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Ensayo

En defensa de la pereza refinada

No toda pereza ni todo juego se opone al trabajo y por tanto, no siempre son liberadores.

En defensa de la pereza refinada
Jorge Bolaños G. Ensayista

 

Decir que el trabajo es la fuente de casi todos nuestros males (la desigualdad, la violencia, la contaminación) no es exagerado, y sin embargo, suena cínico y desproporcionado. 

Sea cual sea el marco ideológico con el que se lo analiza, el trabajo debe ser visto necesariamente como algo bueno a priori, porque la negación del trabajo es una cualidad irracional. El trabajo cumple el papel fundamental de estructurar el mundo del hombre y por eso debe ser siempre e incondicionalmente aplaudido. El trabajo, en tanto idea, trabaja para darse sentido a sí mismo.   

El principio de realidad es el criterio que nos lleva a renunciar al goce del mundo en virtud de un beneficio futuro. Cuando trabajamos, aceptamos que existe un mundo diseñado para el trabajo, la producción impuesta, que es necesario para nuestra subsistencia, y cuyas reglas debemos aceptar para participar en la supervivencia colectiva. No importa cuán agobiante sea, el trabajo debe ser cumplido, y debemos dedicarle al menos 48 horas semanales de desgaste físico y psíquico individual, 48 horas de postergación de nuestras necesidades y aspiraciones individuales. 

Trabajo y juego

Plantear que, para que el ser humano logre de forma efectiva reapropiarse de su tiempo para dedicarlo al goce del mundo, es necesario "dejar de hacer las cosas”, dedicarse enteramente al ocio y reconocer la flojera como parte esencial de nuestra identidad, es no comprender el carácter dinámico del juego y el ludismo. El juego produce. El trabajo produce. El juego es un placer voluntario. El trabajo es una obligación voluntariamente aceptada. ¿Qué es lo que hace que no sea posible producir, generar riqueza social o tecnología, manteniendo una actitud lúdica, dejando a un lado lo que Nietzsche llamaba "el sueño del esclavo” (la idea de que para reconocernos como sujetos morales debemos convencernos de que el trabajo moraliza y la pereza es inmoral)?

El posanarquista Bob Black considera que es posible crear una nueva forma de vivir basada en el juego, una exuberancia libre que no es pasiva y tiene poder creativo. Es poco discutible que en las sociedades modernas, la fatiga, el estrés, el síndrome burnout y las enfermedades nerviosas han pasado a ser problemas fundamentales, problemas nacidos en el mundo del trabajo y que atentan contra él. Todo apunta a que, por cínico que suene, necesitamos más pereza de la que tenemos ahora. 

Durante siglos, la pereza ha sido una palabra estigmatizada por su principal antagonista, el trabajo. Todas las grandes ideologías creen de algún modo en la supremacía del trabajo. Para el liberalismo económico, hay muy poco empleo y a causa de ello hay que trabajar más duramente, para crear más empleo. Para el marxismo, la manera en que está estructurado el mundo del trabajo es el origen de la opresión del hombre por el hombre. Para acabar con unas relaciones de trabajo injustas, hay que hacerlo desde el activismo de quienes están gobernados más que nadie por el trabajo: los obreros. Para el conservadurismo, el trabajo es un valor tradicional incuestionable.  

Black tiene una frase muy llamativa. "Los trotskistas agitan por una revolución permanente. Yo agito por un festejo permanente”. No basta con que tengamos un tercio de nuestro tiempo destinado al ocio. El tiempo libre es la negación del trabajo por el bien del trabajo. Descansar no es negar el trabajo, sino postergar el trabajo para reproducir nuestra capacidad de ejecutarlo. 

En un sentido filosófico, el ser humano no ama el descanso pero tampoco ama el trabajo. La pregunta de fondo es ésta: ¿el ser humano existe para el trabajo? Si la respuesta es negativa, sobreviene la pregunta: ¿el ser humano existe para el ocio? Si la respuesta también es negativa, entonces corresponde preguntarse por qué dedicamos aproximadamente el 70 por ciento de nuestro tiempo a dos actividades que no son esenciales.   

Trabajo y consumo

Cuando el ocio y el tiempo libre son comprendidos como el mero reemplazo de la actividad laboral por el consumo pasivo, se está pasando por alto el carácter activo del ludismo (no todas las personas se dedican al consumismo durante su tiempo libre, sino también al juego) y se está asumiendo que el ocio no existe más allá del universo del consumo, o en palabras de Raoul Vaneigem, el reino de las "absurdidades establecidas”. 

El reposo es una necesidad natural. El trabajo es un instrumento sociocultural necesario para la satisfacción de otras necesidades. Cuando el instrumento desborda el fin, se cae en el fetichismo.
 
En una situación así, no es en lo absoluto irracional interrumpir el trabajo a través de la distracción pasiva ("facebookear” en la oficina, oír música, bromear con los compañeros) o sabotear el trabajo colectivo mediante el festejo (ocupar la vía pública para participar en una entrada folklórica, derivar, o hacer bullicio) para protegerse a uno mismo del malestar provocado por la alienación, si bien esto no constituye la solución al problema.   

La gerencia de la felicidad es un mecanismo creado por el capitalismo tardío para administrar la distracción pasiva y someterla al régimen de la productividad laboral. Google invierte en la creación de un ambiente laboral que favorezca la relajación y el esparcimiento de sus empleados, sin embargo, lo hace con el objetivo último de mejorar su balance financiero. 

El verdadero ocio, la pereza refinada, es juego creativo que produce riqueza social (arte, artesanía, tecnología, informática) y es una negación no intencionada del trabajo (su objeto es ella misma). La pereza auténtica es buena para la salud y consiste en la absoluta negación, aunque temporal, del mundo entero.

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