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Economía

Entre el idealismo de Fernanda y el pragmatismo de Alberto

Enrique Velazco opina que hay mucho espacio para concebir –siempre fuera del neoliberalismo- las utopías que deberían definir el curso de la historia a partir de la próxima (¿y cercana?) crisis.

Entre el idealismo de Fernanda y el pragmatismo de Alberto
Enrique Velazco Reckling analista

 

Es muy oportuno y estimulante que dos personas de reconocida talla intelectual, y a quienes tengo el privilegio de contar entre mis amistades, pongan como tema de reflexión y debate un tema de fondo: ¿cómo concebimos el desarrollo y el crecimiento? 

 En su columna semanal, Fernanda Wanderley (Página Siete, "¿Crecimiento para quién y para qué?”, 14.07.16) recoge la evidencia mundial de una creciente desigualdad y un alto impacto ambiental para cuestionar las "premisas profundamente arraigadas sobre crecimiento y desarrollo”; plantea la necesidad de "discutir el futuro que queremos como colectividades y, por lo tanto, qué entendemos por desarrollo”, y concluye que "si queremos otro desarrollo, necesitamos cambiar nuestra comprensión de la economía, de sus premisas y conceptos”. 

 Un par de días después, Alberto Bonadona comentó la columna de Fernanda (Página Siete, "Idealista clamor de Wanderley”, 16.07.16). Para él, el mundo es extraordinariamente desigual; respeta y comprende que "espíritus sensibles”, como Fernanda, reaccionen ante las disparidades sociales, pero cuestiona la falta de propuestas concretas, por ejemplo, sobre cómo debe cambiar la comprensión de la economía: ¿plantea Fernanda buscar una nueva concepción teórica de la economía, o un cambio radical del capitalismo? Si busca el cambio en la ortodoxia de la teoría económica, el pedido de Fernanda sería una pérdida de tiempo; y si plantea "romper con las expresiones consumistas, extractivistas, destructivas de los tejidos colectivos y otras miserias del capitalismo”, debe elegir entre romper radicalmente con el capitalismo, o usar sus avances para mejorar la vida de los seres humanos, en particular de los menos privilegiados. 

 Casualmente, el mes pasado fui invitado por las Universidades de Pula (Croacia) y St. Mary’s (Halifax-Canadá) como expositor en el seminario "América Latina en la era pos neoliberal: perspectivas para una transición equitativa y sostenible”. El objetivo era avaluar si los recientes procesos en América Latina podrían consolidar un nuevo modelo de desarrollo económico y social -pos neoliberal y no capitalista- basado en la equidad, la sostenibilidad ambiental, la participación democrática y la genuina inclusión de todos los ciudadanos.

 Destaco las conclusiones relevantes a la reflexión. Primero, hoy coexisten muchas formas de "capitalismo”, incluyendo algunas progresistas. Segundo, romper con el capitalismo –en el sentido general que plantea Alberto- o pretender adecuarlo en beneficio de los menos privilegiados, requiere necesariamente superar, en la teoría económica dominante, al menos el dogmatismo neoliberal. Y, tercero, la "izquierda” –así, entrecomillada y en cursivas- ha preferido asimilar modelos ortodoxos de crecimiento antes que desarrollar los conceptos y las alternativas efectivamente pos neoliberales y no capitalistas.

 Este tercer aspecto es particularmente evidente en América Latina. Ninguno de los países que profesan estar en tránsito hacia fuera del neoliberalismo (y del capitalismo), muestran esfuerzos evidentes por eliminar de la macroeconomía los elementos esenciales del dogma neoliberal. Siguen el recetario general del FMI/BM que incluye "prioridades” como: atraer inversión extranjera; liberalizar el mercado laboral; privilegiar el control de la inflación a la generación de empleo digno; ocultar la pérdida en capacidad de consumo de los ingresos laborales promoviendo (¡como rasgo de modernidad!) la financiarización y el endeudamiento de los hogares; etc. Esas políticas alimentan un desenfreno desarrollista con fuertes impactos ambientales, y que distorsiona los valores sociales, debilitando profundamente la institucionalidad sobre la que debería construirse el desarrollo económico y social, pos neoliberal y no capitalista.

 Pero, ¿no hay realmente alternativas para revertir estas tendencias? Claro que las hay, si nos atrevemos a pensar fuera de la caja conceptual que ha impuesto el neoliberalismo. De hecho, las siguientes proposiciones fueron presentadas por INASET como base de una concepción alternativa del crecimiento (con desarrollo):

 1.     El capital (la inversión) no es el factor que determina el crecimiento ni, menos, el desarrollo. El trabajo precede al capital y es el origen de la riqueza en la sociedad; por ello, las personas deben ser las beneficiarias directas y finales del crecimiento.

2.     Las políticas sectoriales (fiscal, monetaria, cambiaria, etc.) deben ser funcionales a los objetivos de creación de empleo digno y al incremento permanente de la productividad. 

3.     Las políticas de "redistribución” (teoría del goteo desde el Estado), no pueden sustituir la equitativa distribución, vía salarios, del ingreso que genera la productividad del trabajo. 

4.     Las formas preferentes de producción son colectivas o participativas al distribuir el valor agregado, aunque acepta formas capitalistas de emprendimientos que se ajusten a los principios y normas sobre creación de valor y distribución del ingreso.

5.     El extrativismo rentista debe sustituirse por estrategias focalizadas en proyectos "extrac-tégicos” en los que los beneficios para el conjunto justifiquen los costos ambientales y sociales que la sociedad esté dispuesta a aceptar.

 Todas estas proposiciones rompen los "modelos aceptados”, y sólo serían inviables a priori dentro el paradigma neoliberal. Por ello, entre el idealismo de Fernanda y el realismo de Alberto, hay mucho espacio para concebir –siempre fuera del neoliberalismo- las utopías que deberían definir el curso de la historia a partir de la próxima (¿y cercana?) crisis. 

 "Las ideas, no importa cuán bizarras o locas, cambian el mundo y lo seguirán haciendo”, dijo alguien y "seamos realistas, soñemos con lo imposible” era la consigna de juventud. Ojalá muchos más "soñadores con los pies en la tierra” se sumen a Fernanda y Alberto para que estos temas tan fundamentales tengan espacio en la agenda de los debates prioritarios.

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