Letra 7

“El exilio es perpetuamente lo mismo”

En esta entrevista, Carlos Deker-Molina habla de su último libro y, por eso, de sí mismo.
domingo, 08 de octubre de 2017 · 01:00
Mauricio Rodríguez Crítico

Carlos Decker-Molina lo ha vivido todo o casi todo. Escapó de la dictadura boliviana y argentina. Cubrió como periodista la caída del Muro de Berlín. Estuvo en la Guerra Croata–Bosnia y escribió un libro de reportajes sobre esa experiencia. Es un sobreviviente, ahora tiene 77 años y el peso del mundo (de la vida) en su espalda.

Lo conocí como se deben conocer a los grandes: leyendo uno de sus libros. Carlos aún recuerda con cierta nostalgia las tardes caniculares de Parotani (Cochabamba). Allí conoció la lectura. Allí conoció la revolución. Allí fue feliz. Lo escucho en una grabación antigua de Radio Suecia: su voz suena gruesa y viva (con experiencia). Más tarde le solicito una entrevista y dice que sí.
   
¿Izquierda o derecha? 

Ser de izquierdas era ser libresco, hubo un acercamiento intelectual. No fui revolucionario romántico, fui racional. Hoy no es ayer. No puedo ser de derecha (¿qué derecha?, ¿la conservadora?, ¿la neoliberal?), pero no quiere decir que sea revolucionario, he aprendido que el camino más largo es el que mejores resultados da, por eso soy reformista en un contexto democrático liberal.
    
¿Bolivia es de derecha o de izquierda en este momento?

El capitalismo de Estado está vigente, el resto es propaganda. Una cierta oposición (más de derecha) habla de socialismo como manera de desprestigiar una palabra mal tratada desde 1917.
 
Nadie habla de los socialismos democráticos (reformistas) exitosos del norte de Europa.

La nueva izquierda debe enseñar el diálogo para sustituir los monólogos yuxtapuestos de la derecha y de la llamada izquierda. La nueva izquierda debe crear la institucionalidad democrática que haga posible el sustento del sistema, que no es sólo ir a votar. Hay que aceptar las cosas buenas que hacen los gobiernos anteriores y no enfangarse en "el borrón y cuenta nueva”.

Seamos fatalistas: Evo Morales será reelecto.

Evito opinar sobre una política lejana, pero, por mis lecturas me atrevo a decir: la reelección producirá su contrario dialéctico, el reelecto perderá legitimidad. Me recuerda a la caída del MNR y a otras reelecciones en otros países. Nunca funcionan cuando se fuerza la legalidad, además, establecida y creada por el que quiere ser reelecto. Es una gran manera de desprestigiar aún más la palabrita: socialismo.

¿Por qué no regresaste a Bolivia después del exilio?

Porque estaba en mitad de mi carrera como periodista en Radio Suecia; nunca me preguntaron mi color político, creyeron en mi capacidad profesional. Volver implicaba comenzar otra vez, ¿la tercera?, ¿la cuarta? Además, volver implicaba una dependencia política de la que ya me había alejado. Y, quizá lo determinante, mis hijos se habían integrado a la sociedad sueca, eran estudiantes.
 
En tu novela "Carlos el lector”, lo central además de la lectura es el exilio.

Yo diría que el exilio tiene etapas, porque el exilio como tal es perpetuamente lo mismo, lo que cambian son sus modos de sobrevivencia. La primera es la física, estás en otro lugar, en un sitio que no es "tuyo”; luego viene la psicológica, no eres sólo un extraño en barrio ajeno, simplemente no eres lo que fuiste. Y, la tercera etapa es que te das cuenta de que nunca más serás aquél que salió del lugar de donde saliste.

¿De qué cosas te arrepientes como periodista? 

De haber escrito por encargo político en el diario del partido. También me habría encantado aceptar la sugerencia de mi colega Juan Carlos Gumucio de remplazarlo en el Líbano durante la guerra. 
 
De no haber reescrito y republicado mi libro "La historia se escribe ayer”. Se publicó en Cochabamba sin corregir, fue un equívoco de mi padre a quien le mandé los originales para que los lea y él, por hacerme un elogio o darme una sorpresa, entregó a alguna imprenta y se publicó con horrores; sin embargo, tuvo un par de reseñas buenas. 

¿Cómo planificaste "Carlos el lector”?

De principio decidí usar la tercera persona para incorporar ficción en una obra que es una memoria personal que, la regla dice, se debe escribir en primera persona. Y, en homenaje a "Ulises” de James Joyce, decidí que la historia no pase de un solo día y elegí el mismo día de la obra de Joyce, el resto fue fluyendo con mucha pausa y mucho sacrificio. 

Tiré al basurero como la mitad del primer original. Toda la estructura ha pasado por manos de mi amiga Maria Obligado (tallerista argentina). Naturalmente hay cosas que podían ser mejor, siempre es así. Por eso no me gusta publicar, cuando lo hago me entra el miedo al ridículo, pero, por el otro lado está el periodista que trabaja con su permanente "deadline” y publica; entonces sufro.

¿Hay cosas que no hiciste a los 77 años?

Escribir mejor. Escribir la novela de la guerrilla o la gran crónica de la familia boliviana. Comenzaría con la Revolución del 52 y terminaría con Evo Morales. No tengo tiempo. Estoy jugando los descuentos.

¿Y lo peor que viviste cuando cubrías las guerras?

Mi huida con mi colega y traductor Gabriel Afran en el Líbano de paso a Siria. Eran tiempos en que cargábamos dinero en efectivo (dólares); cambiamos a moneda siria en una tienda de abarrotes en lado libanés, estábamos en auto alquilado. De pronto advertimos que otro auto que estaba parqueado en la puerta de la tienda nos seguía y seguía. Nos desviamos por unos caminos vecinales y, de pronto, caímos en un campamento de Hezbola donde nos tuvieron presos un día, hasta que descubrieron que yo era boliviano y quisieron hablar del Che. Nos sacaron algo del dinero que llevábamos, pero nos dejaron seguir a Siria. 

¿Qué tema elegirías para un último reportaje?

La lluvia porque las gotas son lo más cercano a las lágrimas.

¿Y para una última novela?

Sobre la muerte, tan difícil de aceptar por ser irreparable.