Letra 7

La muerte de la elle y otros cocodrilos

Una reseña y a la vez un divertido e instructivo comentario lingüístico.
domingo, 08 de octubre de 2017 · 00:00
Jorge Patiño Sarcinelli  Escritor

 

Hace algunos años los hispanoparlantes libramos a la eñe de la muerte a la que querían condenarla los pragmáticos de la computación. Salimos victoriosos a medias. No hay eñe en las direcciones de correo electrónico, pero ella ha sobrevivido en los ordenadores para consuelo de cruceños e isleños y alivio de los años.  

Otras batallas lingüísticas se libran a diario en calles y periódicos. En casi todos los casos está de un lado el numeroso bando de los usuarios descuidados y espontáneos y del otro los timoratos defensores de la pureza académica de la lengua. La historia de las victorias está con los mercados sobre los salones y con la jugosa expresividad sobre la erudición, pero no por eso son menos importantes esas batallas.

Minorías

Los bolivianos somos, parodiando a Orwell, un país más único que otros; en política, en geografía y en lingüística. Muchas veces ni nos damos cuenta de esto, pero los ejemplos abundan. Uno de ellos -no el más importante- es que somos uno de los últimos bastiones de la pronunciación arcaica de la elle, en lo que nos diferenciamos de casi todo el mundo hispano. Nuestros jóvenes creen que es más cool pronunciar la elle como la ye, y quizá con el tiempo perdamos esa unicidad. 

Así como nos esforzamos por mantener la pureza de la elle, la mayoría de los collas cree todavía que es correcto decir asado y pintado y no asao y pintao, voluntad y no voluntá, fósforos y no foforo, clubs y no clufs, etc. Y cuando oímos las segundas pronunciaciones, al tiro suponemos que se trata de un individuo poco cultivado, de otras tierras o ambas cosas. No estamos tan solos en esa creencia como en la pronunciación de la elle, pero es una minoría menguante la que cree que esas pronunciaciones son incorrectas. El uso se impone y la norma se adapta.

Cocodrilos en el diccionario

El año pasado se publicó un delicioso libro cuya lectura no podría recomendar con más entusiasmo. Se trata de Cocodrilos en el diccionario de Julio Borrego y otros, publicado por el Instituto Cervantes. El objetivo del libro es espigar algunas de las marcas que caracterizan el español del siglo XXI en sus varias tendencias evolutivas. 

Tiene especial interés para nosotros que el libro discuta las tendencias del castellano en todo el universo hispanoparlante, y no sólo en España. El libro incluye un análisis del uso andino e incluso cita un error gramatical de nuestro Ce Mendizábal; mejor que critiquen a que no hablen.

El análisis del libro cubre aspectos de la evolución del castellano desde la pronunciación hasta de léxico, pasando por varias cuestiones gramaticales, y no quiero elegir por el lector lo más interesante. El libro, además del enfoque amplio ya mencionado, tiene la virtud nada despreciable de combinar erudición con humor en un estilo muy ameno. 

Habla y escritura

La primera parte del libro trata de la pronunciación; por ejemplo, de cómo el seseo nuestro y andaluz ya no es considerado condenable por los académicos castellanos, que la elle está en vías de extinción, siendo asimilada en pronunciación a la ye, como la de final en palabras como virtud y merced sigue resistiendo en su lugar, como el maomenos va ganando terreno y el sudao y guardao ya tiene su pronunciación asegurada en hablantes incluso reales.

En el capítulo de la escritura no hay novedades dramáticas, pero no está demás hacer notar que en la ortografía vigente, aprobada por todas las academias de la lengua de Hispanoamérica, se debe escribir "cuórum" (nuestros periódicos y la versión castellana de Word no lo reconocen), que la "y” se llama ye -no i griega- y guion y truhan no llevan acento por ser monosilábicas (nuestros periódicos las acentúan). Hay también una buena argumentación de por qué debemos dejar de resolver la ambigüedad poniendo tilde a solo de solamente.

Las muchas funciones del "se” son tratadas en otro capítulo. ¿Es igual decir "despertó de un sueño” y "se despertó de un sueño”, "se alquilan habitaciones” o "se alquila habitaciones”?  La preferencia no es unánime, 58% de las citas encontradas en Google usa lo segundo.

Ejemplos

En otro capítulo son discutidos los vicios del leísmo y laísmo, capítulo que para los  bolivianos, que incurrimos poco en ellos, resulta algo trivial, pero los españoles lo tienen bien merecido. "Le mató” dicen, según el libro,  36% de ellos y solo 7% de los nuestros. 

Hablando de las dificultades de diferenciar objetos directo e indirecto, falta en el libro una discusión del, para muchos endemoniado, uso de la preposición "a”; por ejemplo en "busco un mozo” y "busco a un mozo”, ambos naturalmente correctos, lo que no se puede decir de muchas aes sobrando y faltando en nuestros periódicos y escritos literarios.

Que la concordancia de pronombres es cosa menos trivial de lo que suponemos, lo prueban los errores de Azorín en "le piden también a las viejas”, de Tirso de Molina en "embarcarme quiero y darle a mis males fin”, y de Cervantes en "no es dado a los caballeros andantes quejarse de dolor alguno, aunque se le salgan la tripas por ella”.

Otro capítulo imperdible es el dedicado a la desaparición paulatina de cuyo, quien, donde y cuan, remplazados cada vez más por el universal y versátil "que”; por ejemplo en "Fue allí que se conocieron” o "¿Qué tan bella es la casa?”, etc. 

En el uso indistinto de las varias formas de pasado, los bolivianos merecemos la siguiente cita: "Según el lingüista Leonardo Gómez Torrego, en zonas como Galicia, León, Asturias o las Canarias, en las que se produce la simplificación a favor de canté, se documentan ocasionalmente secuencias como ‘Ayer lo he pasado muy bien’. Este uso, propio de otras variedades como la boliviana, refleja sin embargo, en esos lugares un intento fallido de adecuarse al uso mayoritario de España”.

La plaga del dequeísmo y los horrores del tipo "detrás tuyo”, como en "hasta el infierno me iría detrás tuyo” en la canción Adiós Carnaval o "sabes que te llevo dentro mío” de Jorge Drexler. Sin embargo, se puede decir "a nuestro alrededor”, pero no "a nuestro enfrente”. En lo países del área andina, dice el libro, se usa el adverbio "delante” precedido de un posesivo, como en "para que un hombre se turbara así en su delante” de Vargas Llosa. Así es.

El libro de referencia tiene otras secciones de igual interés salpicadas de humor y erudición a las que el espacio no me permite hacer justicia, pero espero que estos comentarios basten para que el lector interesado en la evolución de nuestro idioma y su uso correcto lean la obra. No tengo la menor duda de que la disfrutarán.