Letra 7

El cine “que no se toma en serio”

Una crítica de Thor Ragnarok, película desenfadada pero que, según Ayala, carece de solidez narrativa. El género de los superhéroes ¿está llegando a sus límites?.
domingo, 12 de noviembre de 2017 · 01:00:00 a.m.
Rodrigo Ayala Bluske Director de cine

Parece ser que la recientemente estrenada  Thor Ragnarok  va a ser un éxito en toda la regla: sus primeras cifras de recaudación le auguran un éxito sin precedentes, y casi todas las críticas reproducidas por las páginas especializadas la elogian, aunque entre un piropo y otro, haya distintas variaciones en la tonalidad.

Películas de superhéroes "serias” y "no serias” 

Casi todas las reseñas hacen hincapié en un elemento; el acierto del director neozelandes Taika Waititi en no haber realizado un planteamiento "en serio”, desarrollando una historia liviana, fácil de digerir, casi una auto-parodia. ¿Pero esta es realmente una novedad? Muchas de las películas de lo que se ha denominado del "universo Marvel” comparten esta característica; sin ir más lejos las tres dedicadas a Iron Man (2008, 2010, 2013), las dos de los Vengadores (2012, 2015) y la que al parecer hasta ahora es "la joya de la corona” en este terreno: Guardianes de la galaxia  (2014), a la que el mismo Spielberg en el Festival de Cannes le dedicó algunos elogios apoyándose justamente en "que no se lo toma demasiado en serio”. Incluso cintas producidas por otras empresas decidieron recorrer ese camino con éxito, es el caso de  Deadpool (2016), financiada por la Fox. 

Esta al parecer ha sido la ventaja de las producciones de Marvel sobre las de DC comics, tales como  El Hombre de acero  (2013) o Batman vs. Superman  (2016), duramente criticadas por su pesadez y falta de sentido del humor. En ese terreno la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan constituye la solitaria excepción que parece confirmar la regla.    

Lo que sorprende entonces es la "casi” unanimidad en la recepción positiva. Últimamente da la impresión que es tal el temor de que cada nueva superproducción sea un fracaso, que basta con que una cinta tenga una realización correcta y además acumule ganancia, para que sea aclamada como una obra maestra.  Fue lo que ocurrió hace poco con  La mujer maravilla (perteneciente al sector "serio” del género), que sin demasiados méritos, pero sí con una gran taquilla a cuestas, también fue aclamada.
 
Grasa para andar mejor

Evidentemente las películas "livianas” tienen la ventaja de conceptuarse a sí mismas como un simple divertimento, sin pretender ser lo que no son (como ocurre con algunos de los ejemplos mencionados, el caso de Batman vs. Superman o de El hombre de acero, a las que el director Zack  Zneider da aires shakesperianos).  Sin embargo, el que el humor y en este caso el estilo se utilicen como una "grasa” para hacer correr la maquinaria no significa necesariamente que el engranaje esté bien armado. Esto es lo que ocurre con Thor Ragnarok.

En la cinta, el director Waititi se esfuerza por hacer pasar rápidamente la trama a  base del uso de chistes y lugares comunes, y para ello en muchos casos recurre a un humor verbal propio de las comedias televisivas (el momento en que Thor ve a Hulk y grita a los cuatro vientos "no hay problema, es mi compañero del trabajo”) o la auto-parodia (el actor/personaje Chris Hemsworth lamentándose por su cabellera cortada). 

Por otra parte, las situaciones mediante las cuales va avanzando la historia son calcadas de innumerables versiones previas (los gladiadores que se unen a la rebelión, el ambivalente Loki, etc.) Pero lo concreto es que la trama de la película presenta tantos huecos que es difícil enumerarlos: ¿qué pasó con el valiente pueblo asgardiano, que a mitad de la película resiste la invasión de Hela, pero al principio no reacciona al descubrir que Odín ha sido secuestrado? y ¿qué pasó con el propio Odín?, ¿cómo se explica la pasividad del "padre de todos” cuando es secuestrado y exiliado?, ¿y qué motiva  las misteriosas desapariciones y reapariciones de Heimdall, las que se dan sin explicación ni lógica alguna? 

El director Waititi, al igual que James Gunn, realizador de  Guardianes de la Galaxia, fue reclutado para esta película  por sus antecedentes en un cine desinhibido y por tanto por su   capacidad para conectar con un público joven (Lo que hacemos en las sombras de 2014 es un buen ejemplo de cine paródico sobre vampiros). Sin embargo, Waititi, a diferencia de Gunn, no logra compatibilizar las exigencias del estilo requerido con los de la solidez narrativa.  

¿El declive del género?

Pareciera ser que lo que ahora ocurre con el cine de superhéroes es lo mismo que en su momento se dio con géneros como el western o el musical. Sus estrechos límites, demarcados en parte por la necesidad de ser éxitos comerciales (en los años del Hollywood dorado se suponía que invertir en películas del oeste o musicales era una inversión segura) le impiden profundizar en sus personajes e historias. De alguna manera Christopher Nolan logró reflejar problemas contemporáneos en  El Caballero de la Noche (2008) y las series de superhéroes producidas por Netflix, como  Dare Devil  (2015) o  Jessica Jones  (2015), han podido profundizar en sus personajes; pero en el primer caso se trata de una auténtica excepción, como hemos mencionada antes, mientras que en el segundo, al tratarse de productos destinados a una plataforma que cobra una tarifa plana, sufren la presión del rating en menor grado.

La avalancha de películas de superhéroes no se detendrá mientras se sigan obteniendo buenos resultados en la taquilla; para las próximas semanas se anuncian estrenos como  La Liga de la Justicia, Pantera Negra y AntMan 2. En todos esos casos será interesante observar los esfuerzos de los realizadores para alzar vuelo en lo que parecen ser los límites cada vez más estrechos de una jaula.