesionales y los científicos bolivianos que, lejos de ser militantes, tenían que enfrentar los requisitos y las duras exigencias del mercado laboral y la competitividad en todo nivel.
 
El cuarto momento es el actual, del siglo XXI, donde, paradójicamente, la educación superior en Bolivia ha pasado de la repetición ideológica y de la carencia de identidad profesional competitiva en las nuevas condiciones de mercado, hacia la persistente repetición de las "teorías de moda”, de los gustos extravagantes del momento, una vez más generados en Europa y Norteamérica. Actualmente, la educación superior y su gestión institucional tratan de ser más científicas pero, al mismo tiempo, se reproducen teoremas casi inutilizables para nuestro medio como la discusión sobre la posmodernidad, las teorías liberales del mercado perfecto o las interpretaciones neo-marxistas, mezcladas con las problemáticas indígenas como el colonialismo interno. Una renovación tecnológica e innovadora desde las ciencias puras, continúa siendo muy difícil en el país.
 
La reproducción de teorías de moda permite a muchos docentes dotarse de un barniz renovador, pero todavía huérfano de un real sentido crítico y un esfuerzo meditado para ejecutar investigaciones con calidad. El corolario de este proceso muestra que muchos docentes a tiempo completo no investigan, sino que "enseñan” a tiempo completo. La mayoría de los profesores antiguos publican muy poco y son parte de las discusiones internacionales, solamente en la medida en que recurren a las teorías extranjeras de los centros dominantes del conocimiento.
 
Muchos catedráticos trabajan, además, en otras instituciones fuera del ámbito universitario como consultores, de tal manera que la profesión docente y la vocación por la enseñanza se reducen a horas casi improvisadas, vacías de atributos y prisioneras de ideas ajenas que son asumidas como vienen, y se van como llegaron; es decir, sin haber comprendido que el conocimiento es una permanente construcción, junto con la crítica impenitente, alimentada de mucha investigación, reflexión propia, errores fecundos y apertura sin temor hacia lo nuevo y desconocido.

Tolerancia y creatividad
 
Hoy día, el profesor universitario tiende a ser el jefe supremo de su cátedra, ejerciendo su autoridad con cierto exceso para impartir conocimientos. Estos se convierten en una práctica para refrendar los gustos e inclinaciones personales del docente durante las discusiones en grupo. Nadie se detiene a analizar lo contrapuesto o endeble del conocimiento impartido y, si existe esta posibilidad, el docente no actuará como facilitador y mediador del proceso de enseñanza-aprendizaje, sino como un defensor de posiciones principistas reforzadoras de prejuicios, o de las fórmulas erróneas reproducidas por los organismos internacionales que financian la reproducción de conocimientos, muchas veces nocivos para el país, sobre todo en materia de políticas públicas.
 
Simultáneamente, los estudiantes también reproducen actitudes intolerantes y son presa de la improvisación, pues carecen de habilidades de lectura de comprensión, hábitos sólidos para el estudio, y tampoco tienen un firme interés de largo plazo que esté motivado por el desarrollo de la investigación. Normalmente, los estudiantes quieren titularse de manera inmediata por medio del cumplimiento de algunos requisitos mínimos. Si bien reclaman la necesidad de aprender competencias profesionales eficaces, no poseen un sentido de autonomía para cultivar su propio pensamiento mediante un esfuerzo particular. De esta forma es muy difícil la renovación curricular y la enseñanza universitaria sustentada en el aprendizaje de competencias duraderas y de calidad.
 
El proceso de enseñanza-aprendizaje por competencias es la facultad de movilizar un conjunto de recursos cognoscitivos (conocimientos, capacidades e información), para enfrentar con pertinencia y eficacia una serie imprevisible de situaciones. Las competencias no son en sí mismas, conocimientos, habilidades, o actitudes, aunque movilizan, integran y orquestan tales recursos. El ejercicio de la competencia pasa por operaciones mentales complejas, sostenidas por esquemas de pensamiento, los cuales permiten determinar más o menos de un modo consciente una acción relativamente adaptada a una situación. Por lo tanto, los estudiantes y profesores ejecutan una movilización de diferentes recursos para conseguir un objetivo. A lo largo de la vida, uno aplica competencias triviales u otras vinculadas a los ámbitos culturales o profesionales.
 
La adquisición de competencias requiere de intensos debates y análisis desde diferentes perspectivas. En las aulas universitarias de Bolivia las discusiones existen, pero están vacías de aportes científicos y teóricos. Muchos debates son un ir y venir de actitudes defensivas y, en el fondo, de posiciones dogmáticas sumamente sutiles.
En este ambiente institucional y pedagógico, los estudiantes actúan de una manera práctica, evitando cualquier confrontación académica con los profesores, limitándose a hacer lo mínimo porque esto satisface las condiciones circundantes y da menos trabajo al catedrático que tiene otras ocupaciones no académicas fuera de la universidad. Lo importante es conseguir el título nobiliario-profesional y el cartel que se puede adquirir para diferenciarse de los demás.
 
El resultado es la ausencia de condiciones permanentes de incentivo para cualificar la cátedra universitaria y dotar de mayores estímulos para el aprendizaje de los alumnos. Por lo tanto, la crítica científica, creatividad e imaginación, no pueden ser capturadas como mecanismos movilizadores de la optimización y el mejoramiento del proceso docente de pre o posgrado.

Conclusión: transferencia tecnológica en las ciencias y ONG
 
Otro problema fundamental para este análisis descansa en cómo las ciencias latinoamericanas y bolivianas están en la imposibilidad de lograr una transferencia tecnológica de conocimientos en la sociedad actual. La probabilidad de ligar investigación científica con la aplicación o uso tecnológico del conocimiento es una oportunidad para identificar varias políticas públicas orientadas hacia el alivio de la pobreza y la ejecución de estrategias de desarrollo.
 
Actualmente, Bolivia y América Latina están inundadas de Organizaciones No gubernamentales (ONG) y fundaciones privadas que actúan en el ámbito de las políticas públicas. Esta red de instituciones civiles para el desarrollo creó un "mercado” de la investigación, social y tecnológica, donde se confunden la ciencia (producción de conocimientos) con la consultoría coyuntural para resolver problemas específicos, o se da un énfasis a la investigación institucional situada en algunas ONG, divorciándose de la docencia universitaria.
 
La ausencia de calidad en la profesión docente y la falta de incentivos para mejorar cualquier investigación académica en Bolivia dio como resultado un aislamiento de la universidad (tanto pública como privada) respecto de los grandes problemas del desarrollo y de la reconstrucción del Estado en toda la región.
 
Muchos centros e institutos privados de investigación, virtualmente están monopolizando la producción de conocimientos y su transferencia tecnológica bajo la forma de políticas públicas; sin embargo, estos esfuerzos están totalmente desligados de la discusión abierta en foros públicos y de la misma enseñanza universitaria para la formación de recursos humanos, lo cual repercute en la formación de élites institucionalizadas en ONG y fundaciones, que no tienen la más mínima responsabilidad ante la sociedad para rendir cuentas sobre sus actividades o someter su labor a la crítica académica.
 
En este contexto, la relación investigación-docencia-desarrollo dentro del proceso docente de pre y posgrado en Bolivia deberá ser reformada profundamente. No sólo la estructura institucional de las diferentes facultades de ciencias sociales y exactas (para recuperar mayor efectividad), sino renovar también un ethos universitario donde la tolerancia, creatividad, crítica científica y relativismo cognoscitivo contribuyan a un comportamiento socio-político de comprensión y respeto del otro y de los otros, orientando todo esfuerzo hacia el rescate de una educación liberadora, capaz de hacer sentir plenas libertades -políticas y del conocimiento-, en medio de una vida democrática digna de ser vivida para fomentar el descubrimiento, la corrección de errores y el destierro de todo conservadurismo paralizante.
17
0
Comentarios

También te puede interesar: