Letra 7

Dos novelas póstumas de Armando Chirveches

Flor de trópico y A la vera del mar se publicaron originalmente el año del suicidio del autor. Se republicarán en la Biblioteca del Bicentenario.
domingo, 10 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Pedro Brusiloff Crítico

 

En los próximos meses se publicará en la Biblioteca del Bicentenario la prosa completa del escritor Armando Chirveches. 

La edición no solamente contendrá las novelas del autor que ya fueron ampliamente divulgadas (Celeste, La candidatura de Rojas, Casa solariega y La virgen del Lago), sino también una amplia selección de artículos de prensa y dos novelas que solamente conocieron una primera edición: A la vera del mar y Flor de trópico, ambas publicadas en 1926. 

Chirveches preparó y publicó ambas obras el mismo año de su suicidio en París, claramente con la intención de completar su legado literario antes de morir. Las novelas se hallan ambientadas en Mejillones y en  Río de Janeiro de la segunda década del siglo XX, respectivamente. Pese a estar marcadas con la muerte de su autor, los amenos, humorísticos pasajes de ambas narraciones se caracterizan por un tono ligero y desenfadado, muy distante de la prosa más bien angustiada y con afanes reivindicativos del autor en el periodo. 

La publicación de Flor de trópico no tuvo grandes repercusiones entre los críticos e intelectuales bolivianos. En el artículo póstumo que dedica a esbozar los últimos días de Chirveches, Arguedas afirma que la novela sencillamente le pareció floja. Acaso el enérgico autor de Raza de Bronce echaba en falta la ausencia de algún  propósito redentor en la novela de su amigo. 

La novela no ofrece innovaciones narrativas y estructuralmente es bastante convencional. Tampoco destaca por la profundidad psicológica de los personajes, al menos no tanto como otras novelas del autor y del periodo. En cambio, abundan los pasajes humorísticos y amenos, como aquel que narra las cómicas desventuras y los aspavientos de suicidio de una cocotte que había sido abandonada por su pintoresco amante, un campeón de lucha libre: 

"Sorprendida en sus preparativos siniestros, como convenía, continuó viviendo resignada. La  consoló un poeta tísico, de encrespada melena y ojos de abadesa y, en vez de admirar bíceps y de escuchar rugidos, gustó  la melancolía sensual de los amores crepusculares y la complicación forzada de los poemas dadaístas”.

Podría afirmarse que Flor de trópico es ante todo una novela de ambiente y que su gran protagonista es la ciudad de Río de Janeiro, con sus fastuosos espectáculos, sus invitaciones a las emociones intensas y fuertes. Los personajes son apenas expresiones, víctimas o animadores de ese ambiente, no le oponen ningún tipo de resistencia.  

Allí se encuentran el protagonista Egoaguirre, un agente de negocios costarricense y sus amigos del club "Los tenientes del diablo”, siempre entregados a las fiestas y desenfrenos que ofrecía la ciudad carioca, ya sea apostando fuertes sumas en los casinos, gozando del carnaval o gastando pequeñas fortunas en costosas y refinadas damas de compañía.  

De todas maneras, Flor de trópico  destaca también porque es quizá la primera novela boliviana en que aparece la figura de la femme fatale. El protagonista Egoaguirre es seducido por Clara Meneses,  una bella mujer carioca que, aparentando recato y virtud, engatusa a sus amantes y los conduce a la quiebra.  En contraposición, el lector encuentra a Marcela, costosa meretriz que practica su oficio con una estricta ética burguesa y cuya sinceridad contrasta con la falsía de Clara.  
Pese a su carácter ligero, Flor de trópico no es una novela frívola. Sus temas y formas responden a las interrogantes y preocupaciones que caracterizaron la narrativa de Chirveches y de sus contemporáneos, especialmente  la preocupación frente a una modernidad llena de emociones intensas y de  exquisitas distracciones, pero carente de un sentido profundo, o al menos, ordenador.

A la vera del mar

Publicada el mismo año, A la vera del mar está irónicamente dedicada a "todos los bolivianos que no conocen Mejillones”. En esta novela se narra la historia de un joven ingeniero de minas boliviano, Félix Fernández Oviedo, asentado en Mejillones por razones laborales.

Luego de un melancólico -tal vez un poco elegíaco- primer capítulo en que el paisaje es descrito mediante imágenes de distancia y lejanía, se relatan las relaciones amorosas  de Oviedo con la inglesa Jenny, la deslumbrante y caprichosa heredera del magnate minero "mister” Stopp. El "flirt” entre Oviedo y Jenny se desarrolla  en el  espléndido galeón antiguo en que la joven heredera vive y que había sido adaptado para satisfacer todas las comodidades de su familia. 

La relación entre el joven ingeniero boliviano y la caprichosa inglesita parece una clara alegoría de las relaciones diplomáticas y comerciales entre Bolivia e Inglaterra antes del estallido de la Guerra del Pacífico. Uno de los personajes, el coronel Espejo, cónsul boliviano en Mejillones y padre de la muchacha boliviana que compite con Jenny por los amores de Félix, es quien más claramente hace patente el carácter alegórico del romance cuando se refiere al pasado de la familia Stopp y a su rol funesto en la derrota boliviana en el Pacífico. La novela contiene otras digresiones históricas relativas  al conflicto, pero plantea sus preocupaciones con el gesto más bien insinuante y sugestivo que distingue a la prosa de Chirveches. 

Otro de los aspectos importantes de A la vera del mar es que, como ya planteó José Mesa, revela un aspecto poco conocido de su autor: Chirveches también era pintor. La biblioteca de la Universidad Mayor de San Andrés  alberga uno de sus dibujos y la primera edición de su poemario Lili contiene uno de sus grabados. Aunque se ocupó de la pintura más como un aficionado, los episodios en que el protagonista de la novela dedica sus horas ya sea a pintar paisajes de la bahía o a retratar a la endiablada inglesita demuestran la vocación estética y los conocimientos técnicos que Chirveches tenía sobre pintura. 

Los contemporáneos de Chirveches, en general, y Arguedas, en particular, solían quejarse de que, pese a su talento, Chirveches no era un escritor que llamara a la acción, refiriéndose al carácter ambiguo, a veces lírico, a veces humorístico de una escritura en que los grandes problemas, las grandes tesis, se diluían en la riqueza del detalle o en la ligereza encantadora del diálogo ingenioso y casual. 

Uno de sus amigos, Rafael Ballivián, cuenta en el homenaje que le tributó a nuestro autor luego de su muerte que, hacia 1925, Chirveches estaba embebido en la lectura de literatura femenina, que se caracterizaba por el carácter ligero de narraciones generalmente de tipo amoroso ¿Será posible afirmar que, al menos sus últimas dos novelas, las menos conocidas, fueron escritas para el público femenino de su época?