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Divulgación

La radicalización de la juventud en tiempos del Che

En este artículo, que coincide con el quincuagésimo aniversario de la muerte del Che en Bolivia, veremos algunas expresiones personales de un movimiento que no sólo abarcó a quienes terminaron en la guerrilla.

La radicalización de la juventud en tiempos del Che

Fernando Molina


Igual que en el resto del mundo occidental, los 60 fueron años de radicalización izquierdista de los jóvenes bolivianos, tanto los de la clase media (docentes, estudiantes, funcionarios, etc.) como los de los sectores plebeyos superiores (dirigentes sindicales y  trabajadores industriales). 

Las causas se habían presentado durante la década anterior y fueron más o menos las mismas para todos: la Guerra Fría y, en este contexto, la aparición de "comunismos nacionales” más radicales que el soviético, en particular el chino, el coreano, el vietnamita -el cual se debatía en una guerra contra varias potencias occidentales- y, por supuesto, el cubano; la "desestalinización” de los países de la órbita soviética, la cual desprestigió, especialmente frente a los intelectuales, a la burocracia comunista, que desde antes de la Segunda Guerra Mundial había funcionado como un elemento moderador de la política internacional; y, finalmente, la reforma interna del catolicismo para adaptarse a los tiempos modernos, la cual tomó un rumbo sorprendentemente progresista en el Concilio Vaticano II.

A estos factores internacionales se sumó en Bolivia la terminación del primer ciclo de la Revolución Nacional con un fracaso que llevó a ciertos elementos del nacionalismo revolucionario a cruzar la línea que hasta entonces los había dividido del marxismo, y convertirse en comunistas pro-Moscú o pro-Pekín, en trotskistas y en "castristas”, como comenzaban a ser llamados los seguidores de Fidel Castro y de su peculiar vía, activista y temeraria, de llegar al poder.

En este artículo, cuya publicación coincide con el quincuagésimo aniversario de la muerte del Che en Bolivia, veremos algunas expresiones personales de esta radicalización, con la idea de que sirvan como ejemplos de un movimiento que no sólo abarcó a quienes terminaron en la guerrilla -de los cuales se está hablando mucho en este momento- sino en general a la juventud de la clase media y de los medios sindicales, es decir, a los intelectuales y trabajadores con mayor conciencia política.

La radicalización de Cayetano Llobet y Jaime Paz

En los primeros años 60 un "socialcristiano” era alguien que seguía a Remo Di Natale, organizador político y  precursor de la Democracia Cristiana en Bolivia. Es decir, formaba parte del esfuerzo de la Iglesia Católica en esa época inmediatamente posterior a la Revolución Cubana y al Concilio Vaticano II para politizar a sus feligreses, sobre todo a los obreros y los jóvenes, en un sentido alternativo al que ofrecían las "religiones ideológicas” del siglo XX. Esta obra católica terminó despertando la curiosidad de muchísimos intelectuales y trabajadores por la misma ideología comunista que en principio habían sido llamados a rechazar. 

En esa época aparecía como una opción fresca respecto al bipartidismo revolucionario entre el MNR y Falange Socialista Boliviana, que había polarizado a la sociedad por casi una década, y también respecto de las luchas "filiales” entre las distintas facciones del nacionalismo revolucionario. La sociedad boliviana estaba buscando un cambio y por eso aparecían iniciativas como la Democracia Cristiana o el movimiento socialdemócrata. 

La guía de los socialcristianos era la entonces recién publicada encíclica Mater y Magistra, de Juan XXIII (1961). Uno de ellos era Cayetano Llobet que, gracias a su condición de "católico militante”, consiguió una beca en la Universidad Católica de  Lovaina, escenario en el que se daría su radicalización y la de otros muchos jóvenes bolivianos, como Jaime Paz Zamora, que llegó a Bélgica luego de ser un novicio oblato comprometido.

La estrategia de la Iglesia era "coquetear” con los jóvenes cristianos brillantes para sumarlos a su lucha anticomunista. Esta labor había tenido gran éxito con los cuadros de la democracia cristiana chilena y, de una manera un tanto chusca, sirvió  para proporcionar estudios superiores a muchos importantes dirigentes radicales izquierdistas.

En ese momento la juventud francesa y belga sentía la pulsión de sacar las conclusiones correctas del leninismo, purificándolas de la desviación conservadora y tiránica en la que había incurrido Stalin, lo que se tradujo en un flujo de militantes hacia los recién aparecidos "partidos comunistas marxistas-leninistas” controlados por China.

Sin embargo, el gran renovador intelectual del marxismo en esa época no fue Sartre, pese a militar en los grupos franceses prochinos, sino Louis Althusser, quien se mantendría en el Partido Comunista Francés. El filósofo tendría una gran influencia sobre los estudiantes que se sublevaron en Mayo del 68 en contra del establishment social y cultural, incluyendo en éste, y no en último lugar, al "partido”. 

A través de su discípula Martha Harnneker, autora de un difundidísimo manual de materialismo histórico, Althusser también tuvo influencia en los sectores teorizantes de los movimientos revolucionarios latinoamericanos. Y la tuvo también, por supuesto, en los círculos de estudiantes de Lovaina,  como el de Cayetano Llobet, Jaime Paz, la esposa de éste, Carmen Pereira,  Cuto  Arguedas, Jaime Vergara, Eduardo Ruiz, etc.

Este grupo "asimiló el pensamiento político tercermundista, estudiando a líderes que orientaban procesos políticos de envergadura en varios países del mundo. Leyó a Ho Chi Minh, a Van Giap, conductores del proceso vietnamita; a Kim Il Sun, el líder del proceso norcoreano; a Amílcar Cabral, jefe del proceso anticolonialista de Guinea-Bissau, autor de Unité et Lutte, la ‘Biblia’ de los movimientos anticolonialistas africanos”, dicen Omar Chávez y Susana Peñaranda, biógrafos de Paz Zamora. Y, por supuesto, leyeron a Mao TseTung.

Fue  la visión objetivista y estructural de la revolución que Jaime Paz tomó de Althusser la que determinó su forma particular de radicalizarse, y le evitó caer en el voluntarismo mesiánico de su hermano Néstor y el ELN guevarista, como veremos. 

En este momento, Paz Zamora y Llobet se pronunciaban a favor del "insurreccionalismo”, un camino intermedio entre el "esperar el cumplimiento de las condiciones objetivas” de los soviéticos y el "revolucionar (militarmente) la revolución” de los castristas. Un camino intermedio dictado por el maoísmo,  el cual buscaba reproducir por doquiera la trayectoria del Partido Comunista Chino, que antes de la revolución se había transformado en una organización militar, pero de masas, y no había organizado un "foco” armado, sino la Guerra Popular Prolongada. 

La estrategia del Partido Comunista de Bolivia Marxista-Leninista (PCB-ML) de Bolivia, al que estos estudiantes se afiliaron, se adaptaba a las condiciones sociales bolivianas algo mejor que la de Guevara, pero tampoco era realista, puesto que el latifundismo generalizado contra el que había luchado Mao en su momento había sido eliminado de Bolivia por la Revolución Nacional. Pero en ese momento ninguna prevención que evitara actuar era escuchada con seriedad.  

En 1969 todos ellos viajaron a un entrenamiento militar en Albania, la "peregrinación revolucionaria” que en esa época hacían todos los cuadros del maoísmo internacional. Albania era comunista desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero se había distanciado del "reformismo jrushovista” y aliado temporalmente con China.

La radicalización de René Zavaleta

 

René Zavaleta comenzó su carrera como teórico político en 1959, con un rechazo al intento, que se le antojaba irresponsable y fantasioso, de convertir la Revolución de 1952 en socialista por medio de la acción de los sindicatos obreros, que era lo que quería el POR. 

En 1959, siguiendo la línea de su partido, el MNR, Zavaleta consideraba que lo más importante en ese momento era garantizar la supervivencia de la Revolución frente a las amenazas que ésta recibía, tanto internas como externas; estas últimas provenientes de una "conspiración del imperialismo”. Por tanto, criticaba la adhesión de los mineros (que, sin embargo, "eran” del MNR) a las consignas "economistas” que esgrimía el POR –centradas en aumentos salariales– en contra del manejo económico de los primeros gobiernos emenerristas.

Rechazo al socialismo

En este debate entró por primera vez en contacto (y, por lo pronto, en colisión) con un concepto caro al trotskismo, que lleva el rótulo de "revolución permanente”.  

La premisa básica de la revolución permanente es que en el tiempo actual, que es el tiempo de la internacionalización del capitalismo y de la emergencia del imperialismo, la burguesía boliviana no puede cumplir a cabalidad su misión histórica, es decir, la que le asigna el esquema de desarrollo del marxismo y la que cumplieron las burguesías de los países avanzados (que son "avanzados”, justamente, en el cumplimiento de tal esquema histórico). Tal misión es la industrialización del país, la generalización de las relaciones asalariadas, la creación de un mercado nacional, la igualación de los derechos civiles y políticos de todos los habitantes y su ejercicio constante para la constitución de los sucesivos gobiernos a través de un conjunto de instituciones que conocemos como "democracia representativa”.  

En este primer momento, Zavaleta rechazaba en bloque el concepto, porque movilizaba una serie de opiniones que él, un hombre del MNR, no podía compartir. La primera de ellas era que la Revolución Nacional, que era "burguesa” por sus objetivos de fundación de los cimientos del capitalismo boliviano, no podía realizarse del todo en el marco del dominio burgués, es decir, del gobierno del MNR.

Zavaleta creía por el contrario que el MNR podía lograr el desarrollo de Bolivia, aunque la primera necesidad de éste fuera sobrevivir a la nefasta interferencia del imperialismo, que en esos años se manifestaba como injerencia de los Estados Unidos en las decisiones de la Revolución y ataques golpistas del "fascismo”, es decir, del partido de la reacción contrarrevolucionaria, Falange Socialista Boliviana, en contra del Gobierno establecido. 

Adopción del socialismo

En 1967, en cambio, un Zavaleta que ya había comenzado el proceso de "marxistización” que culminaría a comienzo de la década siguiente, cuando se convertiría en fundador del MIR, llegó a la conclusión de que la "revolución burguesa” iniciada en 1952 sólo podría cumplirse por medio del "socialismo”. 

En Desarrollo de la conciencia nacional Zavaleta afirma que la "frustración capitalista” generada por la incapacidad de la Revolución de 1952 de concentrar el poder, planificar económicamente, desarrollar el país sacándolo del papel que éste tiene asignado en la división internacional de trabajo, en fin, por su fracaso histórico, permite concluir algo general: no sólo falló la dirección política sino la "burguesía” como tal: es ésta la que no ha podido ni puede cumplir su papel de clase, realizar su propia revolución, posibilitar el avance histórico. 

Aquí el lector se preguntará de dónde ha sacado Zavaleta a la "burguesía”, que no existía en 1952 en el país o que, si existía, se encontraba en todo caso –bajo la forma de "oligarquía”– en la vereda del frente, formando parte de una "Rosca” que oprimía al bloque nacional y al cabo resultó aplastada por él.  Se trata de una burguesía "fantasmal”, necesaria para el cumplimiento del esquema marxista. 

 "El error central de la Revolución Boliviana”, dice nuestro autor, el que determinó su fracaso y la "frustración capitalista” del país, fue que en 1952 el proletariado hubiera cedido "el aparato estatal a lo más parecido a una burguesía nacional {que hay} en un país en el que ella casi no existe: a las capas medias del ‘frente de clases nacionales’. Éstas organizan un poder negociador. El resultado es que se acentúan los aspectos formalistas de la democratización {no hay concentración del poder en la Revolución} a la vez que se insiste en las fases inofensivas del desarrollo económico. Si se hubiera tratado de una verdadera burguesía nacional, que es una flor cada vez más rara en estos países, habría realizado la industrialización a la vez que la democratización y la unificación, con lo que, de todas maneras, se habría fortificado ella misma junto con el proletariado… Pero el imperialismo le impedía crecer y ella misma, la larva de una burguesía nacional que no nació, se gratificaba en las tareas sencillas, negociadas e inocuas. El de la Revolución es también, de alguna manera, un ‘Estado burgués sin burguesía’”.

Por tanto, las lecciones de la Revolución lo llevan a la conclusión de que "el camino para avanzar hacia la formación de un Estado nacional era la utilización del socialismo... {Que} ‘La aplicación de métodos socialistas a tareas presocialistas’ era imprescindible para realizar esta noción burguesa que la burguesía no podía realizar... Así, en Bolivia, el socialismo no es una elección sino un factum, no es un ideal de iniciados y ni siquiera una postulación, sino un requisito existencial.
 
Aunque se aceptara la ilusión de que la convivencia entre una burguesía nacional y el imperialismo es posible, se tendría que concluir en que, de todos modos, ese no es el camino boliviano”.

 La radicalización de Néstor Paz

La radicalización política de América Latina en los años 60 comenzó con dos hechos acaecidos, ambos, en enero de 1959: la Revolución Cubana y la convocatoria al Concilio Vaticano II. 

Cada uno de ellos sacudió la conciencia de miles de creyentes, afiliados a la religión católica, los unos, y a la religión laica del comunismo, los otros. Su efecto fue doble, por tanto, para los cristianos con inclinación social, como el cura Camilo Torres, quien adquirió un compromiso que ya no era piadoso, sino político. Se cifraba en el encuentro entre el "poner primero a los pobres” que movía a la mayoría de los católicos conciliares y la "orientación cubana” de la revolución socialista.
 
Torres pasó del sacerdocio a la militancia en el castrista Ejército de Liberación Nacional (ELN) y murió en su primera acción armada, en febrero de 1966. La decisión de los cristianos de unirse a la lucha armada que preconizaban los marxistas fue uno de los principales factores convulsionantes de la situación latinoamericana de esa época. Por eso es posible decir que la radicalización política latinoamericana fue sobre todo la radicalización del cristianismo.    

La muerte de Camilo Torres y, poco después, la inmolación de la guerrilla dirigida por el Che Guevara en 1967, conmovieron de tal manera a los jóvenes cristianos bolivianos –entre ellos al novicio Néstor Paz Zamora, hermano de Jaime– que muchos de ellos decidieron seguir este camino. Un importante grupo de la Democracia Cristiana Revolucionaria, el ala juvenil e izquierdista que acababa de desgajarse del cristianismo político del país, concurriría en 1970 a la selva de Teoponte, al norte de La Paz, para vivir su propia experiencia guerrillera, la cual no tuvo un mejor destino que el del cura Torres. Néstor Paz moriría en ella casi sin combatir, abatido por el hambre y las enfermedades tropicales. 57 jóvenes guerrilleros perecerían con él.

Otros democristianos revolucionarios como Antonio Araníbar, Adalberto Kuajara, Óscar Eid, Gastón Encinas, etc., no irían a la guerrilla pero se unirían a Jaime Paz y formarían el MIR.

 

La radicalización de Motete Zamora

 Óscar Zamora Medinaceli comenzó su larga y voluble carrera política como dirigente estudiantil y universitario de su natal Tarija. Apenas un año después de la fundación del Partido Comunista de Bolivia, en 1951, él se convirtió en dirigente de los estudiantes de secundaria, y en los años siguientes llegó a formar parte de la Federación Universitaria Local de Tarija y de la Confederación de Universitarios de Bolivia. Durante esta época resultó ser uno de los fundadores de la Juventud Comunista. 

Estos méritos y su carismática e incansable personalidad lo llevaron en los primeros años 60 a Praga, situada entonces en la hoy desaparecida Checoslovaquia, donde militó en la Unión Internacional de Estudiantes. En ese momento era el principal cuadro juvenil del comunismo boliviano y probablemente el que más relaciones internacionales tenía. 

La radicalización del socialismo de la que se habla en la nota principal lo encontró en estas elevadas funciones, lo que lo llevó a vincularse con el comunismo chino. A su regreso a Bolivia, en 1964, Óscar Medinaceli, junto a Raúl Ruiz González y Luis Arratia, formaron el ala china del congreso comunista de agosto de ese año, ala que este expulsó y que el año siguiente se convirtió en el Partido Comunista de Bolivia Marxista-Leninista (PCB-ML).

La radicalización política de la época fortaleció al PCB-ML como hizo también con los sectores castristas del comunismo. Zamora mantuvo contactos con Ernesto Guevara y Regis Debray, el francés que teorizó sobre el "foco guerrillero” como medio de liberación de los trabajadores del capitalismo y el imperialismo, pero no apoyó la experiencia de éstos en Bolivia, en la guerrilla de Ñancahuazú, porque, según él, la desconocía antes de que estallara. Esta falta de participación y la polémica entre Zamora y Fidel Castro que la misma causó, fueron elementos importantes de la separación continental entre los comunistas chinos y los guevaristas. Sin embargo, como ya hemos dicho, varios de los combatientes de Guevara en Bolivia provenían del partido de Motete Zamora.

En todo caso, este organizó en 1970 su propio grupo armado, la Unión de Campesinos Pobres (UCAPO). La UCAPO, siguiendo el ejemplo de la Revolución China, tomó haciendas en Santa Cruz con la intención de repartirlas a los parcelarios. Hizo un poco de bulla pero no llegó a enfrentarse con el ejército, que en esa época estaba manejado por los "progresistas” del general Juan José Torres. 

Pronto Zamora "pasó a la clandestinidad” y luego del golpe de Banzer en agosto de 1971 huyó del país.

 

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