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Análisis

Los locos, Leopoldo y el fin de la democracia

Diego Ayo observa el accionar de la justicia boliviana en el caso del exgobernador de Pando. Advierte que hoy los procesos y sentencias dependen del humor de los gobernantes.

Los locos, Leopoldo y el fin de la democracia
Diego Ayo  politólogo

 

Si sales a la calle, dispuesto a ir al trabajo y te chocas en la esquina con un loco que te amenaza, pues aceleras y te escapas. Si al día siguiente pasa lo mismo, pues lo confrontas y al verlo calentarse más, te marchas. Al día siguiente, al suceder lo mismo, llamas a la Policía y ésta no aparece nunca.. Grave, al día siguiente ya no sabes qué hacer.

Tu vida se ha vuelto una pesadilla y no hay Cristo que te defienda. No hay duda que ésta más parece una escena del canal de crímenes ID, que un acontecimiento de la política nacional. Pero no, sí es algo que sucede a diario. Los locos se visten de máximas autoridades y el perseguido es una exautoridad. 

Amanecer todos los días de tu vida sabiendo que estás expuesto a la insanidad de estos locos es y debe ser muy jodido. El loco mayor dice que por genocidio la condena de 15 años que te han dado es mínima; el segundo loco dice que te mereces 30 años; el otro loco, el más rabioso, dice que dormirás con los gusanos y vivirás bajo tierra. Y no son los únicos. Hay hartos y no están en sanatorio alguno. ¡Andan sueltos! Manejan canales, escriben columnas, dirigen (malos) programas de televisión y un largo etcétera que exige entender que hay más locura en las calles, oficinas del Palacio y en estrados judiciales que en todo Sucre junto.

¿Es este un cuento salido de mi morbosa imaginación? Ojalá, pero no. Los locos ocupan la plaza Murillo y el perseguido es Leopoldo Fernández. Su condena es mínima en relación a este suplicio que debe significar estar en manos de gente decidida a hacerte daño. No debe haber segundo en que no creas que van a amedrentar a cuanto juez sea necesario con tal de darte un escarmiento; ni debe haber un instante en el que no te imagines que han amenazado y pueden amenazar a tu familia; no debe haber ni medio momento en el que no sepas que van a intentar nacionalizar tus bienes… ay, la lista se puede alargar, pero no es necesario. 
 
Sólo quiero dejar en claro que ID se ha vuelto realidad, solo que los locos no están en la calle.
 
No: ¡gobiernan! El mundo al revés. Los locos llegan en autos oficiales, mientras las víctimas son las que están apresadas. Cambalache, tango añejo, a ser cantado con febril certidumbre por estos parajes. Y es aquí donde conviene dejar en claro lo que pone en evidencia lo sucedido con Fernández. No es un caso más. Es "el” caso.

Delata el paso de una democracia con Estado de Derecho a un régimen autoritario. En este último tipo de régimen  se puede tener, incluso, el privilegio de contar con un dictador benevolente que durante 30 años gobierne bien. Si, si se puede. ¿Entonces cuál sería el problema si el líder gobernante es tan rico tipo? 

Pues el problema es que aunque sea bueno por 30 años, el año 31 puede dejar de serlo. Le puede doler la espalda y ponerse arisco. Le pueden haber metido cuernos y se pone violento. Le pueden haber ganado una elección algún 21 de febrero y se pone nervioso. 

¿Qué significa esto? Que en este tipo de regímenes tu situación depende del humor de quien gobierna. Aunque su humor sea bueno por 30 años, se le puede mover un tornillo y hundirte como a gusano el año siguiente. No hay previsibilidad. Y ese es el caso que nos convoca hoy en día. 

Leopoldo Fernández depende del humor, siempre movedizo de las autoridades de turno. Y eso no es lo que sucede –no debe suceder– en democracia, no al menos en una democracia en la que se respete la ley. En éstas, aunque seas un asesino, narco o lo que sea, tu destino está en manos de lo que dispone la ley, y no en la buena o mala voluntad de algunas personas.

Hoy la democracia no respeta esos derechos. Leopoldo es víctima de las voluntades. El voluntarismo y el personalismo suplen a la ley. Oír a García Linera dar el veredicto antes de que lo haga la jueza a cargo: "merece 30 años”, es señal incuestionable de que esto es así. Cuando Evo señala, apelando al genocidio y al separatismo, que el exgobernador merecía 30 años, se deschapa solito. Señor presidente, ¡¡¡nadie lo juzgó por esos cargos!!! Pero lo sabemos: ya para entonces, la ley es mera anécdota.

Yo no defiendo a Leopoldo. Defiendo su derecho a ser juzgado al margen de las subjetividades de los rabiosos. Defiendo a la democracia con su respectivo respeto por la ley. No haber convocado a los ministros de turno a que declaren, no haberse investigado sobre quién dio armas a un grupo de campesinos, no haber sido serios en recopilar información sobre el crimen al ingeniero Oshiro, no saber por qué se ordenó que no actuarán las Fuerzas Armadas como pidió Leopoldo, entre otras dudas, y volver el problema un asunto personal, es pisotear la democracia respetuosa de la ley. 

Grave, pues sabes que al salir de tu casa   seguirán los orates del Palacio empeñados en joderte. Hoy 16 de marzo lo vuelven a hacer: dicen que el arresto domiciliario no cuenta. Y mañana dirán que los días en que Fernández se vestía con camisetas de Bolívar tampoco cuentan. Y, ¿qué más cabe esperar pasado mañana? Vaya a saber que cosita se les pasará por la cabeza a estos señores. Eso no es vida. Y, sobre todo, eso no es democracia. Difícil para Fernández y, con él, difícil para el país entero depender de los caprichos inestables de los locos que, para colmo, buscan rerere-elegirse. 

Prendan la televisión señores, ¡una nueva serie se anuncia en ID!


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