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Opinión

Reflexiones de un “Austrófilo”

El autor justifica sus críticas a la política gubernamental sobre Chile. No le preocupa que lo acusen de “traidor”

Reflexiones de un “Austrófilo”
Agustín Echalar Columnista

 

Distintos personeros del gobierno han salido a criticar y condenar a quienes piden una investigación sobre los hechos del 19 de marzo en la frontera con Chile. 

Los han tildado de traidores, de antipatriasy de chilenófilos (como si simpatizar con Chile fuera una aberración). 

Yo creo que esos hechos deben ser investigados, y no solo por nuestra dudosa justicia, sino tal vez, a estas alturas,  por una comisión de la OEA. 

Tengo que confesar que Chile no me ha robado el corazón. He estado en ese país más de 10 veces y, si bien hay algunos parajes que me han parecido hermosísimos, como Frutillar, Villa Rica y Pucón, y cuando visité el cementerio de Punta Arenas me dio ganas de dejar mis huesos allí, la verdad es que podría enumerar unos 40 países, de corrido, donde estaría dispuesto a vivir si se me presentara la oportunidad o si tuviera que dejar mi patria, antes de pensar en Chile. Del mismo modo, tampoco es mi destino turístico favorito, aunque en breve volveré a ese maravilloso fin de mundo que es la Isla de Pascua.

Tampoco me gusta mucho la comida chilena, aunque claro, yo sé que en todas partes, si uno busca, puede encontrar fabulosos restaurantes. Y tengo que decir que ni Neruda ni la Mistral atraparon mi alma. No, Donoso tampoco está entre mis favoritos.

Es difícil que yo me pueda ver a mí mismo como un chilenófilo. Tengo otro tipo de filias, por ejemplo hacia Austria (y no por los valses) y hacia Alemania (y no por lo prusiano), pero esos son otros temas y si se quiere otro tipo de traumas.

Asumir las consecuencias de los actos

Mi problema es que pese a las horas cívicas, y quizás gracias a que no hice el absurdo servicio militar, no odio a Chile, y no creo que nos hayan robado nada. Perdimos una guerra en una época en que así de brutales eran las relaciones entre los Estados y, consiguientemente, perdimos nuestra costa. 

Vengo de una tradición familiar que cree que lo digno es asumir las consecuencias de los propios actos y asimilar las circunstancias, por muy desfavorables que éstas sean. 

En la guerra, Chile era un país mucho más poderoso que Bolivia, y Bolivia cometió unos cuantos errores, aunque posiblemente si no los hubiera cometido las consecuencias hubieran sido similares.  Una terrible derrota y una pérdida muy grande. 

Quiero aclarar, aquí que no he leído ningún libro de historia chileno. Lo que sé respecto al conflicto del Pacífico se lo debo ante todo a Roberto Querejazu Calvo y su gran libro Guano salitre y sangre.

Asumir la pérdida de la guerra y sus consecuencias nos lleva al siguiente hito que es el Tratado de 1904, que desde mi perspectiva tuvo sus lados positivos para Bolivia, garantizando un paso libre a la costa, algo que no era obvio en esa época. 

Creo que la geografía  y la historia nos jugaron una pésima pasada. Por un lado está la cordillera, y los desiertos a ambos lados de ésta, que fueron los responsables de que no hubiéramos podido sentar presencia en nuestra costa cuando la tuvimos; y luego, después del desastre de la guerra de 1879, cuando Chile avanzó inclusive sobre territorio del Perú (el país al que arrastramos a esa desdichada guerra), y consolidó su presencia allí, frustraron la posibilidad de conseguir un corredor y un puerto propio. 

No hay posibilidades de reparar fácilmente lo ocurrido. Todos sabemos que es imposible que un país divida su territorio en dos para dar espacio a un tercero. Inclusive la propuesta de la llamada Línea de la Concordia (en el borde norte de Chile) tiene sus dificultades: ¿por qué habría un país de deshacerse de su frontera con el país donde más inversiones tiene?

Tengo la certeza que lo que Bolivia necesita es el mejor acceso posible al mar, pero no me conmueve en absoluto la idea de un acceso soberano; me bastaría uno verdaderamente eficiente.

Respecto a las aguas del Silala, discrepo con las voces que se escuchan en Bolivia. No por simpatías hacia Chile, sino porque desde niño aprendí que el origen de los ríos eran los manantiales, y porque sé que las aguas descienden, no van de subida, y siempre dudé que a principios del siglo XX hubiera existido la capacidad de cambiar de cuenca las aguas de un manantial. Ergo, tengo la sospecha de que de una u otra manera, canalizadas o no, esas aguas sí van a la costa del Pacífico.

Los eventos recientes

En lo que respecta al episodio de los nueve ciudadanos bolivianos que acaban de regresar de Chile, las dudas que se puede tener respecto a su accionar son grandes; pero, más allá de eso, lo importante es mencionar que es inadmisible que precisamente con el país con el que tenemos más problemas, estamos en juicio, etc., sea el país con el que nuestras autoridades fronterizas no sean capaces de identificar la frontera (¿o si lo eran y de ahí su sumisión ante los carabineros chilenos?). 

En todo caso, estos nueve ciudadanos cometieron un gravísimo error y causaron enormes problemas y gastos al Estado, y es precisamente por eso que el hecho debería ser investigado, más allá de las conclusiones jurídicas chilenas.

Los eventos recientes respecto a la incursión de los carabineros chilenos en territorio boliviano han puesto a primera vista en evidencia la extrema dureza con que Chile trató el caso de los nueve. Sin embargo, hay que tomar en cuenta un par de detalles: Chile en ningún momento dijo que sus carabineros hubieran sido secuestrados en territorio chileno, algo que si hizo Bolivia 110 días antes. 

La inmediata devolución de los funcionarios chilenos ha sido un muy buen gesto del Gobierno boliviano y ha dejado un tanto desencajado al Gobierno de Chile. Eso sí, este hecho no modifica en nada la necesidad de investigar los hechos de marzo de este año.

Amo profundamente a mi país y me encanta estar en él. Ser llamado "antipatria”, ser tildado de "traidor”, en circunstancias normales podría doler. No es el caso actual, porque quienes lo dicen son o personas confundidas o deshonestas. 

El Canciller, que no ha sabido manejar la situación y ha sido sobrepasado por sus colegas del gabinete, el ministro Héctor Arce, quien ha demostrado que no entiende nada de diplomacia y tampoco de su investidura como Ministro (en lo externo al comunicarse con su homólogo chileno en forma tan ingenua, y en lo interno al salir por los fueros de su hermanita en el escándalo de YPFB), tampoco pueden ser tomados como críticos de peso. 

Por supuesto que las opiniones del Presidente no son para ser tomadas a pecho: él es la personificación de la impostura. Al llamar "mártires de la reivindicación marítima” a esos tristes funcionarios ha quitado todo valor a sus juicios en este caso.

No, los que juzgan, los que condenan, no están en condiciones de ofender. 


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