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Análisis

Patrimonialistas versus desarrollistas

Una visión de conjunto de la situación del patrimonio arquitectónico de La Paz. Aunque hay motivos de optimismo, también grandes amenazas.

Patrimonialistas versus desarrollistas

Fotos: Fernando Cajías de la Vega. El contraste entre cuidado y descuido patrimonial.

Fernando Cajías de la Vega Historiador

 

 

Los seres humanos han sido y son grandes constructores de patrimonio cultural, pero, a la vez han sido y son los principales destructores de ese patrimonio. 

Eso ha sucedido desde los inicios de la historia de la humanidad: construcción y destrucción, especialmente, ésta última, a consecuencia de los enfrentamientos bélicos.

Esta situación llegó a uno de sus puntos más extremos en la Segunda Guerra Mundial y, por ello, expertos y delegados políticos de casi todos los países del mundo decidieron, en 1972, comprometerse, a través de un Convenio auspiciado por la UNESCO, a proteger su patrimonio cultural y natural. Treinta años después se amplió el compromiso, no solo a las obras materiales excepcionales, sino también al patrimonio inmaterial. Bolivia se adhirió a ambos convenios.

El patrimonio es una herencia, pero también es una construcción social; se consideran patrimonio cultural los bienes consagrados por la sociedad, por los gobiernos y por los expertos. Eso produce que no todos se sientan identificados de la misma manera con un patrimonio, pero, si existe una ley que lo consagra o un grupo étnico que lo defiende, o expertos que lo califican como tal, tiene que conservarse. Ese es el espíritu de los convenios citados: lo que se consagra como patrimonio debe conservarse.

Dos corrientes enfrentadas

Una de las expresiones culturales que más produce discrepancia en nuestro país es la arquitectura republicana paceña. Existen antecedentes remotos al respecto, pero, sin duda, el conflicto se hizo más patente a partir de la década de los 70. La polarización más evidente se dio y se da entre patrimonialistas y desarrollistas. Los primeros, entre los que orgullosamente me cuento, plantean que hay conjuntos urbanos y viviendas que por su belleza y por su memoria histórica se deben conservar; en cambio, los desarrollistas extremos, especialmente los llamados "Manhattan Boys”, plantean que, por razones sociales y económicas, la arquitectura paceña debe crecer verticalmente a costa de lo que sea.

Al principio, los patrimonialistas eran una desesperada minoría, pero luego, poco a poco, el patrimonialismo creció tanto en el Gobierno central como municipal, en arquitectos e ingenieros, en empresarios, en los vecinos, y se logró un honroso empate que contagió un justificado optimismo, pese a las numerosas tareas pendientes.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, existen terribles acciones y amenazas de un emergente ejército desarrollista decidido a arrasar, no sólo con viviendas, sino con barrios enteros bajo la premisa de que la memoria histórica arquitectónica no es necesaria, que estamos ante una nueva estética, o que, finalmente, el mercado y las nuevas elites son las que mandan, etc.

Mas vale tarde que nunca

Tal vez los patrimonialistas hemos reaccionado tarde, pero más vale tarde que nunca. La acción que tomaron la semana pasada, docentes y estudiantes de la Carrera de Historia de la UMSA, ha puesto de relieve la división existente sobre este tema, pero felizmente, por lo menos juzgando por las opiniones vertidas en las redes sociales, existe una leve ventaja a favor de conservar el patrimonio arquitectónico.

El optimismo que ocasionó nuestra confianza tiene bases sólidas. El Ministerio de Culturas tiene, desde hace décadas, una política de defensa del patrimonio y lo mismo sucede con el gobierno municipal; éste ha publicado el 2013 un importante libro sobre  patrimonio arquitectónico y urbano de la ciudad de La Paz y está realizando importantes acciones de recuperación de calles como la Evaristo Valle y restauraciones de escuelas y colegios patrimoniales como el Ayacucho (mérito también de su comunidad educativa).

Ese optimismo crece aún más al observar muchos emprendimientos privados que buscan el desarrollo de La Paz, pero no destruyendo el patrimonio, sino reciclándolo, dándole una nueva funcionalidad y vitalidad. Para citar algunos ejemplos: el Café Bronze en la Plaza Frías (final Comercio), el Hotel Colonial en la Av. Mariscal Santa Cruz esquina Sagárnaga; el Hotel Casa de Piedra, en la calle Genaro Sanjinés; el Café Urbano,  la tienda Fairplay, el Restaurante Cofre de los Andes  y el Museo Plaza en El Prado. Iniciativas públicas como las Casas Montes y Gaisnsborgh convertidas en predios universitarios, y así se pueden citar numerosos ejemplos.

Esta situación la puede apreciar un buen paseante con tiempo para observar. El gran problema es que muchas personas no lo aprecian porque al lado de una bella casa pintada y restaurada está una casa derrumbándose, o sin pintar, o abandonada; o, una casa, recién pintada grafiteada de mala manera. A eso se suman letreros fuera de estilo y una telaraña de cables.

La gran amenaza

Pero sin duda, la mayor amenaza es la falta de visión de lo que es un conjunto urbano. Es así que se permite construcciones, no solo de diferente estilo que las casas históricas sino de tamaños desproporcionadamente grandes. 

Es importante aclarar que los patrimonialistas no están en contra de los nuevos mega proyectos estatales y privados. Cada época, cada generación tiene el derecho y el deber de dejar también su huella arquitectónica; pero para ello no es necesario destruir u opacar la memoria de otras generaciones.

Medidas

Sugiero que autoridades nacionales y municipales visiten Panamá y observen la impresionante ciudad contemporánea que no ha dañado el centro histórico, el mismo que ha sido puesto en valor en todo su conjunto y no solo en casas puntuales. También sugiero un paseo por Sucre donde el nuevo boom de la construcción tampoco afecta el nodo histórico. Otro ejemplo digno de seguirse es el de las Misiones Chiquitanas donde todas las casas de la plaza principal y de las calles adyacentes tienen diseños inspirados en su iglesia patrimonial.        

Se hace necesaria una reunión urgente con todas las instituciones públicas y privadas vinculadas al patrimonio; con los colegios de profesionales involucrados en el rubro; con los emprendedores que han salvado y que están dispuestos a seguir salvando patrimonios, reunión que sirva para evaluar todo lo avanzado, para realizar un diagnóstico de todo lo que falta (prioritariamente para crear una visión de conjunto) y, especialmente, para evitar que el mercado se convierta en el único consagrador que determina qué arquitectura se salva o qué arquitectura desaparece.

 

 

 
 
 

 

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