Letra 7

Sombras de Hiroshima

domingo, 10 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Sombras de Hiroshima, la última  novela de Mauricio Murillo, trata de un guionista de televisión que se ve vinculado a un crimen ocurrido tiempo atrás del "presente” de la ficción: el asesinato de una mujer a la que el guionista, narrador de la obra, estuvo muy próximo.

Se trata, por tanto, de una novela del género negro o policial. El problema es que para leerla como tal los lectores tendríamos que creernos sucesos como la aparición de un personaje extraño en el trabajo del narrador, el perfil de los policías que se ponen a investigar el caso,  en fin, las diversas situaciones que el autor pretende que sucedan, pero esto (la credulidad) no ocurre. Nada de ello tiene verosimilitud ni real "presencia” ficcional.

El único personaje más o menos construido es el narrador, un tipo que lleva por la vida la actitud del "genio que no aguanta a la sociedad” y está lleno de manías y fobias pueriles. A mí me parece un personaje de poco interés, pero otros lectores  quizá puedan hallarlo digno de conocer.

Carente de mecanismos literarios genuinos que permitan que la historia discurra, el autor recurre a la presentación de descripciones de la serie de televisión creada por el guionista (llamada  Ballenas), con la esperanza de que la yuxtaposición de lo que ha puesto en estos dos planos narrativos provoque el surgimiento del sentido. Pero no hay tal.

La prosa con la que la novela está escrita es sencilla e impersonal y no constituye un atractivo con valor independiente.

Como casi siempre pasa en la literatura realizada por escritores paceños, el alcohol y la borrachera tienen un importante papel en  Sombras de Hiroshima. 

El título hace alusión a los seres humanos que quedaron convertidos en meras sombras, en manchas,  luego de la explosión atómica de Hiroshima. Estas sombras son símbolos de nuestra indefensión ante el mal, de la constante amenaza que ejerce contra nosotros la obra devastadora de la muerte.  

Asuntos que están entre los principales de la literatura, pero que la novela de Murillo no consigue ilustrar, ni siquiera de modo modesto, porque no funciona en una importante cantidad de niveles literarios. (FM)