Crónica

La vigencia del Convenio de Minamata

El mercurio es una de las 10 sustancias más dañinas para la naturaleza y la humanidad. El Convenio de Minamata, que acaba de entrar en vigor, busca eliminarlo de nuestras vidas.
domingo, 10 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Marco Antonio Barroso  Abogado

 

El mercurio viene de la antigüedad. En la época romana (siglo IV a.C.), la mina de cinabrio de Almadén, Ciudad Real, España, se constituyó en la mayor reserva mundial de mercurio y hasta hace poco años fue la principal productora de mercurio del orbe. 

La cuenta atrás para eliminar el mercurio de nuestras vidas ha comenzado con la entrada en vigor del Convenio de Minamata. 

La bahía de Minamata, Japón, fue en los años 50 el escenario del mayor episodio de envenenamiento por causa de este metal pesado, tras un vertido de aguas residuales industriales que causó la muerte de un millar de personas.

Ahora, la nueva normativa prevé prohibir la apertura de nuevas minas de mercurio primario y eliminar progresivamente las existentes; también prohíbe productos y procesos que utilizan este elemento; instruye el control de los vertidos y la elaboración de planes nacionales para reducir el uso del mercurio en la minería artesanal de oro. 

Medidas contra la contaminación

El mercurio está catalogado por Naciones Unidas como una de las 10 principales sustancias químicas que ponen en peligro la salud y el medioambiente. Está presente en gran cantidad de objetos de uso cotidiano, como cosméticos, pilas, bombillas de bajo consumo, termómetros, etc. 

Desde 2014, en la Unión Europea (UE) está prohibida la venta de termómetros de mercurio y cualquier dispositivo de medición de uso industrial que use este metal. 

Su uso en pilas de botón y otras baterías se controla en Europa desde 2015 y 2016, dependiendo de los casos, lo que no ocurre en el resto del mundo, donde no existe una normativa tan restrictiva para este metal altamente tóxico. 

El nuevo tratado -que hasta ahora ha sido ratificado por 74 países de los más de 140 que lo firmaron- pone como límite 2020 para eliminar el mercurio de la producción de cosméticos, incluidos jabones y cremas para aclarar la piel (excepto las cremas para los ojos que usan este elemento como conservante), plaguicidas, biocidas y antisépticos de uso tópico, barómetros, higrómetros, manómetros, termómetros, tensiómetros y empastes dentales. Para este último caso, la normativa internacional no pone fecha límite aunque insta a trabajar para reducir al mínimo las amalgamas de mercurio. 

En el caso de la Unión Europea, a partir del 1 de julio de 2018 estará prohibido ponerlas en niños menores de 15 años y mujeres embarazadas, y en 2021 la prohibición se extenderá a todos.  

En cuanto a la liberación de esta sustancia a la atmósfera, cada año se emiten hasta 8.900 toneladas, según los datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Esta institución pone de manifiesto que en las últimas décadas los focos de emisión se han trasladado del mundo desarrollado a los países en desarrollo. La extracción de oro a pequeña escala (el mercurio se utiliza para separar y extraer el oro de las rocas) y la combustión de carbón para generar electricidad parecen estar detrás del aumento de emisiones en los países en desarrollo. 

El mercurio puede liberarse naturalmente a través de la meteorización de rocas que lo contienen, incendios forestales y erupciones volcánicas, pero las emisiones más significativas provienen de los procesos humanos, particularmente la quema de carbón, la producción de cloro y la minería de oro artesanal. Sólo la minería expone a 15 millones de trabajadores en 70 países diferentes a la intoxicación por mercurio, incluidos los niños trabajadores. 

En Europa, las emisiones proceden de la quema de carbón y de la producción de cloro, aunque en este segundo caso el uso de mercurio estará prohibido a partir de diciembre de este año, pues ya existen alternativas al mismo. 

Otras actividades humanas que pueden ser fuentes de contaminación por mercurio son: la producción de algunos plásticos, la incineración de residuos y la producción de cemento. 

El tratado que acaba de entrar en vigor pretende reducir también las emisiones de estos procesos industriales y, además, contiene medidas sobre el almacenamiento provisional de este metal pesado y sus residuos, y medidas para reducir los riesgos de los sitios contaminados.

La entrada en vigor del Convenio de Minamata también podría condicionar los proyectos de minas de oro que diversas compañías internacionales se plantean en diversas latitudes, porque se necesita mercurio para separar y extraer el oro de las rocas. 

La amenaza del mercurio

El mercurio puede ser transportado a través del aire a largas distancias lejos de su fuente de emisión original, contaminando el aire, el agua y el suelo. Al igual que otros metales pesados, persiste en el medioambiente y se acumula en los tejidos humanos y animales, particularmente en los peces. 

La última Evaluación Mundial sobre el Mercurio, que elabora el PNUMA, que data de 2013, reveló que gran parte de la exposición humana a este metal tóxico se produce a través del consumo de pescado contaminado. En los últimos 100 años se ha duplicado la cantidad de mercurio en los primeros 100 metros de profundidad de los océanos del planeta, mientras que las concentraciones en aguas profundas han aumentado hasta un 25%.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que no existe un nivel seguro de exposición a esta sustancia ni hay cura para el envenenamiento por mercurio, que a niveles elevados causa daños neurológicos y de salud irreversibles. 

Los niños pequeños y las mujeres embarazadas son los más vulnerables. También están en riesgo las poblaciones que comen pescado contaminado por este elemento, los que utilizan mercurio en el trabajo y las personas que viven cerca de una fuente de emisión o en climas más fríos, donde el peligroso metal pesado tiende a acumularse. Un reciente estudio comparando los niveles de mercurio entre las mujeres en edad de procrear en las regiones de Asia y el Pacífico reveló altos rastros de mercurio en el 96% de las mujeres evaluadas en las comunidades del Pacífico que tienen dietas altas de pescado.