La Paz, Bolivia

Lunes 25 de Septiembre | 05:47 hs

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Entrevista con Henry Oporto

Las brechas que detienen el desarrollo de La Paz

La Paz parece “haber acentuado su naturaleza abigarrada, su intensa fragmentación..'

Las brechas que detienen el desarrollo de La Paz

Henry Oportoes autor de La Paz, tierra de contrastes.

Redacción  IDEAS 

 

Hace más o menos una década, un equipo de historiadores liderado por Fernando Cajías hizo un estudio sobre la historia de La Paz, desde la perspectiva del presente, a fin de determinar las características de su constitución social. Luego las conclusiones se validaron en talleres con los intelectuales paceños del momento.

Este proyecto fue financiado por la Fundación Nuevo Norte y coordinado por el sociólogo Henry Oporto, con quien hablamos ahora a fin de recuperar esta investigación e iluminar con ella el debate actual sobre la estructura regional. 

¿Qué puede aportar la investigación histórica a la discusión sobre el desarrollo de La Paz?

La síntesis de los hallazgos de esta reconstrucción histórica de La Paz se refleja en el título del libro, que es La Paz, tierra de contrastes. Me parece que este título indica bastante bien lo que es La Paz como región, sus problemas, sus dilemas.

¿Qué quiere decir con esto?

Se puede encontrar grandes contrastes en la economía, la vida social, la cultura, la política y la geografía de La Paz. Estos contrastes son producto de procesos históricos complejos, pero que finalmente marcan las características de la sociedad paceña.  Podemos decir que ésta es, en lo positivo, muy diversa, pero también que tiene una baja cohesión social y sufre de fuertes asimetrías internas. Estas características se han mantenido en el tiempo, a pesar de que en las últimas tres décadas La Paz ha sido escenario de fuertes transformaciones que han reconfigurado las estructuras tradicionales de poder de la región. Sin embargo, no se ha modificado sustancialmente la percepción de La Paz como región de contrastes.

¿De qué transformaciones estamos hablando?

Por ejemplo, la acelerada urbanización que está experimentando La Paz, el crecimiento de su área metropolitana y sobre todo la consolidación de El Alto como el principal conglomerado urbano del departamento. 

Otro proceso importante es la emergencia de una nueva clase media popular y de lo que se puede llamar la burguesía cholo-aymara. Ésta muestra que en la región existe movilidad social. En el plano político también hay que anotar el ascenso de una nueva clase política cholo-aymara. 

Y están los fenómenos externos, como la apertura al comercio, la influencia de la globalización y los cambios tecnológicos.

Todo esto ha transformado a La Paz, pero no ha modificado sustancialmente esta realidad de contrastes. Al contrario, más bien parecen haber acentuado la naturaleza abigarrada del departamento, su intensa fragmentación, la pervivencia de brechas internas, tanto sociales como territoriales. 

¿De qué contrastes exactamente estamos hablando?

Un primer contraste evidente es el económico. Por un lado está la economía popular paceña, que está muy extendida social y territorialmente, pero en términos generales posee muy baja productividad y una enorme limitación para generar empleo de calidad. Versus una economía capitalista avanzada, que se concentra sobre todo en servicios empresariales y gubernamentales modernos, pero que desde el punto de vista de su implantación social tiene un alcance relativamente limitado. 

El problema está en que estas dos economías -casi una dualidad económica- todavía viven en gran medida de espaldas entre sí; son muy pocas las articulaciones y las complementariedades entre ellas. 

Un segundo contraste: La Paz se destaca por tener una alta tasa de emprendimiento en fases iniciales, un fuerte emprendedurismo colectivo, pero que es muy precario y esencialmente informal, que tiene enormes dificultades para dar saltos de calidad y ligarse más a la innovación. 

Este emprendedurismo precario pero masivo contrasta con la dotación de capital humano de los sectores medios y altos de la sociedad regional, que es relativamente mayor que el  de otros departamentos. Sin embargo, esta dotación parece lastrada por la empleomanía (ansia inmoderada y sistemática de formar parte del funcionariado público), así como por la falta o la debilidad de una cultura emprendedora y productiva. 

Entonces, en La Paz hay un capital humano interesante, pero de alguna manera atrofiado en su desarrollo, porque no tiene una orientación productivista ni orientado a la innovación.

Otro contraste interesante se da porque la clase media popular y la burguesía cholo-aymara prevalecen en ciertos sectores de la economía regional, básicamente el transporte y el comercio, mientras que las clases medias y altas tradicionales de La Paz, aunque están siendo progresivamente desplazadas como élites regionales dominantes, todavía prevalecen en los servicios modernos, las finanzas, el comercio de importación, la cultura, la educación y los medios de comunicación. Por tanto, su desplazamiento es parcial, y sobre todo de las estructuras de poder político.

 

 

Las élites están incompletas y la centralidad paceña declina
 
¿Cómo influye la recomposición de las élites en el desarrollo regional?

Hay una recomposición de las élites paceñas, pero donde las élites emergentes todavía no tienen la fuerza para seguir siendo dominantes y asumir el liderazgo regional, sus capacidades todavía no alcanzan para esto, y las élites desplazadas no lo han sido totalmente. Estamos frente a una transición, que genera un vacío de poder en la región, y esto afecta sus posibilidades de desarrollarse.

Hay que añadir un contrate en el campo político. Por un lado,  los sectores populares de La Paz tienden a las prácticas políticas muy marcadas por la acción colectiva, por la acción directa, por la revuelta;  es decir, por la política en las calles, y esta es la práctica  dominante. En cambio, las prácticas políticas más arraigadas en los sectores medios son las institucionales; en estos estamentos se valora más el Estado de derecho,  los partidos políticos… pero de una manera también insuficiente, porque este tipo de visión política más modernista no tiene una implantación social muy grande. Por ello mismo es frágil. 

Tenemos entonces una tensión entre la política en la calle y la política institucional.

La Paz siempre ha sido beneficiada por su centralidad política dentro  del país, por el carácter predominante del "norte” en la historia nacional…

Sí, pero esto contrasta con su desarticulación interna, que es un problema irresuelto que se arrastra desde siempre. Por ejemplo, se puede decir que La Paz es una "ciudad sin región”, por su desconexión con ella. 

La desconexión entre la ciudad y el campo sigue siendo un problema histórico en La Paz, no ha sido resuelto. A diferencia por ejemplo de Santa Cruz, donde hay mucha más articulación, concatenación, entre campo y ciudad. 

En el futuro esto sin duda puede cambiar, sobre todo por el crecimiento de El Alto y la consolidación del área metropolitana de La Paz. 

Pero todavía la desarticulación interna es muy grande y prueba patente de ello es la desconexión del norte del departamento. Un viejo sueño de los paceños es avanzar hacia el norte, pero en términos prácticos esto no ha ocurrido. La fallida búsqueda de petróleo forma parte de esta frustración.

Para algunos paceños la reivindicación del papel central de La Paz es diferente del centralismo.
 
Ellos señalan que La Paz ha sacrificado mucho por su condición de sede de Gobierno, por tener que ocuparse de los problemas nacionales. Es algo que se puede discutir y que gente de otras regiones puede  cuestionar. Pero lo cierto es que hay problemas de falta de  legitimidad, de falta de vigencia, del gobierno departamental paceño. 

Parece que los paceños estuvieran en el dilema de ser el centro del país o de meterse en la ola de la descentralización y conformar un real gobierno departamental que sea la cabeza institucional de un proceso regional de desarrollo.

¿Cree que el pulso entre el gobierno de Evo Morales y las élites cruceñas y la posterior derrota de estas élites en 2009 confirma la centralidad de La Paz, pese a que en los 90 parecía que ésta sería desplazada en una Bolivia multipolar? Pareciera que esto no ha ocurrido y el "norte”, como se llamaba a La Paz durante la Revolución Federal, sigue siendo predominante.

La Paz no ha perdido su protagonismo como centro administrativo y político del país y sede de Gobierno. Sin embargo, esto no ha evitado que la tendencia del desplazamiento del occidente por el oriente del país siguiera; creo que es una tendencia irreversible. El oriente es hacia donde se desplaza la población, la región beneficiada por la dinámica demográfica. Estamos cerca de que el departamento de Santa Cruz sea el más poblado de Bolivia. 

Además, el eje de la acumulación económica claramente se ha desplazado al oriente del país. El fenómeno de Evo Morales no ha evitado esto. Como resultado tenemos que Santa Cruz es el poder emergente, a costa de La Paz. 

La declinación de la hegemonía paceña del siglo XX es un hecho irreversible.  En la Bolivia del siglo XXI tenemos un nuevo equilibrio de poder, con Santa Cruz como poder emergente y La Paz como poder declinante. Esto trae problemas, pero también oportunidades.

Hacia un "pacto” entre La Paz y Santa Cruz

 

 

¿Qué podemos concluir de este diagnóstico? 

En suma, La Paz tiene dos grandes problemas. El primero es la falta de cohesión social pese a los procesos de inclusión social.

En las últimas décadas, y con un fuerte impulso durante el gobierno de Evo Morales, se ha avanzado en términos de inclusión social, indudablemente, pero la inclusión social no necesariamente ha resuelto los problemas de desconexión entre segmentos, ni ha  hecho de La Paz una sociedad más cohesionada. Creo que, a pesar del empoderamiento popular aymara, más bien se mantienen las tensiones y los quiebres.

Esto impide que La Paz pueda ser una región más vigorosa, que pueda tener una identidad regional más definida y potente. 

Segundo problema: Está ausente una élite política, cultural e intelectual lo suficientemente legítima y capaz de asumir el liderazgo regional. Hay una recomposición de las élites, pero que no termina de cristalizar en el surgimiento de un liderazgo regional. 

Este vacío es un freno importante para que no se forme un proyecto regional, para que se valorice la dotación de recursos naturales y humanos que se reconoce tiene el  departamento de La Paz.

Al mismo tiempo, esto está impidiendo que se desplieguen nuevas y mejores oportunidades económicas, productivas y de creación de empleo de calidad.

Y es un impedimento para la internacionalización de la economía paceña. 

Es verdad que los intercambios comerciales se han hecho más fluidos en la última década, incluso por la vía del contrabando, pero La Paz no termina por articular su economía a cadenas de valor, que hoy día tienden a ser globales o por lo menos de alcance internacional. Eso es algo que La Paz no consigue, ni por del lado del Pacífico ni mucho menos por el lado del norte amazónico.

Estos problemas (la falta de cohesión interna y la falta de una élite legítimamente reconocida por todos) están impidiendo que La Paz sea un eje de articulación nacional. La Paz está naturalmente desafiada a ser el contrapeso de la emergente Santa Cruz, un contrapeso que evite que se produzca un desequilibrio entre un oriente cada vez más próspero y un occidente que se vaya rezagando, y al final se quede como una región atrasada. 

Quizá La Paz se dedica tanto a la política que por eso no logra hacer las otras cosas…

Claro. De hecho es tan fuerte la politización de la vida cotidiana de La Paz que ésta consume demasiadas energías de la gente y hace que ésta no se dedique tanto a la producción, a hacer negocios, como en cambio sucede por ejemplo en Santa Cruz, si queremos mostrar la otra cara de la medalla. La politización no se observa en la vida cotidiana de los cruceños. 

En la medida en que La Paz valga solamente por su peso político…, si eso no encuentra su sustento material en un proceso económico más vigoroso, finalmente el liderazgo paceño no va a ser sostenible, se va a ir desequilibrando. Todos sabemos que con el poder económico viene el poder político, otra cosa es imposible. La cuestión está en que no se dé a costa del retraso del occidente boliviano. Creo que el gran desafío que tenemos, no solamente los paceños, sino los bolivianos en general, es establecer un nuevo equilibrio de poder. 

Me atrevo a pensar que esto requiere pensar y discutir una suerte de "pacto territorial de Estado” con dos grandes protagonistas, La Paz y Santa Cruz. 

En la medida en que las élites paceñas y cruceñas se pongan de acuerdo en una visión de país de largo plazo, probablemente habrán arreglado Bolivia. Tienen la capacidad para esto, lo que no ocurre con otras regiones, por su menor peso relativo.

 

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