Opinión

Los campesinos y los transgénicos

Decepción por la solicitud de los productores campesinos de soya de Santa Cruz de legalizar la semilla transgénica de maíz.
domingo, 16 de julio de 2017 · 01:00:00 a.m.
Julio Prudencio Böhrt Economista

 

 

Hace pocos días los productores campesinos de soya de Santa Cruz realizaron una conferencia de prensa.

En ella solicitaban que a partir del 2018 se permita el uso de semillas transgénicas (de maíz), arguyendo bajos rendimientos productivos y al accionar del gusano cogollero. Repetían así los falsos argumentos que la APIA (Asociación de Proveedores de Insumo Agropecuarios, conformada por empresas transnacionales productoras de transgénicos), algunos agroempresarios del oriente y el IBCE nos vienen repitiendo en sus campañas publicitarias.

Llama la atención   que estos productores campesinos -supuestos defensores de la Madre Tierra-  se presten públicamente a este juego, olvidando que la Constitución prohíbe los transgénicos, no queriendo recordar que estos monocultivos inciden fuertemente en la deforestación de grandes extensiones de tierras, que cada vez requieren mayor cantidad de agroquímicos/insecticidas, que contaminan el medio ambiente y el agua subterránea, y dañan el suelo y la salud humana.

La lógica del monocultivo

Estos productores campesinos están incursionando en la lógica del monocultivo, lo que no sólo supone dejar de producir alimentos básicos de consumo nacional, perdiendo la diversidad productiva, sino entrar al juego mercantilista y hacerle un favor a las inversiones/empresas transnacionales, a las que hay que comprar las semillas transgénicas, agroquímicos y otros insumos. 

Pero lo que más llama la atención de este sector (llamados también "interculturales”), como ya lo anoté hace tiempo en otros artículos, es que están perdiendo sus referencias culturales, están perdiendo sus tradiciones, sus formas de "hacer”, de producir, lo que supone que ya no reservan parte de su cosecha para las semillas de la próxima siembra (pues tienen que comprar la semilla transgénica), ya no pueden complementar sus cultivos con otros, como lo hacían en sus lugares de origen o como hacían sus antepasados, ya no pueden hacer el manejo integrado de plagas, pues tienen que fumigar con agroquímicos cada vez más poderosos.

Están perdiendo, pues, su racionalidad productiva (que consiste en la diversidad y en la complementariedad), un conocimiento desarrollado y transmitido por generaciones, y su naturaleza sociocósmica (conformada por el entorno humano y no humano, o la interrelación naturaleza-cultura).

En síntesis, la lógica que han adoptado los campesinos de esta región supone no sólo la transnacionalización de la agricultura. sino sobre todo la desnaturalización de la agricultura campesina, indígena y originaria.

Una voz contradictoria

Este accionar de los "interculturales” contrasta fuertemente con los planteamientos y prácticas del resto de las organizaciones de productores de Bolivia, que solicitan parar de una vez el sistema agroindustrial extractivista basado en monocultivos, en los agroquímicos y en los transgénicos. Y más bien plantean el sistema agroforestal, el cual sostiene la economía familiar a través de la recuperación de suelos y tierras, de la cosecha y el manejo adecuado del agua, del rescate y la conservación de las semillas, del manejo integrado de plagas y la protección fitosanitaria, de los cultivos con cobertura, de la diversidad productiva y la rotación de cultivos, de la capacitación técnica, de la creación de reservas de alimentos y de las técnicas de conservación, entre otras cosas. (Al respecto, véase la "Declaración de la Coordinadora de Integración de Organizaciones Económicas Campesinas Indígenas y Originarias de Bolivia para la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático en Cochabamba y la COP 21 en Paris”, del 15 de octubre de 2015).

Así pues, los "interculturales” ya no desempeñan ni los antiguos roles asignados por la economía clásica (producir alimentos baratos, producir materia prima para la industria manufacturera, crear empleos, liberar mano de obra para la industria y las ciudades) ni las nuevas funciones que ya están desempeñando los campesinos originarios y los pueblos indígenas en varias regiones de Los Andes (www.abaayacucho.org; www.idmaperu.org; www.cesa.org.ec), como nutrir a la población (con la necesaria cantidad de alimentos sanos y de calidad, asegurando la seguridad y la soberanía alimentaria), permitir a la tierra regenerarse sin contaminar el medio ambiente (en equilibrio con los ecosistemas y la biodiversidad) y asegurar el bienestar de sus propios actores (en términos de empleos dignos e ingresos económicos suficientes), o el "Vivir Bien”.

 

26
10