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Medio Ambiente y Seguridad en riesgo por la ley de coca

Con la promulgación de la norma también se verían afectadas las relaciones del país con otros que velan por la reducción del narcotráfico. Cuatro expertos analizan, desde diversos ángulos, las consecuencias que conlleva la legalización de 22.000 hectáreas de cultivos de coca en Bolivia.

Medio Ambiente y Seguridad en riesgo por la ley de coca
Carla A. Hannover periodista

 Tres días  antes del feriado de  Carnaval el pleno de la Cámara de Diputados aprobó  el proyecto de la Ley General de la Coca, que establece 13.000 hectáreas de cultivos de coca en  los Yungas de La Paz y 7.000 hectáreas para el Chapare de Cochabamba. Un día  después, el jueves 23 de febrero,  el proyecto  fue aprobado en el Senado y  hasta el jueves 2 de marzo  se esperaba que el presidente Evo Morales lo promulgue.
  
La aprobación de este proyecto en ambas cámaras  generó preocupación entre ciudadanos, profesionales e intelectuales, quienes la semana pasada enviaron una carta al Presidente en la que le expresan su preocupación por las posibles consecuencias que traería para el país el incremento de cultivos  de coca.

Señalan que  los efectos de la promulgación de esta norma  serían en algunos casos catastróficas para el país, pues a nivel interno Bolivia  corre el riesgo de incrementar el consumo local de cocaína y por ende la inseguridad. 

"Con la promulgación de esta norma se estimulará el consumo interno de droga. Pero, además, crecerán los problemas de la delincuencia e inseguridad y habrá un  debilitamiento de la cohesión social”, señala el exvicepresidente del país Víctor Hugo Cárdenas, uno de los 147 intelectuales  que la semana  pasada firmó la carta en la que se rechaza la promulgación de la norma. 

En el escenario internacional, el país corre el riesgo de ser  visto como un Estado más  permisivo con la producción de droga. "Esto le acarreará una serie de inconvenientes en la medida que la droga  boliviana  es comercializada,   especialmente fuera de Bolivia, lo que nos  descreditará a nivel  internacional”, explica  a Página Siete el político chuquisaqueño Germán Gutiérrez Gantier. 

La coca en el país

En Bolivia la planta es cultivada en dos regiones: en Yungas y en Chapare. Los cocales de Yungas son reconocidos como los tradicionales y abastecen el mercado interno que se comercializa para el masticado también conocido como el  "acullicu”. Mientras que los cocales ubicados en la región  del Chapare son, presumiblemente, destinados en  gran parte al narcotráfico.    

El Gobierno   aseguró que el incremento de la producción está destinado a la investigación de usos alternativos de la planta y su procesamiento a nivel industrial. De hecho, el día de la aprobación del proyecto de ley en el senado, el presidente de esa cámara, José Alberto Gonzales, indicó que "lo importante ha sido dessatanizar (sic) a la hoja de coca, despenalizarla, liberarla (...) Estamos hablando de una hoja noble, buena; de una hoja sagrada que no merecía ser estigmatizada de la forma en que lo fue durante estos casi treinta años desde la Ley 1008”.

 

Destacados profesionales dan su punto de vista sobre la  promulgación de Ley General de la Coca

 

Germán Gutiérrez  Político chuquisaqueño
 "Esta  norma contradice a la Constitución” 

Al interior del MAS, la aprobación del proyecto de Ley General de la Coca se da como producto de sus tensiones corporativas, en las que  pesa mucho la pertenencia y dirección del presidente Morales a los sectores de la coca. Sumado a ello,  la medida tiene una innegable vinculación  a su pretensión de habilitarse nuevamente en las próximas elecciones nacionales. 

En consecuencia, parecería que busca afianzar su repostulación al interior de los movimientos sociales en los   que se  juegan sus intereses sectoriales en un momento clave, pues estamos  en un  escenario en el que   la sociedad civil boliviana  cada vez da  más muestras  de no  estar dispuesta a tolerar estos actos de arbitrariedad.

Un tercer escenario es el constitucional, pues el contenido de su  artículo 16  legaliza la producción de la coca en zonas no tradicionales en contra de lo que manda el artículo 384 de la Constitución, que obliga al Estado a proteger la coca originaria y ancestral para usos legales y que en su estado natural no es estupefaciente, pero lo cierto es que no hay cocaína sin coca y que cualquier producción excedentaria de la hoja de coca va al mercado ilegal. Por supuesto que la ley comentada no revalorizara ni promoverá la industrialización de la hoja de coca, que a la fecha sólo ha sido una ilusión sin fundamento. 

En el  cuarto escenario, el internacional, Bolivia será visto como un Estado más  permisivo con la producción de droga, lo cual le acarreará una serie de inconvenientes en la medida que la droga  boliviana  es comercializada,   especialmente fuera de Bolivia, lo que nos  desacreditará a nivel  internacional.
 
Víctor Hugo Cárdenas Exvicepresidente de Bolivia
 "Consecuencias catastróficas dentro y fuera” 

A nivel interno, la aprobación acelerada de la Ley General de la Coca demostró el poder social y político de los cocaleros del Chapare frente a un Gobierno inerme, sin política explícita sobre la coca. Al legalizar áreas ilegales que, en un 95%, según Naciones Unidas, circula fuera del mercado legal de Sacaba, el Estado capituló ante el poder cocalero. 

Se aumentará el volumen de la materia prima para la elaboración de la cocaína. Además, se dio luz verde a la ampliación de la frontera agrícola de la coca, es decir, la invasión a las ricas tierras del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure   (TIPNIS), ya se anunció un decreto con ese fin.

Se estimulará el consumo interno de droga, los problemas de la delincuencia e inseguridad y el debilitamiento de la cohesión social. A nivel externo, nuestro país marcharía a contracorriente de la reducción de los cultivos de coca acordados en Viena y otras instancias internacionales, no sólo la Convención de Viena, sino los compromisos firmados por Bolivia en el Mercosur, la Comunidad Andina, la Unasur y otros organismos. 

¿Cuáles serán las reacciones de los países europeos quienes, de buena fe, financiaron el primer estudio para determinar la superficie de coca necesaria para el consumo legal?

 
Iván Arias analista político 
 "No pueden salir de la espiral  coca-cocaína”

El tema de la expansión de los cultivos de coca es realmente  preocupante. Hay un Gobierno que está decidiendo que el país legalice lo que  estaba ilegal. Ese es un pésimo mensaje a la comunidad nacional porque nos está diciendo  que son los ilegales los que gobiernan a las personas que se esfuerzan,  trabajan y pagan sus impuestos.

 Por ello,  lo que debemos preguntarnos es ¿qué ha hecho  en 11 años   el gobierno del Movimiento Al Socialismo  (MAS) para sacar a los campesinos del Chapare de esa peligrosa espiral coca-cocaína? ¿Qué ha hecho para que el Chapare deje de ser un emporio de la droga y sea más bien un emporio del desarrollo?  ¿Para qué ha hecho semejante aeropuerto en el Chapare si nada llega allí? ¿Para qué ha hecho semejante campo deportivo si no hay equipos de fútbol? 

 Evo Morales, lejos de liderar el actual problema de los campesinos tanto de los Yungas como del Chapare y convertirlos en empresarios, como ocurre cuando los campesinos se van a oriente, los ha entornillado   mucho más de lo que estaban en el 2006. 

 Los campesinos tenían la oportunidad de ser liberados por su líder, pero ahora están presos de su líder porque en el Chapare nadie es dueño de su tierra, los títulos los tiene el sindicato. Los dirigentes de las federaciones actúan como  verdaderos comisarios ante cualquier disidencia interna.

 Los campesinos no están liberados y han entrado en una espiral peligrosísima del círculo coca-cocaína. Un Gobierno que debería sacarlos de ese circulo ha hecho casi nada para liberar a ese sector.
 
Cecilia Requena      experta en temas medioambientales 
"El problema de la coca trae una serie de problemas sistémicos”

  Hay varias dimensiones desde las que se puede cuestionar la legalización que se quiere hacer de las 22 mil hectáreas de coca. Una tiene que ver con la coca como monocultivo. La segunda  tiene que ver con la cocaína derivada de  la coca. La tercera que tiene que ver con la seguridad alimentaria, y la cuarta que  está relacionada con la deforestación y la presión sobre áreas protegidas. 

Con las 12.000 hectáreas que ya se tenían legalizadas ya se generaba una presión sobre los bosques y, muy específicamente, sobre las áreas protegidas. El último informe de Naciones Unidas decía que uno de los lugares de mayor crecimiento porcentual de coca en Bolivia eran las áreas protegidas y uno de esos lugares era el TIPNIS. Es decir, que  la coca se está expandiendo a costa de nuestras áreas protegidas, las está deforestando.  

 Se sabe que la presión de la carretera  por el TIPNIS está  impulsada por los cocaleros que ya invandieron más de 200 mil hectáreas. Se asentaron ilegalmente en ese parque y encima hicieron cultivo ilegal. Es decir, que estamos frente a  un sector que incurre en una doble ilegalidad.

   Si bien la versión oficial señala que se  está reconociendo  lo que ya existía, sabemos cómo funciona esto en el país. Es decir,  si hay 6.000 hectáreas legales de coca, hay una presión porque esto crezca. 

 Cuando se legalicen las  22.000 hectáreas de coca, inevitablemente habrá una tendencia a que la presión crezca y de esa forma crecerá la deforestación. El  problema de la deforestación,   en áreas protegidas  y en otros lugares, es  multidimensional. Comienza con  el cambio climático, continúa con   la provisión de agua, con la pérdida de biodiversidad y de seguridad alimentaria. Estos no son todos los efectos sistémicos, pero sí los  más importantes.  

En cuanto a seguridad alimentaria, estamos remplazando cultivos alimentarios por coca, que  es lo que sucedió en los Yungas. Producto de ello, importamos cada vez más alimentos en contra de toda la política de soberanía alimentaria. Ahora  todos quieren plantar coca porque tiene un buen precio en el mercado.   Que el precio de la coca sea alto se debe al narcotráfico, si no hubiera narcotráfico no habría esa demanda. 

  Ahora bien, para cultivar coca se sabe que se   necesita agroquímicos que matan a los insectos, las abejas,  las hierbas,  los microorganismos del suelo que lo  hacen poroso y que lo hacen fértil y luego esto empeora con el uso del abono químico  con el que se  termina de quemar el suelo.     
Todos los agroquímicos que se usan en los cultivos de coca contaminan el aire, la tierra y el agua y finalmente matan la biodiversidad y afectan a la salud de los seres humanos. De manera directa a los que los usan y de manera indirecta quienes consumen alimentos o agua contaminada. 

 Terminamos este círculo vicioso con la producción de cocaína, donde se usan cosas mucho más fuertes  como ácido sulfúrico o  gasolina y eso termina de matar al medioambiente. Mientras más se produce cocaína,  más se contamina. 

  Realmente por donde se lo vea, el incrementar las hectáreas de los cultivos de coca generará a la larga  un desastre ambiental. Lo que está haciendo el Gobierno, al no tomar en cuenta los límites de la naturaleza, nos está llevando por un camino desastrozo, tomando en cuenta que lo de la coca se suma a sus políticas extractivistas de búsqueda  de minerales e hidrocarburos.



 

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