Política

El mal perdedor

Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo han roto “las reglas del juego democrático” al insistir con la repostulación, expone Saavedra.
El mal perdedor
El mal perdedor
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:00

Marco Antonio Saavedra Mogro Politólogo y abogado.

Las nuevas generaciones están más impresionadas que las antiguas por la escasa influencia del Estado de Derecho; a pesar de todas las lamentaciones sobre la violación a la Constitución no hay que olvidar que la batalla pasa por esclarecer si las instituciones del Estado de Derecho y de la democracia intercultural valen para el juego democrático o, si sus reglas pueden ser cambiadas a conveniencia por un gobierno que se opone a la ley. 


Cobra actualidad Michel Foucault cuando explica la figura del poder tiránico a través de tres rasgos: a) la tiranía como fundamento de la teoría del poder político y como razón para que se instaure la democracia, b) el poder del tirano que se toma la ciudad como algo que le pertenece, c) el gobierno del tirano sometido a su voluntad y no al orden que establece la ley; desde muy antiguo hay conciencia de que el poder puede tener un uso tiránico o democrático. 


El deseo de ser elegido de por vida no está superado, Hamilton lo propuso en la Convención de Filadelfia y luego Simón Bolívar planteó que el cargo de Presidente fuera vitalicio; pero estas propuestas fueron rechazadas e inaplicadas en el gobierno representativo. 


Esos instintos de perpetuación en el poder han retornado en los autoritarismos competitivos en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, en estos países del socialismo de cátedra, la nueva clase dominante no se da por satisfecha con un segundo mandato, sea este continuo o discontinuo y rompe las reglas del juego democrático para elegirse de manera indefinida. 


En el desarrollo político de la democracia latinoamericana las reformas institucionales han tenido que ver con las limitaciones al poder y los límites a los mandatos de los presidentes; sabedores de que la característica primordial del régimen presidencial (que lo diferencia del parlamentario) es el mandato con tiempo definido.


La ciencia política ha identificado tres variantes argumentativas para constitucionalizar o rechazar la reelección: a) una tendencia es la de limitar la elección a una sola bajo el argumento de evitar las tentaciones autoritarias de prórroga; b) otra tendencia es la de permitir la reelección continua por dos mandatos consecutivos con el argumento de lograr continuidad e impacto en la implementación de las políticas públicas; c) la nueva tendencia de la elección indefinida argumenta la defensa de los logros de la revolución y el derecho humano. Como se puede ver, la democracia y los sistemas presidencialistas en América Latina han estado asediados recurrentemente por rupturas institucionales provocadas por el golpe de Estado y por las tentaciones de la “reelección indefinida”.


El Conade ha sintetizado bien la estrategia de poder oficialista al mostrar que el MAS presentó una Acción de Inconstitucionalidad Abstracta argumentando la inconstitucionalidad de los artículos 52.III, 64 inc. D), 65 inc. B), 71 inc. C) y 72 inc. B) de la Ley del Régimen Electoral y la inaplicabilidad de los artículos 156, 168, 285 II y 288 de la CPE por contradecir supuestamente los artículos 26 y 28 de la Constitución y 11, 23, 24 y 29 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos. 


De acuerdo a los asambleístas accionantes, el Tribunal Constitucional tenía la obligación de aplicar el control de convencionalidad y, por tanto, disponer la aplicación preferente del artículo 23 del Pacto de San José por encima de los artículos constitucionales que, según ellos, vulneran el derecho humano del Presidente a ser reelegido de manera indefinida. 


En una interpretación sui generis. el Tribunal Constitucional mediante SC 0084/2017 decide declarar la Aplicación Preferente del artículo 23 de la Convención Americana y por tanto la inaplicabilidad del artículo 168 de la CPE, facultando de esta manera al presidente Evo Morales y al vicepresidente Álvaro García a repostularse para las elecciones del año 2019.


Romper las reglas  del juego democrático con el argumento del “derecho humano a reelegirse indefinidamente” es irrisorio porque el fundamento del artículo 23 de la CIDH está pensado para defenderse del arbitrio del gobernante, y muy cínico al violentar el derecho de los otros a alternar en el poder.


Pero este cuento del derecho humano a reelegirse indefinidamente no logra convencer a la ciudadanía que se resiste a aceptar la violación del artículo 168 de la CPE que reconoce la reelección por una sola vez de manera continua y tampoco los deja tranquilos el desconocimiento de la voluntad popular expresada en el referendo vinculante del 21F que le dijo No a la reelección indefinida. 


La “arrogancia revolucionaria” del MAS adopta en la figura del Presidente un desprecio por las instituciones democráticas y un arbitrario estiramiento de los poderes constitucionales cohonestados por magistrados complacientes. 


Al firmar el Tribunal Constitucional Plurinacional la sentencia 0084/2017 provoca un desastre sin límites en el control de constitucionalidad, da lugar a gobiernos forzados, a consecuencias deletéreas para el código político de alternancia gobierno-oposición, a que los poderes presidenciales ya no deriven de la Constitución sino de los abrumadores poderes de los movimientos sociales controlados desde arriba, al debilitamiento de la estabilidad democrática al alterarse el sistema de frenos y contrapesos al poder, a la ruptura del orden constitucional con una reelección indefinida sujeta a los caprichos del jefe máximo y, al fomento de un torpe patronazgo y clientelismo en el Órgano de Control Constitucional.


La crítica de Juan Linz al presidencialismo sostenía que “el ganador se lleva todo”, pero dado que los autoritarismos competitivos no se contentan con un segundo mandato ha surgido la figura del presidente “mal perdededor”; como dice el politólogo Adam Przeworski, la democracia para que funcione bien necesita de buenos perdedores, ser buen perdedor significa no romper las reglas del juego democrático cuando se es derrotado, aceptar los resultados de las urnas aunque no les guste y, que el gobernante sea creíble cumpliendo con lo que dice y con lo que promete. 


A estas alturas dos son los problemas, primero, la imagen del presidente Evo Morales como un mal perdedor y,  segundo el de un Tribunal Constitucional atado a la metafísica de los derechos humanos y a su incapacidad de ponerle límites a la avidez de poder. El garante de la constitucionalidad se ha disuelto y se pone al lobo a guardar las ovejas provocando un sentimiento ciudadano de impotencia que bien puede resumirse en la siguiente frase “los de arriba hacen lo que quieren”.

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