Demanda marítima

¿Cumplirá Piñera su promesa con Bolivia?

El analista chileno reflexiona, con un enfoque renovado y comprensivo, sobre la política del presidente electo de Chile frente a Bolivia.
¿Cumplirá Piñera su promesa con Bolivia?
¿Cumplirá Piñera su promesa con Bolivia?
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:00

Claudio Coloma Analista internacional

A pocas semanas del inicio del segundo gobierno de Sebastián Piñera, cabe recordar que durante su primer mandato Bolivia interpuso una demanda en la Corte Internacional de Justicia, reclamando la obligación que tiene el Estado chileno de negociar una salida soberana al mar.


Corría el año 2010, mes de julio para ser exactos; las delegaciones chilena y boliviana que llevaban a cabo la Agenda de los 13 Puntos se reunieron para concretar el paso más importante de todo ese proceso. Ambos países acordaron en el tema marítimo “proponer así como alcanzar soluciones concretas, factibles y útiles en las siguientes y sucesivas reuniones”. Los internacionalistas bolivianos y chilenos conocemos este acuerdo en el punto 6 de la Agenda como la propuesta CFU.


No debe ser difícil imaginar la expectación que pudo haber generado el acta de esa reunión en la diplomacia boliviana, pues se estaba tan solo a una cita de intercambiar soluciones a su centenario reclamo.


Ante un acuerdo de estas características, el más importante y formal que se había logrado desde Charaña, a Bolivia no le quedaba más que honrar la confianza mutua alcanzada en esa misma reunión, y, a razón de ello, el jefe de Estado boliviano participó en la Parada Militar del 19 de septiembre para conmemorar el bicentenario chileno. 


Un gesto político sin precedentes desde la guerra de 1879, más aún si sabemos que ese día se celebra a las Glorias del Ejército de Chile, “siempre vencedor, jamás vencido”.    


Ya sabemos el desenlace de esta historia, Chile solicitó suspender la “siguiente y sucesiva” reunión, que correspondía realizarse en el mes de noviembre, y, como consecuencia, no entregó una solución sobre el tema marítimo.  


Sin embargo, lo que podría resultar más difícil de recordar es la serie de errores y malas señales que el gobierno de Piñera dio desde que acordó la propuesta CFU hasta un poco antes de ese recordado 23 de marzo de 2011, cuando Evo Morales anunció que demandaría a Chile. 


En ese mismo mes de noviembre, Piñera viajó a Lima, brindó con pisco peruano junto a su par Alan García, y, para lamento de los pocos realistas que van quedando en la cancillería chilena, declaró que lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa. 


En otras palabras, Piñera manifestó su convicción de que dos países limítrofes pueden llevarse bien a pesar de estar en pleno juicio ante la CIJ (me refiero a la demanda peruana por el límite marítimo). 


Luego, para reparar el desaire, Chile propuso a Bolivia elevar el estatus del Mecanismo de Consultas Políticas, a fin de que fueran encabezados por los cancilleres, en vez del sub-secretario y el vice-ministro. Sin embargo, tras dos reuniones efectuadas nada se supo sobre alguna solución marítima. 


El corolario de todo esto ocurrió en febrero de 2011, cuando fue detenido René Sanabria, el otrora zar anti-drogas de la Policía Boliviana. Una operación entre la DEA estadounidense y el OS7 chileno logró capturarlo sin haber informado al Gobierno boliviano. Es decir, Chile no informó a pesar de la confianza mutua declarada en la Agenda de los 13 Puntos, y, peor aún, a pesar de que unos meses antes (agosto) ambos países habían firmado un convenio sobre tráfico ilícito de drogas donde precisamente se habían comprometido a intercambiar información.


Por haberse tratado de un alto funcionario de Gobierno, la detención de Sanabria generó varias consecuencias en Palacio Quemado. Se levantaron rumores sobre la probidad del presidente Morales y su entorno, el hecho afectó al entonces ministro de Gobierno Sacha Llorenti (el mismo que acaba de ser designado como coagente). Para colmo, la señal política que Chile dio con esa operación no pudo ser más burda, pues no se tuvo en cuenta la compleja historia que el mismo Evo Morales tiene con la DEA, tanto en su trayectoria como dirigente campesino como en su gestión gubernamental.


A la luz de estos hechos no solo corresponde recordar que la demanda marítima en contra de Chile se concretó durante el primer gobierno de Sebastián Piñera, sino que también se puede afirmar que la demanda fue la consecuencia de su errática y mal asesorada política hacia Bolivia. De ahí que resultaría paradójico que la obligación de negociar una salida soberana al mar caiga en los hombros del mismo presidente chileno que en su primer gobierno ofreció entregar una solución CFU.

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